Vallesequillo, con cerca de 2.000 habitantes, se erige en la década de los 60, sobre "una finca con árboles frutales", con bloques residenciales que acoge a empleados de la autopista y a "maños" de la azucarera.

La avenida de Vallesequillo no duerme. Una pareja de mujeres toma entre cigarros el primer cafelito del día, otras andan arriba y abajo cargadas de bolsas de los mandados, y algunos ancianos descansan en los bancos de la calle principal, justo detrás de una parada de autobús. José Pérez Villalba es uno de ellos, tiene 76 años y vive en el barrio desde 1964, década en la que se construye el barrio. ¿Qué era antes Vallesequillo? "Esto era un descampao y allí había una alberca", comenta José mientras señala hacia delante. A su lado está Francisco Muñoz, jerezano de 87 que porta bastón y luce boina. Ambos se enzarzan en una debate sobre el origen del barrio mientras que Dolores Hierro, de 86 años, llega del brazo de su hija, Manuela Castillo. "Esto era un valle, un valle muy seco y con una casita al lado del puente. Eso es lo único que había antes aquí", contesta Dolores. 

"Antiguamente esto era una huerta y había una finca con árboles frutales de almendros, granados..."

"Antiguamente esto era una huerta y había una finca con árboles frutales de almendros, granados...", recuerda Alberto Cuesta, dueño de la antigua Alimentación Alberto —actual Covirán del barrio—. Muchos evocan una leve imagen de lo que era el terreno antes de ser edificado. Otra de las vecinas añade que solamente había una casa y que esta se encontraba donde a día de hoy se ubica el parque de Vallesequillo. "La casa estaba enfrente de la Venta de Los Negros, allí vivían unos herreros, la familia de los Olmedo. Ellos hacían cuadros, cristos... dominaban la forja", comparte Dolores López, jerezana de 66 años que lleva más de 37 en el barrio. Recuerda que al lado de la casa había un puente por donde pasaban las vías del tren y también menciona que anteriormente las plazas eran de tierra y que había columpios en ellas. "No las cambian hasta 1986", añade. ¿Qué gente llega a los primeros bloques? "Esto era un barrio residencial, de gente pudiente. En un principio en los pisos había porteros", declara una de las vecinas que pasea a su padre en su silla de ruedas. Algunos vecinos también destacan la evolución del barrio en sí. Cuentan que en primera instancia crean los bloques del uno al ocho, es decir, crean los edificios de un lado de la avenida. Luego, la "segunda fase" —como ellos lo llaman— llega en la década de los 70, cuando se produce una ampliación del vecindario desde el bloque nueve hasta el 22.

"Hay que separar la parte de Vallesequillo con San Eloy y Los Maños. No es lo mismo", comenta Dolores López al rato que reitera que no quiere fotos. San Eloy es la parte más cercana a Estancia Barrera y Los Maños son los bloques salmón más próximos a Madre de Dios que están justo detrás del campo de fútbol y del centro de barrio de la Asociación de Vecinos Al Andalus. ¿Por qué Los Maños? "Los llamamos así porque esos pisos se crearon para la gente que trabajaba en la azucarera y todos eran de Zaragoza", explica una vecina. Dicen que el barrio sufre una transformación en sus primeros años. Si bien comienza siendo un lugar residencial, luego pasa a ser "un barrio de trabajadores"; gente de la azucarera, de Renfe, de las bodegas y muchos que trabajan construyendo la autopista. "Hubo gente que se fue porque empezó a ver cómo Vallesequillo se convirtió en un barrio de clase media-baja, de trabajadores", expresa Manuela Castillo. "Esto es un barrio de buena gente", espeta uno de los vecinos que se arremolina durante la entrevista.

Los bloques blancos y grises, los que conforman la barriada de Vallesequillo, albergan cerca de 2.000 habitantes del Distrito Centro. Un enclave que muchos agradecen. "Lo mejor del barrio es la ubicación, el centro está muy cerca, la estación de trenes la tenemos ahí al lado y también solemos ir a la feria andando", comenta Esther González, gallega que reside en el barrio desde hace 20 años: "Me enamoré de Jerez y de uno que vivía aquí, en Vallesequillo". Desayuna cada mañana en Los Mellis o en cualquier rincón del centro. Ella destaca lo bien comunicada que está la barriada y la cantidad de comercios y establecimientos que se encuentran en los bajos. Su localización y el abastecimiento de bienes básicos logra que el barrio, por mucha población envejecida que haya, tenga vida a cualquier hora del día.En el barrio se conocen prácticamente todos. Es bastante familiar escuchar los nombres de cada uno cuando entran en algún negocio o cuando simplemente pasean. En el ratito que Alberto Cuesta corta jamón, tres o cuatro personas se acercan a su mostrador a darle los buenos días. Es un no parar. Dice que lleva en el barrio "desde toda la vida", pero que no vive en él porque "vivir al lado del comercio es anticomercial". Alberto cuenta que su comercio, el bar de la esquina —propiedad de Juana y Juan en los primeros años—, una confitería pequeña, una tintorería, otra tienda de alimentación —donde ahora se encuentran Los Mellis— y una antigua Caja de Ahorros de Jerez, son los primeros comercios y establecimientos del barrio. A día de hoy hay una pescadería, una pastelería y panadería, una papelería... "Hay de todo aquí, ¿para qué ir al centro?", expresa una de las vecinas.

Muchos dicen que el vecindario ha evolucionado a mejor, como resalta Dolores López: "Ahora estamos bien abastecidos". Otros resaltan que ha ido a peor, que el barrio está más sucio y envejecido. Por ello, las vallas de los espacios ajardinados están repletas de carteles que ruegan "no lanzar basura" y se pide recoger las heces de los perros. "Eso es lo peor y no por los animalitos, sino por los dueños que son los sucios y los culpables", destaca Dolores. 

La sexagenaria también reclama una mejora de las aceras: "Vinieron a arreglarlas, pero pusieron mal una losa y ya se han caído algunas personas mayores". La mayoría de los viandantes son ancianos, "la población ha envejecido mucho y no se ven apenas chiquillos por el vecindario". "Ahora están con las maquinitas", manifiesta uno de los vecinos. Los carteles de "prohibido jugar a la pelota" tampoco contribuyen a que los niños se animen a bajar. No obstante, Dolores dice que esas palabras no impiden que bajen a jugar, además de que tienen el parque cerca. "No solo les viene bien a ellos, nosotros también lo aprovechamos para hacer gimnasia", declara entre risas. Vallesequillo guarda un ambiente especial y sigue siendo residencia de trabajadores y de "buena gente". 

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