Ellas también sostienen el vino de Jerez: del estereotipo de azafata a una generación que reclama su sitio

Guías, responsables de enoturismo y técnicas relatan a lavozdelsur.es su experiencia en un sector históricamente masculino: "Nos sentimos valoradas, pero todavía hay que demostrar más"

Águeda Caputto, Aurora Muñoz y Beatriz Gutiérrez, mujeres al frente del vino de Jerez.
02 de mayo de 2026 a las 08:04h

El vino de Jerez forma parte del paisaje cotidiano. Está en las casas, en las reuniones familiares, en la memoria colectiva de una ciudad que ha crecido en torno a sus bodegas. Sin embargo, durante décadas, el relato público de ese mundo ha tenido una mirada parcial. La presencia de la mujer ha existido, pero no siempre ha sido visible ni reconocida en los espacios de decisión o de discurso.

En los últimos años, esa realidad empieza a cambiar. No de forma abrupta, sino progresiva, casi silenciosa. Mujeres que ya estaban dentro del sector comienzan a ocupar posiciones más visibles y a construir un relato propio sobre el vino. Lo hacen desde distintos ámbitos, pero especialmente desde el enoturismo, uno de los grandes escaparates del Marco de Jerez.

"Creo que ahora la mujer está mucho más presente y en muchos ámbitos diferentes", explica Aurora Muñoz, guía especializada en patrimonio y cultura del vino, a lavozdelsur.es. Su mirada no parte de la confrontación, sino del análisis de una evolución. Un proceso que ha sido posible gracias al trabajo previo de muchas otras.

De lo cotidiano a la vocación: crecer entre vino sin saberlo

En Jerez, la relación con el vino rara vez empieza en la edad adulta. Es algo que se respira desde pequeña escala, sin necesidad de formación previa. "Yo tenía contacto con el vino desde pequeña, como mucha gente aquí, pero de forma inconsciente", recuerda Aurora. El vínculo estaba en casa, en reuniones familiares, en ese entorno donde el vino forma parte de lo normal.

El punto de inflexión llega más tarde, cuando ese contacto se transforma en interés real. En su caso, fue a través de una formación del Consejo Regulador. "Ahí me reencontré con aromas, con conceptos que me despertaron algo", explica. Ese momento marca el paso de lo cotidiano a lo profesional.

Un proceso similar vive Beatriz Gutiérrez, hoy responsable de enoturismo en Gago&Co. Barrels Wines. "En mi casa la cultura del vino siempre ha sido sagrada", señala. Sin embargo, no tenía claro su camino hasta que una visita lo cambió todo. "Fue como abrir una puerta", resume.

Las mujeres, cada vez más presentes en el mundo vitivinícola jerezano.  JUAN CARLOS TORO

Referentes que generan referentes

Aquella visita que marcó a Beatriz no fue casual. La persona que guiaba el recorrido era Aurora. Un detalle que ilustra cómo la presencia femenina no solo ocupa espacios, sino que también genera nuevas vocaciones.

"Pensé: yo de mayor quiero ser como ella", recuerda Beatriz. Una frase que resume la importancia de los referentes visibles. No se trata solo de estar, sino de ser percibidas como una opción real dentro del sector. Aurora recibe ese reconocimiento con cierta distancia. "Me parece demasiado, no me veo como alguien que inspire tanto", admite entre risas, abrumada por la situación. Aun así, asume el valor de esa influencia. "Si puedo ayudar a que otras personas se acerquen a este mundo, me parece algo muy positivo".

Las tres entrevistadas tienen algo más que el vino en común: su referencia en el mundo del vino fue una mujer. En el caso de Aurora Muñoz, menciona a Pilar Pla Pechovierto, bodeguera de El Maestro Sierra desde 1976, que abrió camino en este sector que, hasta entonces, era exclusivamente masculino en Jerez. 

El enoturismo y el peso de una imagen heredada

El enoturismo ha sido uno de los principales puntos de entrada de la mujer en el sector. Sin embargo, ese espacio ha estado condicionado por una imagen concreta durante años. "La figura de la guía estaba muy asociada a la azafata", explica Aurora.

No se trata de una imposición explícita, sino de una construcción histórica. La mujer como rostro visible, pero no necesariamente como voz autorizada. "Se daba por hecho que la mujer acompañaba, pero que el conocimiento lo tenía otro perfil", añade.

Elisabeth sirviendo una copa en Albariza en las venas. MANU GARCÍA

Esa percepción ha generado situaciones en las que muchas profesionales han tenido que demostrar constantemente su preparación. No por falta de formación, sino por una expectativa previa que las situaba en un segundo plano.

Demostrar lo evidente: un examen constante

"Yo no tengo que demostrarte todo lo que sé para que me des el aprobado". La frase de Beatriz resume una sensación compartida. La de enfrentarse a visitantes que ponen en duda su conocimiento desde el inicio.

No siempre es una confrontación directa. A menudo se manifiesta en forma de preguntas técnicas encadenadas, de una actitud evaluadora que no se aplica de la misma manera a sus compañeros hombres. "Parece que vienen a ponerte a prueba", explica.

Águeda, Aurora y Beatriz, posando para lavozdelsur.es. JUAN CARLOS TORO

En el caso de Águeda Caputto, la experiencia ha sido más explícita en algunos momentos. "Me han llegado a decir: '¿Tú qué vas a saber si eres una mujer y con lo joven que eres?'", relata. Comentarios que, aunque no sean constantes, evidencian que ciertos prejuicios siguen presentes.

Edad y género: una doble barrera

A ese cuestionamiento se suma otro factor: la edad. Ser joven en un sector tradicional puede generar desconfianza, pero cuando se combina con ser mujer, el efecto se multiplica. "No sé si es por ser mujer o por ser joven, pero creo que las dos cosas se alimentan", explica Águeda. La percepción inicial de falta de experiencia obliga a reforzar constantemente el discurso.

Sin embargo, esa barrera se diluye con el tiempo. "Cuando tienes más seguridad y hablas con claridad, la percepción cambia", añade. La experiencia y la profesionalización terminan imponiéndose, aunque el punto de partida no sea el mismo para todos.

Más allá de las dudas sobre la capacidad, existen otros estereotipos ligados a la cultura del vino. Algunos se presentan como bromas, pero reflejan una visión reducida del papel de la mujer. Desde la idea de que ciertos vinos son "para mujeres" hasta creencias sin fundamento sobre su relación con el trabajo en bodega. "Son comentarios que siguen apareciendo y que sorprenden", explica Beatriz.

También persisten frases heredadas de otra época. Referencias a qué deben o no deben consumir las mujeres o incluso cuestionamientos sobre su presencia en determinados espacios. Elementos que, aunque cada vez menos frecuentes, siguen formando parte del imaginario.

Bodega la Mezquita de Fundador.

Un sector que cambia desde dentro

A pesar de estas situaciones, el tono general no es de confrontación. Las tres coinciden en que el sector ha evolucionado y que el cambio es tangible. "Este tipo de comentarios no es algo que me haya marcado", insiste Aurora. La profesionalización del enoturismo ha contribuido a ese cambio. Un público más interesado en el producto y menos centrado en lo superficial ha elevado el nivel de exigencia y, con ello, el reconocimiento a quienes lo explican.

"Cuando la gente viene a aprender, la actitud es distinta", señala Águeda. Ese cambio de perfil ha reducido el peso de los prejuicios y ha reforzado el valor del conocimiento. El aumento de la presencia femenina es evidente, pero no siempre se traduce en liderazgo, al menos en Jerez. "Vemos muchas mujeres trabajando, pero no tantas al frente, aunque sí más en Jerez que en el resto de España", apunta Águeda. "Aquí es más normal, pero fuera choca mucho", coincide Beatriz

En muchas bodegas, las mujeres están en áreas visibles como el enoturismo o la comunicación, pero menos en puestos de decisión. Una realidad que empieza a cuestionarse desde dentro del propio sector. Caputto lo plantea en términos claros: "En un mundo que ha sido siempre masculino, ahora muchas de las que contamos el vino somos mujeres". El siguiente paso es que también lo dirijan en mayor medida.

Conciliación: el reto que sigue pendiente

Más allá del reconocimiento profesional, hay un desafío estructural que sigue presente: la conciliación. Especialmente en un sector con horarios complejos y alta actividad en fines de semana. "Ver a mujeres que compaginan su carrera con la maternidad es muy inspirador", señala Aurora. No tanto por una cuestión simbólica, sino por la dificultad real que implica.

Este sigue siendo uno de los principales puntos de mejora. La igualdad no se limita al acceso, sino a las condiciones en las que se desarrolla la trayectoria profesional. El balance que hacen es, en general, positivo. "Me siento a gusto y valorada", resume Águeda. Una percepción compartida que refleja el avance del sector en los últimos años.

Jerez, la ciudad donde la mujer sí tiene su lugar en el mundo del vino. JUAN CARLOS TORO

Sin embargo, también hay espacio para la autocrítica. Incluso dentro del propio colectivo. Beatriz recuerda cómo uno de los pocos comentarios negativos que recibió en redes vino de otra mujer. "A veces también nos ponemos obstáculos entre nosotras", reconoce. Una reflexión que introduce una dimensión interna en el debate sobre igualdad.

El futuro: consolidar lo conseguido

El camino recorrido es evidente, pero el proceso no está cerrado. La nueva generación llega con formación, experiencia y una visión más amplia del sector. "Cada vez hay más mujeres estudiando enología", apunta Muñoz. El reto es que esa presencia se traduzca en mayor visibilidad y liderazgo dentro de las bodegas.

Mientras tanto, el trabajo continúa. En cada visita, en cada explicación, en cada copa. Ellas forman parte de ese relato que durante años no se contó del todo. Y ahora, poco a poco, empieza a ocupar el espacio que le corresponde.

Sobre el autor

Míriam Bocanegra

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