El Titanic: la barriada que naufraga por el paro y la marginación

El bloque conocido como el 'Titanic', lugar donde la Junta ha anunciado una inversión de 300.000 euros.   FOTO: JUAN CARLOS TORO
El bloque conocido como el 'Titanic', lugar donde la Junta ha anunciado una inversión de 300.000 euros. FOTO: JUAN CARLOS TORO

En la plaza Luis de Parada niegan el triste estigma de lugar peligroso y conflictivo, mientras piden a los políticos una mayor atención: "No nos sentimos ni de Jerez".

El Titanic se despierta tarde. Pasan las nueve y media de la mañana y muchos de sus habitantes todavía duermen. La noche ha sido larga porque en estos días de verano apetece estar en la calle tomando el aire hasta bien entrada la madrugada. De todas maneras, desgraciadamente aquí nadie tiene que levantarse temprano para ir a fichar a la oficina. En esa inmensa mole de hormigón y ladrillo que levantara la Junta de Andalucía hace dos décadas, el paro asola a la práctica totalidad de sus 300 vecinos, que intentan ganarse la vida como medianamente pueden.

Hablar de la plaza Luis de Parada es hacerlo de uno de los grandes guetos de Jerez. “Parece que quieren traer todo lo malo aquí, al boquete, para tenerlo controlado”, dice Raquel, 26 años, 16 de ellos en el barrio, mientras pasea a su hija pequeña. Vive de okupa en un piso donde tiene enganchada la luz y el agua, como otros muchos de sus vecinos. Hasta hace unas semanas trabajaba limpiando en una casa, pero falleció la inquilina y desde entonces está parada, aunque los fines de semana gana unos eurillos en el rastrillo de la Alameda Vieja. Su pareja, mientras, intenta ganarse la vida “con lo que le va saliendo”. Y ese “lo que va saliendo” es la tónica general del Titanic. Trabajos de temporada que dan para comer. Poco más. Ahora en verano muchos recorren las playas vendiendo dulces, refrescos o mojitos o se van a coger coquinas a Barbate. Ahora en unos días otros harán la vendimia o como Francisco Gutiérrez, se la jugarán en fincas de Sevilla robando aceitunas para venderlas luego en la Plaza. “Esto es lo que nos queda. Si no nos dan trabajo tenemos que hacer lo que sea, y si me tengo que jugar que me peguen un tiro o me suelten a los perros, me la juego”. Francisco tiene tres hijos, dos de ellos varones, de 16 y 20 años. Critica que al primero, que quería hacer una FP, le han dejado sin plaza en el instituto. “Si no les dejan estudiar ¿cómo van a encontrar un trabajo, qué futuro van a tener?”. Sabe de lo que habla. Él ha pasado por prisión y teme que sus hijos puedan ser, el día de mañana, carne de presidio. “Ellos ya tienen una edad en la que les gusta salir, la ropa, y eso hace buscar el dinero fácil”.

En la zona Sur de Jerez la tasa de paro roza el 60%. La gran mayoría de sus habitantes ya no cobra prestación alguna y sobrevive gracias a las ayudas sociales y a instituciones como Cáritas. “Esto es un bucle. Nos levantamos, nos sentamos, vemos si sale algún curso en El Zagal, salimos a la calle a intentar ganarnos algo y así todos los días”. Lo cuenta Pepe, otro vecino, que recuerda que hace años hubo un proyecto para personas en riesgo de exclusión social para arreglar la barriada, pero nunca salió adelante. “Se comieron el dinero”. Luego lamenta el estigma que supone ser vecino de Luis de Parada. “Cuando te llaman de una entrevista y te preguntan de dónde eres la respuesta es inmediata: ya te llamaremos. Estamos marginados. No nos sentimos ni de Jerez”.La conversación con Pepe se desarrolla en las desgastadas escaleras de acceso a los bloques. Está claro que por aquí se hacen pocas obras de mejora. De las últimas, unas canalizaciones de aguas fecales que dejaban enormes y pestilentes charcos, aunque el mal olor en según qué partes de la barriada sigue persistiendo. “Las pocetillas… Hasta que la mierda no llega hasta arriba no vienen a desatascar”, nos dicen. Da incluso la sensación de que la obra exterior de los edificios no se llegó a terminar, viendo su basto acabado. También vemos una veintena de alcorques que nunca han acogido árboles, pero que actualmente son una trampa para despistados –“cada dos por tres hay alguien en el suelo”- además de ser improvisadas papeleras, teniendo en cuenta de que no hay ni una en toda la plaza. “Aquí pasa el barrendero una vez a la semana”, critica un grupo de vecinas. Efectivamente, los alcorques están llenos de latas, papeles y colillas. El suelo también presenta enormes manchas. “Si a mi hija se le cae el chupete directamente lo tiro, esto es un foco de infecciones”, afirma Jessica, otra ‘pasajera’ del Titanic. “Aquí cada cual se limpia su puerta, porque si no la porquería nos llegaba hasta las rodillas”. Las ratas, las cucarachas y los murciélagos son otros compañeros de viaje en los bloques. “Aquí solo han fumigado una vez, y no se podía salir de cómo estaba todo de cucarachas muertas”.

En la barriada se nota gran sensación de hastío. Juan Antonio, asomado desde el balcón de un primer piso, es la viva imagen de esa tristeza. Lleva 18 años en su vivienda de protección oficial. “Lo mejor del barrio es de puertas para dentro de mi casa. Qué ilusión puedo tener yo de salir a la calle y ver lo que hay aquí”, sentencia de manera rotunda. ¿Tan mal está esto?, le preguntamos. Desde su punto de vista, el problema es que el Ayuntamiento sólo crea viviendas sociales en la zona Sur. "Aquí viene todo el mundo. Los mandan a todos aquí, no a la zona Norte o a la zona Oeste, aquí, y encima nos critican y nos dicen que somos los indígenas de la zona Sur. ¡Hombre por favor, que somos personas!".Nos llaman del bloque cuatro. En un bajo, entre dos viviendas, abren un cuadro telefónico tapado con una madera. “Por aquí salen ratas como conejos. Y cucarachas. Tú te crees que esto es normal, habiendo tantos niños como hay?”. El Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta de Andalucía señala en su informe Razones de mortalidad por secciones censales que los habitantes de esta zona de Jerez tienen un 61% más de probabilidades de fallecer que la media andaluza. Viendo lo que vemos no nos extraña. Lo peor lo encontramos en la azotea, donde hay una tubería por la que se escapa gas desde hace meses. Los vecinos están hartos de llamar a la compañía suministradora sin que les hagan caso, así que se ven obligados a manipular ellos el cable para evitar que salga más o menos. “Cualquier día salimos por los aires”, dice Jessica, que vive justo en la última planta del bloque.

“Aquí somos gente pobre, humilde, pero con educación y vergüenza. Lo que hace falta es trabajo, pero si no se lo dan, sus hijos tienen que comer de algo”, pregona otra vecina al preguntarle su opinión sobre la mala imagen que tiene la barriada en Jerez y la fama que se ha creado de lugar conflictivo y donde la droga circula como quiere. “Si hubiera tanta droga viviríamos en el lujo”, responde otra. “Aquí la gente va a buscarse la vida como se puede”, sentencia la primera para cerrar el debate. Lo que sí es realmente cierto es que los políticos se pasan poco por la barriada. “Ojú, el último yo creo que fue Pacheco… O Pilar”, duda Paqui, de 59 años. Y añade. “Y mira, para que luego digan. Los que están en la cárcel son ellos dos…”. Otro vecino, Bernardo, aprovecha nuestra cámara para lanzarle un mensaje a la alcaldesa: “Solo pedimos un puesto de trabajo digno. Llevamos mucho tiempo parados y estamos cansados de buscarnos la vida en la playa o buscando chatarra”.

Sobre el autor:

Jorge Miró

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