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No ha podido ser más penosa la semana del tercer aniversario de la toma de posesión de María José García-Pelayo como alcaldesa de Jerez con mayoría absoluta. Entre prometer o jurar, eligió lo segundo, que parece más grave y solemne. Hoy, en cambio, la única valoración, el único balance del camino recorrido desde aquel 11 de junio de 2011, lo ha hecho su lugarteniente Lidia Menacho desde el partido y como habitual agria réplica a una rueda de prensa fijada por el PSOE con este pretexto. En la recta final de la legislatura Pelayo ya no tiene quien le escriba y, lo más preocupante, tiene poco o nada que ofrecer y decir a una ciudad que en muchísimos casos es alimentada en los comedores sociales y por los bancos de alimentos. Una amplia mayoría de jerezanos y jerezanas que, o ha emigrado a buscarse las papas allende nuestras fronteras, o está a verlas venir malviviendo de chapucillas y trabajos precarios y temporales.

La letanía popular es tan amarga y lastimosa que desde la sede del cine Maravillas tienen que vender como logros de estos años haber dado un sablazo a la plantilla de trabajadores municipales con 260 despidos (ilegales, según el TSJA) y haber engordado las cuentas de los bancos con operaciones de dudosa utilidad. Viendo a la postre los balances contables no hay color: no hay estabilidad presupuestaria, la deuda viva ha crecido un 443% y con ella los intereses financieros, la PIE estará embargada al 100% hasta 2024, el agua se ha vendido para los próximos 30 años... Tal es el batiburrillo, la inoperancia y el caos que inunda a este gobierno local que en esa única reseña al cumplirse tres años de legislatura exhiben sin cortarse que la deuda del grupo municipal (Ayuntamiento y empresas municipales) ha pasado de 750 millones en 2008 a 1.013 millones en 2013. Ustedes dirán dónde está el supuesto éxito de esta gestión. Vaya logro.

Pero más allá de relativizar el dato de la deuda, pues ya se sabe que el problema no es tener deudas sino carecer de ingresos para poder pagarlas (y eso tampoco se hace), lo verdaderamente preocupante y grave es la falta de tensión y tono muscular que a once meses de las próximas municipales se observa en nuestros gestores locales. El agarrotamiento y las limitaciones que han terminado por despeñar a un equipo poco preparado (al principio creíamos que era por inexperiencia) y carente de ideas más allá de las que marca la calle Génova en Madrid. Aparte de esperar una ayuda 'de arriba' que nunca llega, ese trato singular, Pelayo tampoco ha tenido tino al rodearse de sus asesores. No es nada nuevo si decimos que ni su jefa de gabinete (y sus ayudantes), ni su 'padre' político, el congresista Romero, han mandado más que ella pero han aportado poco o nada en su día a día. Hay incluso quienes sostienen que más que protegerla la han dinamitado con más veneno y caos al caos.

Ni siquiera un demiúrgico Antonio Saldaña ha servido para dar impulso a su gobierno. Su figura ha ido descafeinándose en lo local a medida que ha ido abarcando obligaciones fuera de Jerez. No puede obviarse que la única crisis de gobierno que ha habido en estos tres años supuso su salida como responsable de Urbanismo casi al año de tomar posesión. Entonces pasó a tener status de 'manos libres' como signo inequívoco de su tremenda (y lícita) ambición política. Rectificaciones continuas por mala planificación, arbitrariedades, vendettas absurdas y estériles, prepotencia, soberbia, falta de diálogo, falsa austeridad... Ni el columnista o analista más casposo y ajeno a la realidad diaria de la ciudad podría pasar por alto alguna de las muchas tropelías cometidas en estos tres años y, al tiempo, ensalzar algo destacable (no ordinario) que se haya puesto en marcha con acierto por el 'ejecutivo' de García-Pelayo.

"Vamos a gobernar para todos, seré la alcaldesa de todos, hayan o no votado al PP. Los jerezanos esperan que gobernemos bien esta ciudad, y eso lo tenemos que hacer entre todos; nunca existirá un buen gobierno sin una buena oposición que construya y aporte, y denuncie lo que tenga que denunciar cuando se cometan errores desde el gobierno". "Quiero que todos los jerezanos participen y que dejemos de lado todo lo que nos separa y nos centremos en trabajar en lo que los une; porque hoy nuestra ciudad atraviesa uno de los peores momentos de su historia". Fueron algunas de las frases, algunas auténticos lugares comunes, que pronunció García-Pelayo en su investidura como alcaldesa en 2011. Conciliadora, cercana, incluyente, dialogante... Insistió: "Ya los motivos de esta situación los conocemos, no hay que explicarlos más, por lo que quiero que cuanto antes pasemos página y comencemos a trabajar en las soluciones; un trabajo en el que no vamos a descansar ni un solo minuto, podremos todo nuestro esfuerzo y empeño".

Hoy, tres años después de aquello, su mano derecha en el partido vuelve a rescatar una vez más el discurso de la herencia recibida para tapar sus vergüenzas, para disimular tanta incompetencia. Ella ya ni se molesta. Esa herencia que no es herencia cuando se habla, por ejemplo, del circuito, del PTA, o de la reapertura de los Claustros y el Museo Arqueológico, pero que sí lo es cuando se es incapaz de sacar a la ciudad adelante con nuevos proyectos, estrategias y participación que den alguna respuesta a 35.000 parados y paradas. "El camino no va a ser fácil, pero sí os garantizo que poquito a poco iremos recorriéndolo para llegar a la meta, que es tener una ciudad mejor y que Jerez recupere el prestigio que tenía como ciudad y que los jerezanos recuperemos el orgullo de ser jerezanos".

Tres años después de aquello, más de 1.095 días, Jerez no está mejor que entonces. Una realidad fácilmente constatable y contrastable con multitud de indicadores en la mano o repasando los servicios que se prestan a los ciudadanos. De nuevo en junio de 2011 y ya visiblemente emocionada, ella es muy de lagrimilla fácil, Pelayo redondeó su intervención de toma de posesión sosteniendo que el jurar su cargo no había sido "un mero acto protocolario". No en vano dijo que había jurado gobernar "con honestidad, transparencia, participación, austeridad". "He jurado decir siempre la verdad y, sobre todo, he jurado hacer siempre lo que prometa". A la vista de estos tres años, juzguen ustedes mismos en qué quedó todo ese juramento y en qué quedaron todas esas promesas.

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