El Rápido Alemán, las cuatro generaciones de zapateros que siguen con encargos "de hoy a mañana"

La familia Almueldo fundó el establecimiento en 1931, que comenzó en calle Santa María y prosiguió en calle Arcos. "Vinieron de Sevilla porque Jerez era una ciudad rica, con trabajo". Hoy se adaptan a los nuevos tiempos, esos del 'usar y tirar'

Mari Carmen García, Antonio Almuedo y Samuel Almuedo, en el interior de El Rápido Alemán. FOTO: MANU GARCÍA
Mari Carmen García, Antonio Almuedo y Samuel Almuedo, en el interior de El Rápido Alemán. FOTO: MANU GARCÍA

La familia Almueldo llegó de Sevilla a Jerez en años convulsos, en el surgimiento de la Segunda República. Lo fundó el bisabuelo del Samuel Almuedo, actual propietario y único trabajador de El Rápido Alemán, un clásico del remiendo de zapatos en Jerez, especializados en la resolución del trabajo de "hoy para mañana". Hace una década se jubiló definitivamente del negocio su padre, Antonio Almuedo, nieto del fundador. Hace tres, su madre, toda la vida en el mostrador, Mari Carmen García. Habla Antonio: "Mi padre y mi abuelo conocieron a un alemán en Sevilla que les quería vender una máquina para arreglar zapatos. Mi abuelo dijo que él no iba a saber usarla, pero el alemán les dijo que sí, que él enseñaba a él y a sus dos hijos. Fueron a Hamburgo a por ellas porque en España entonces no se fabricaban estas máquinas".

Aquella primera máquina comenzó a funcionar con éxito. Sin embargo, en el año 31 había tensión en las calles. "La República", que explica que provocaba continuas huelgas, piquetes... "En el cartel pone que nació en 1932, pero primero estuvo en Sevilla. Luego, en Jerez, y decía la mujer de la fonda en la que se quedaron mi abuelo y mi padre en la Cruz Vieja, que el Rápido Alemán abrió el uno de enero de 1931, no en 1932". Desde entonces han pasado más de 32.000 días. si se restan festivos, pongamos, ¿25.000? A una media de 20 encargos diarios -en los buenos tiempos, serían más-, pongamos 500.000. Y por lo general se arreglan los pares completos. Un millón tirando por lo bajo.

Dudas sobre la fecha y matemáticas aparte, lo cierto es que ambos migraron a Jerez porque les contaron que era una tierra próspera, donde había trabajo y riqueza, de "bodegas, tonelería, fábricas de botellas, litografías, cartonaje... Jerez era una ciudad rica, tranquila, y decidieron venirse". Les fue bien, para vivir cómodos. La primera ubicación fue en calle Santa María, en la misma acera del Gallo Azul. Luego, tras tres décadas, en calle Arcos, pero en un local frente al actual, hasta llegar al actual número 14. Por aquí han pasado los pies de "medio Jerez, porque hablar de todo Jerez sería mucho". Y todo cambia. "Aquí venían mucho del teatro Villamarta, muchos actores, hemos arreglado los monos en las motos...", cuenta Mari Carmen. El de el Rápido Alemán es un tiempo de rechazo del usar y tirar actual. Lamenta Antonio que falta poder adquisitivo hoy en día. "Antes salías un día de Corpus y estaba la gente con sus trajes de verano, sus zapatos, bien arreglados".

El taller del establecimiento. FOTO: MANU GARCÍA

Hoy rechaza esas punteras de plástico, esas modas. Su hijo, Samuel, no solo ahondó en los remiendos de zapatos, de dejarlos como nuevos, sino también en crear los suyos propios. Estudio administrativo, pero los primeros achaques de su padre le hicieron dedicarse cada vez más a la tienda, hasta enamorarse de sus zapatos y crear sus propios zapatos. Su historia es parecida a la de su padre. "Yo comencé en una bodega en la calle Clavel como administrativo. Tenía 15 años y sabía escribir a máquina. Mi padre y mi abuelo me decían que viniera a trabajar aquí, pero yo estaba muy bien en la bodega". A los 21 años, finalmente, se metió de lleno en el negocio, pues su padre falleció joven. Han sido casi 50 años entre zapatos. "No se podía entrar, aquí hacían falta cinco personas trabajando, había colas para arreglar zapatos", dice la matriarca. "Él entraba a las siete de la mañana y se iba a las tantas. No comía en casa. Él trabajó muchísimo, y también tuvimos la suerte de tener unos trabajadores que lucharon mucho con nosotros".

El patriarca lo reconoce. Porque había faena. "Aquí no se arreglaban bolsos porque no había forma de hacerlo, había mucho que hacer". Han pasado muchas máquinas por el establecimiento, con un pequeño sótano incluso de jornadas sin parar. "Antes había zapateros que arreglaban a las dos semanas, nosotros fuimos los que arreglábamos de un día para otro, y con la precisión de los alemanes. Ya luego, se puso de moda eso del rápido, y había un rápido español, un rápido americano", dice Samuel. "Pero nosotros teníamos que arreglábamos de un día para otro".

Hoy, el Rápido Alemán ha evolucionado. Con la curiosidad de las llaves, porque muchas zapaterías clásicas han añadido el copiado a sus negocios. "Nosotros lo pusimos porque venía gente a preguntar. No, mire, nosotros hacemos zapatos, no llaves. Y de tanto preguntar, pues lo acabamos poniendo, pero no sé, no tiene nada que ver", bromea Samuel. Y de cinco personas arreglando, se pasó a que Samuel hiciera sus propios diseños ante la falta de mano de obra. Todo lo mataron las cadenas de ropa. "A mí me gustaría saber, si hay economistas en el Ayuntamiento, por qué una ciudad como Jerez tiene tantos centros comerciales a las afueras. Hubo tres y eso está bien, pero no como ahora, eso se cargó el centro de Jerez. Yo he conocido esta calle llena, con negocios de toda la vida, llena de árboles y de gente", indica Antonio.

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Entre los clientes de toda la vida, hay famosos, claro. Desde Bertín Osborne hasta García-Pelayo o Pacheco, "que también vino alguna vez". También muchos de esos actores del Villamarta que quizás necesitaban un zapato para una función de tarde, y hasta bailaores que necesitaban arreglos para dar su compás. La clave está en encontrar en una ciudad azotada por la crisis de las bodegas desde los 80 y llena de tiendas de consumismo a personas dispuestas a tener zapatos que duren toda la vida. "Los zapatos tiene que ser buenos, son muy importantes para la salud de una persona", dice María del Carmen. "Unos zapatos para toda la vida". Quizás alguno quede de cuando abrieron en el año 31. Aunque no todo es su mano. "Los materiales, que eso es lo importante para que duren". El material en el que está hecho el Rápido Alemán, visto que se va acercando al siglo, parece de los muy buenos. De los que más en una calle Arcos de Jerez llena de negocios que se van apagando.

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