'Fokitas' es el estilo propio de dibujo de Maky Gassin, una ilustradora y fotógrafa jerezana que se está haciendo un hueco en el mundo del arte con tan solo 24 años. 

Maky Gassin es una de esas personas que nace con arte. No es por su alta gama cromática en el cabello o por los pequeños tatuajes originales pincelados sobre su cuerpo. Es porque le gusta estar en el epicentro cultural, ya sea dibujando o sacando instantáneas. En Jerez, un 13 de marzo del 92 se despegó del vientre de su madre junto a su mellizo Fran. Uno canta en un grupo llamado Polar Bears y Maky –Macarena para su madre–, camina por el mundo de la ilustración, la confección y la fotografía. A los dos hermanos les atraen los animales del Polo Norte. Si bien su hermano se decanta por los osos, ella se erige como foquita; aunque con un toque más suyo, “fokita”. No obstante, su estilo propio como ilustradora no llega hasta que comienza el Bachillerato de Arte. Antes, Maky anda cosiendo telas de fieltro rellenas de algodón para ganarse un dinerillo.

“En Jerez la gente no valora tu mano de obra”

Cuenta que no tenía ni idea de cómo enhebrar una aguja. Durante los veranos en Córdoba se sentaba al lado de su abuela materna e intentaba quedarse con la copla. Dice que ella le intentaba enseñar, pero claro, “yo soy zurda, entonces no sabía cómo explicarme”. Aprendió a base de errores y dedicación. Recuerda que el primer peluche que hizo se lo regaló a su madre: “Era un oso horrible hecho con tela de chándal y con papel por dentro”. Ríe. Su abuela paterna es quien le abastece de telas y la que le enseña a coser a máquina. Comienza en el mundo de la costura -y en el de la fotografía- mucho antes que en la ilustración. Pero confiesa que coser no es lo que más le apasiona. A día de hoy todavía continúa haciendo algún encargo de vez en cuando, pero dice que “en Jerez la gente no valora tu mano de obra”. Ha hecho peluches con cajas a juego, y alguna que otra mochila. Le lleva mucho tiempo, dice que no le merece la pena.Antes de pasar por la casilla de la ilustración, Maky también se detiene en el mundo de la fotografía. Comparte que es una dedicación que nace por su madre, la periodista Isabel Noci. Coge una cámara de vídeo por primera vez con 13 años. Se la regala un primo que conoce en la boda de su tío. “Me prometió que me la mandaría por correo en cuanto volviera a su casa, y eso hizo”. Cuenta que, con la cámara en su poder, graba a su perro, a sus amigos… “Yo ya era la pesada de la cámara”. Ahorrando, gracias a las ventas de sus peluches, con 16 años, consigue comprarse su primera cámara de fotos, una compacta avanzada Fujifilm. Más tarde, cumpliendo los 18, se hace con una Nikon 3100D, una réflex con la que sí puede variar en distancia focal. La cosa avanza. Pero Maky no utilizará su cámara profesional hasta que no curse sus prácticas en los grados superiores. 

Es en Secundaria cuando inicia unas clases de pintura. Prueba óleo y poco más. Con 15 años, al llegar a los cursos más altos de la ESO, decide dejarlo. Sin embargo, ya sabía que iba a crecer en el mundo artístico, es por ello que entra en el Bachillerato de Arte. “Allí ya estoy con gente de mi rollo” y deja que su mente se exprese como quiera, da rienda suelta a su lápiz, aunque sea en los pupitres públicos. En esas mesas verdes es donde empieza a gestarse lo que hoy vende como Fokitas. Sus dibujitos eran un intento de chibi (dibujo manga de una persona pequeña). “Era más bien tirando a eso, lo que pasa es que a mí no se me da del todo bien dibujar manga, entonces era un chibi raro. Siempre han sido cabezones y con las orejas grandes, y también tienen ese tipo de bocas, lo que pasa es que las hacen más pequeñitas y los ojos muy grandes. A mí me salía algo más proporcional”, explica Maky. “Realmente quería hacerlo chibi, pero no me salía”, añade. Y de su intento fallido nace un estilo propio que, incluso, ha sido expuesto al otro lado del charco.

Ella los define como dibujos adorables. Por su resultado “tierno” y por la línea que trazan sus bocas decidió bautizar a su estilo, a su firma, como Fokitas. Al principio le salen “muñecos muy tiesos”, poco a poco van ganando dinamismo y personalidad. Durante el Bachillerato algunos profesores le piden un estilo distinto, que varíe en la técnica. Pero ella, cabezona –como sus fokitas– contesta que es lo que mejor sabe hacer y que es lo que va a seguir haciendo.En 2010 es cuando consolida dicha marca y comienza a utilizar las redes sociales a modo de escaparate para poder vender algo. En seis años ha conseguido hacerse un hueco en la ilustración. Vende retratos a su estilo a gente del extranjero, “sobre todo me piden encargos desde Estados Unidos, aquí no se aprecia la ilustración”. También ha hecho diseños de cartas de San Valentín, pegatinas temáticas como por ejemplo de Halloween, invitaciones de cumpleaños y de boda y ha estado presente en más de una exposición: Brindo por Jerez, 100 años de fútbol en Brasil (en Nueva York) y Androito Comics (en Córdoba).

Una vez terminado el Bachillerato, entra en un ciclo formativo de grado superior de Gráfica Publicitaria y hace sus prácticas en Estamos Grabando. No tiene nada que ver con lo que estudia; comenta que ella lo que quería era trabajar de la ilustración, pero que el mercado es tan pequeño que no hay un espacio de esas características donde hacer prácticas. A unas malas, le sirve para coger soltura en su otro mundo, donde los disparos son a golpe de instantáneas. Lleva el dibujo y la fotografía de manera simultánea. Después, durante un grado superior de Ilustración en Córdoba, entra de prácticas como fotoperiodista en El Día de Córdoba. Y así, crece Maky Gassin detrás del visor de su Nikon. En 2016 quiere continuar con la labor periodística y entra de prácticas en lavozdelsur.es. Estando en este medio, el fotógrafo de bodas José Cáceres da con ella y entra a trabajar como segunda cámara. 

Resalta que en ese primer trimestre también recibe el premio extraordinario de artes plásticas y diseño 2016 a nivel andaluz por su obra de animación Mil grullas, la cual realiza junto a su compañera Jota Vargas en el proyecto final del grado superior de Ilustración. No quiere dejar la fotografía por la ilustración, y viceversa. Actualmente afronta distintos proyectos, ya sea con la cámara o con el lápiz. Maky Gassin está a dos bandas, y confiesa que cree que siempre se va a encontrar así. No le disgusta, al contrario. Disfruta con ambos oficios, sonríe, se divierte y se siente realizada con el trabajo bien hecho. 

Sobre el autor:

Claudia González Romero

Periodista.

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