El informático surfero que cumple un sueño en la mejor escuela de programación de Europa

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Juan Macías es informático. Quiso serlo desde que, con once años, tuvo internet en casa. Ahí empezó su interés por el software y el hardware, y empezó a devorar libros, tutoriales, guías… todo de forma autodidacta. “A los 16 años, cuando empecé a trabajar en la hostelería durante más de doce horas diarias, al llegar a casa lo que hacía en lugar de dormir era volver a pasar horas y más horas frente al ordenador”, cuenta este jerezano, que tras años de esfuerzo y dedicación, cuenta que está cumpliendo un sueño: formarse en Ironhack, una empresa que organiza cursos intensivos —bootcamps— de programación y que está entre los mejores de Europa y los cinco primeros del mundo.

Juan es uno de los alumnos de los cursos de programación que la escuela imparte en Madrid, una de las sedes que tiene —además de Barcelona, París, Miami y Ciudad de México—, donde quiso entrar desde que supo de su existencia. Tanto lo deseaba que, aunque Ironhack —junto a Wallapop— ofrecía 90 becas parciales y diez completas para mujeres, este joven jerezano decidió presentar su candidatura. “Les dije que si hacía falta me ponía tetas, peluca e iba al curso en tacones”, relata. La respuesta de la empresa le sorprendió: “Nos han enamorado tus respuestas y la motivación que tienes, por eso queremos conocerte para ver de que manera podemos ayudarte”. Y así, tras una entrevista presencial, fue admitido.

La perseverancia del informático jerezano, que ya estuvo a punto de entrar en la escuela, termina dando sus frutos. “Hace más de dos años apliqué a su curso de programación y, cuando estaba a punto de venir a Madrid, tuve un problema familiar que me hizo tener que dar marcha atrás”. Pero el camino no ha sido fácil. Hasta entonces ha hecho de todo. “Con 18 años —recuerda— encargué 1.000 tarjetas de visita que yo mismo diseñé y luego me fui por toda la ciudad a repartirlas para buscar clientes. Tenía un maletín lleno de herramientas que había comprado ahorrando dinero trabajando como camarero y un pequeño taller en el sótano de mi casa”. “Fui a una tienda de uniformes laborales —continúa— y compré dos polos de color naranja a los que les bordé las palabras InforPro - Juan Macías, que significa Informática Profesional, y luego, cuando aprendí a crear pequeños programas, tenía pensado cambiarle el nombre a Informática y Programación, para así ir haciendo pequeños trabajos”.

Luego fue director del departamento informático de una franquicia de hostelería y fabricación de mobiliario, pero llegó un momento en el que se cansó de “las condiciones laborales de Cádiz”. Por eso vendió casi todas sus pertenencias. “Me quedé con dos maletas con ropa y una mochila con todo lo tecnológico que he ido adquiriendo durante estos años: un ordenador portátil, una tablet, un ratón y el teléfono móvil”. Con ese equipaje llegó a Madrid, donde estudia desarrollo web “a un nivel muy superior al que enseñan en ciclos formativos y universidades”. Allí está encantado y cuenta que “los primeros días, cuando llegué al campus de Ironhack, se me derramaron varias lágrimas de la emoción”.

Juan asegura que tiene muy claro qué hará cuando termine su formación: “A corto plazo quiero encontrar una empresa buena, donde pueda aportar sin límites y aprender lo máximo posible, y donde pueda dar lo mejor de mí en un gran ambiente de trabajo. Y estoy seguro de que la encontraré. La empresa que me ofrezca una oportunidad, se estará llevando un auténtico tesoro”. El jerezano, que se define también como “un verdadero apasionado de los deportes de riesgo y un adicto a la adrenalina”, lo que peor lleva es el hecho de no ver el mar y las olas —también practica surf— y disfrutar más de la naturaleza. Pero destaca que “Madrid es una ciudad increíble, llena de planes, lugares encantadores pero sobre todo, la gente que hay aquí. En apenas unos meses he encontrado una segunda familia que han estado tanto en los buenos momentos como en los malos”.

En la capital piensa estar unos años trabajando. “Quiero buscar una vieja Volkswagen para ir reformándola poco a poco hasta convertirla en una casa. Una vez llegado el momento, echaré a rodar la furgoneta y pienso darle la vuelta al mundo entero viajando, junto con mi tabla de surf y mi ordenador. Aprendiendo de cada cultura, de cada forma de pensar y de viajar, para conocer mundo y abrir la mente”, relata Juan, que tiene un lema de vida: “Sin límites”. “Pienso —añade— que los límites no existen, son mentales, y una mente con ganas es capaz de todo”.

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