El enorme Bibendum que corona la entrada a Jerez desde la AP4, con dos toneladas y 7 metros de altura, cumple nueve años, a falta de doce meses para que expire el contrato con la firma francesa por el que se condonó una deuda municipal.

El enorme Bibendum que corona la entrada a Jerez desde la AP4, con dos toneladas y 7 metros de altura, cumple este mes nueve años instalado en una de las consideradas como las rotondas más feas de España. Quedan doce meses para que expire el contrato con Michelin a cambio de condonar una deuda municipal. ¿De dónde procede esa deuda? Una orden judicial obligaba al Consistorio, entonces gobernado en solitario por la socialista Pilar Sánchez, a saldar una deuda con la firma francesa Michelin por un dinero que esta puso para respaldar el que iba a ser el parque temático del motor Speed Festival. Una megalomanía de Pedro Pacheco que, como otras, acabó en nada. Michelin, que puso 300.000 euros, no encontró compensación por este desembolso, por lo que tuvo que conformarse con una solución intermedia ante una administración local en bancarrota. La solución precisamente pasaba por instalar el icono de la marca de neumáticos en uno de los acceso principales de la ciudad. Pero no de cualquier forma. La efigie, que se sitúa en una rotonda cedida por el Ayuntamiento, cuenta con una altura de 6,75 metros que, una vez situada sobre su peana, alcanza los 9,25. Es obra del escultor madrileño Gonzalo Martín quien dio forma a cada uno de los bloques de poli-estireno que representan las diversas partes de la emblemática figura.

El acuerdo se pactó por diez años y ese convenio expira prácticamente dentro de un año. ¿Qué hará ahora el actual gobierno municipal? ¿Apostará por dar continuidad al monumento obligado? ¿Renovará el acuerdo, sacará más tajada por tamaña acción promocional para Michelin? ¿La ciudadanía protestará si se retira el coloso de los neumáticos? Pese al despropósito, el imaginario colectivo de los jerezanos se ha habituado a la rotonda y, de hecho, es conocida por todos como rotonda de Michelin. Diez años después de aquella decisión, que no estuvo exenta de polémica, es evidente que la escultura se ha integrado en el paisaje cotidiano de la ciudad. Eso, desde luego, no tiene nada que ver con que tenga que seguir ad eternum.  

En la realización de esta impresionante figura, como en su día informaron desde el gabinete de prensa del Consistorio, participó un equipo de 30 personas, repartidas en distintas fases de creación: proyecto de ingeniería, modelado, forrado del modelo base con fibra de vidrio y poliéster, lijado, reforzado de la estructura con un entramado de vigas, pintado, transporte e instalación… En total, se necesitaron para su construcción 80 días de trabajo que dieron como fruto una escultura singular que pesa 2.381 kilos y que "no va a pasar desapercibida a los ojos de los jerezanos y de quienes visiten la ciudad". Desde luego, el propósito se consiguió con creces.

Casto Sánchez, entonces primer teniente de alcaldesa, recordaba durante el acto inaugural del monumento que "la zona de Jerez ha sido prolífica durante muchos años en la creación de iconos comerciales casos del icono de Tío Pepe y, ya en El Puerto, del famoso Toro de Osborne; iconos similares a éste que han traspasado las fronteras de su propia marca comercial para convertirse en bienes de interés cultural”. De hecho, en la anterior legislatura, la exalcaldesa Pelayo dedicó una rotonda —monumento incluido— al mítico logo de González Byass. La relación del Ayuntamiento y Michelin viene de lejos y se remonta a la creación en 1985 del propio Circuito de Velocidad, donde una de las 16 curvas que lo conforman lleva el nombre de la enseña gala. Tanto tiempo después, ahora su mítico Bibendum se enfrenta al desahucio. O al menos eso es lo que se pactó hace casi una década. 

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