El hotel en primera línea de playa que perdieron los trabajadores

residencia_fernando_aramburu
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Pareciera un fantasma. Lo es. Una mole fantasmagórica que se erige en pleno Paseo Marítimo de Cádiz como un recuerdo de lo que fue. A veces ni eso. El abandono de las administraciones ha sido tal, que casi ha calado en el imaginario colectivo de los gaditanos que la Residencia de Tiempo Libre es un estorbo y que mejor que eso, la nada y que mejor que la nada, un hotel de lujo, por qué no. Porque han pasado muchos años desde que un día, la legionella, y la aluminosis según dijeron después, obligó a su cierre. Diez años que son muchos pero pocos para las vidas que tuvo este enclave siempre destinado al ocio de los trabajadores.

¿Suena tan raro esto? ¿Se ha olvidado ya acaso la actividad y riqueza que generaba este enclave? A los gaditanos de la Asamblea San Mateo no y a los establecimientos de los bajos de la Residencia del Tiempo Libre, tampoco. “¿Tú sabes lo que es tener 300 personas cada once días? Pues eso es lo que teníamos antes cuando la Residencia de Tiempo Libre funcionaba a pleno rendimiento”, dicen los empleados de la marisquería Baro que, en contra de lo que pudiera parecer, prefieren al cliente de la Residencia. “No era de lujo pero era más numeroso y se quedaba más en Cádiz. Aquí estamos entre dos hoteles de lujo y no se llenan ni en verano. La Residencia estaba casi todo el año”.

Y es que este edificio de 1976, obra del arquitecto Miguel Martínez de Castilla, además de un “importante valor artístico” tiene “un valor social incontestable”, explica el arquitecto Julio Malo de Molina. Ejemplo de la escuela Team Ten, “es un edificio muy bien resuelto y funcional con un acertado empleo del acero corten en la fachada”. “Está en un buen estado de conversación a pesar del abandono al que lo han sometido”, dice el profesional que hace algo más de un año, realizó una inspección del edificio.

De la aluminosis, nada. “Cerraron el edificio con excusas”. Con la legionella, “es más fácil acabar que con una plaga de insectos por ejemplo” y con respecto a la aluminosis “fue un bulo; no hay ni un papel que lo certifique”. Resulta además que Malo de Molina conoce bien el recorrido que tuvo esta patología en los edificios. “Afectó sobre en Cataluña donde se compró mucho cemento importado de países del Este”. Unos materiales que contenían radicales de aluminios y atacaban a las armaduras. “Hicimos una investigación y en toda Andalucía solo hubo un caso importante, en Almería”. En la provincia de Cádiz, se localizó este material en una pequeña empresa de viguetas de la Sierra pero “sin incidencias”.

Así que de un plumazo, han acabado con la historia de un enclave que, generación tras generación, siempre ha estado vinculado al bienestar y al ocio de los trabajadores. Fue en 1932 cuando se inauguró la piscina municipal que diseñó el arquitecto Enrique Sánchez Esteve. En 1943, el Ayuntamiento de Cádiz sacaba a subasta pública estas instalaciones al no poder sufragar su mantenimiento y la Obra Sindical de Educación y Descanso del Movimiento se hizo con ella. Como recogía aquel año Diario de Cádiz, la intención era “construir un albergue o residencia permanente para los productores que lo deseen”.

Porque en la época de Franco, los trabajadores no eran trabajadores –término muy subversivo- sino productores, según la terminología franquista. Y allí finalmente se construyó una residencia, la de Fernando de Aramburu, que según la Memoria de 1960 de la Residencia de Productores Fernando de Aramburu de la Obra Sindical de Educación y Descanso que guarda el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, tenía una capacidad para 210 productores y 28 para mandos y servicios. En total, 70 habitaciones para los primeros y cinco para éstos últimos.

La memoria recoge con todo lujo de detalles cómo en aquella temporada –que empezó el 30 de mayo y se clausuró el 2 de diciembre- se hicieron excursiones a Algeciras y La Línea por 300 pesetas ida y vuelta; a San Fernando, Chiclana y La Barca y a Jerez y sus bodegas.

En esta residencia, los productores disfrutaron de las actuaciones de las orquestas Tony Zonty, Montemar o Póker, además de la visita del cónsul de Portugal en Cádiz, Emilio Huart al que ofrecieron una fiesta folklórica. También de juegos al aire libre como carreras de sacos, partidos de fútbol o fiestas de disfraces y “fiestas familiares”, ideadas para establecer “vínculos fraternales entre regiones”. En el inventario se recoge hasta el número de juegos de mesa con los que contaba la residencia: cuatro de dominó, tres ajedreces, cuatro barajas de naipes y un cris-cros (un juego de lógica).

En la residencia, los productores y sus familias también podían disfrutar de la lectura en la biblioteca con títulos como Escritos inéditos y epistolarios de J.A. Primo de Rivera, los Reglamentos para las Escuelas Nacionales de Mandos para la Sección Femenina, La historia secreta de la Segunda República, La dominación roja en España, Historia de la Falange y de la J.O.N.S o Al sur. La vergüenza de Gibraltar, entre otros. La biblioteca también tenía sitio para otras temáticas como La vida de los insectos, Costumbres de los insectos, Trabajos manuales caseros; temas costumbristas como el Cancionero musical manchego, el de Zaragoza o Cantos populares de Asturias; artísticos, como las biografías de El Greco o Goya, el Arte Gótico u otras disciplinas que consideraban arte, como El noble arte de la caza. Entre las estanterías también había hueco para clásicos de la literatura española como el Cantar del Mío Cid o La vida es sueño de Calderón de la Barca o para obras como Las cerezas del cementerio de Gabriel Miró.

El factor religioso era omnipresente: desde los crucifijos que coronaban las paredes de habitaciones y zonas comunes, 76 en total, hasta la estancia religiosa que aquel año fue ejercida por el reverendo padre Aramburu, asesor eclesiástico de la CNS de Cádiz y magistral de la capital gaditana. Tal como recoge la Memoria, “ha evacuado y asistido cuantas consultas espirituales le fueron formuladas por los productores y las familias albergadas”.

La historia de la Falange, de la Sección Femenina o escritos de Primero de Rivera eran algunos de los volúmenes de la biblioteca

Como siempre en este país, en aquel año 1960 también hubo dificultades presupuestarias para con este equipamiento que requería, según la Memoria, de una cocina central de tres fuegos, de sillas (del comedor y de las habitaciones), de mesillas de noche y de una manita de barniz para puertas, ventanas y mobiliario. Pero lo que resultaba “totalmente necesario” eran dos juegos de banderas que no tenían, a pesar de contar con mástiles para ello.

La atención y los recursos alimentarios eran, no obstante, notables. Café con leche y bollos para desayunar, tres platos, postre, pan y vino para el almuerzo y dos platos, postre pan y vino para la cena. La apertura de supermercados aquel año, benefició a la residencia bajando el precio de los productos hasta un 15%, según recoge el documento.

El director de la Residencia tenía que dejar también escrito “los testimonios más notables tomadas del libro de impresiones” y decía que “era difícil encontrar críticas negativas”. Lo más común era “solicitar de manera encarecida a nuestro jefe nacional que persista más y más en la creación de nuevas instalaciones residenciales para que los trabajadores españoles puedan disfrutar con sus familiares de un descanso veraniego sin tener la mala fortuna de un sorteo dentro de su respectivo sindicato (rama sindical, el sindicato era único) en orden a las plazas distribuidos en el mismo”.

De la Fernando de Aramburu a Tiempo Libre

Juan Márquez fue uno de esos gaditanos que conoció bien la residencia Fernando de Aramburu primero y la Residencia de Tiempo Libre después. Él no veraneó en ninguna de las dos pero se ganó unos cuartos en la primera y trabajó en la construcción de la segunda. “Éramos unos niños y colocábamos los parasoles en la playa y ahí nos ganábamos algo”. Luego formó parte de las cuadrillas de trabajadores que levantaron un nuevo edificio en el solar de la de Fernando de Aramburu entre 1976 y 1977: la Residencia de Tiempo Libre, cedida por el Instituto Social de Tiempo Libre del Ministerio de Trabajo a la Junta de Andalucía, encargada ya de gestionar las de toda la comunidad.

Con 180 habitaciones mirando al mar, la Residencia de Tiempo Libre no fue inaugurada hasta 1980. Comienza la época de esplendor para este edificio que además alberga una incesante actividad. Seis años más tarde, Cádiz acoge la primera edición del Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) y el FIT y Tiempo Libre inician una relación histórica al ser la casa de todos los artistas.

En ese mes de octubre de 1986, Tiempo Libre se convirtió en un centro cultural al acoger en sus salones, las ruedas de prensa del FIT y las V Jornadas de Historia Contemporánea que trajeron a Cádiz a 50 profesores de distintas universidades andaluzas y de Extremadura.Sin embargo, ese hospedaje de los artistas del FIT no sentó para nada bien a la patronal de hostelería. El 12 de noviembre de 1986, el entonces presidente de Horeca, Antonio Gamero Alba, cursaba un escrito al delegado de Empleo. “Esta Federación que agrupa un número considerable de asociados de hospedaje y los correspondientes a Cádiz capital, se encuentran muy molestos por la competencia desleal que lleva a cabo la Residencia de Tiempo Libre al atender a personas a las funciones por las cuales tiene que desenvolverse esta institución. Recientemente y con ocasión de las representaciones dadas en Cádiz en el pasado mes de octubre por el Teatro Iberoamericano, las personas pertenecientes a ese organismo han sido alojadas en la Residencia de Tiempo Libre y la prensa local se hizo eco de esta circunstancia. Queremos, señor Delegado con esta denuncia, poner las cosas en su verdadera dimensión y pedimos la intervención de su autoridad para prohibir esta expansión que en ninguna forma efectuar un organismo perteneciente a la administración. Esperamos que esta petición que hacemos, encuentre el apoyo que deseemos en de la defensa de los intereses que honestamente tenemos que defender”.

Durante el mes siguiente, Tiempo Libre también tuvo una importante una actividad con congresos de CCOO y de la UGT, además del II Seminario del Carnaval, una reunión de la Asociación Gaditana de la Mujer o de la Asociación Nacional de Empresarios de Ambulancias.

La gente del FIT se alojó en la Residencia y Horeca elevó una protesta al delegado por "competencia desleal"

De aquellos días guarda gratos recuerdos Francisco Arias, secretario general entonces de la UGT Cádiz. “Todos los congresos se hicieron en la Residencia de Tiempo Libre y era un lugar de veraneo para los trabajadores. Para muchos, era la única forma de conocer Cádiz y a la ciudad le dio una proyección en el mundo del trabajo”. Para Arias, su cierre y abandono responde a “la táctica del olvido: que se deteriore tanto que la gente no se acuerde de todo la vida que había allí en un intento de que sea otra cosa”.

Aquel año 1986, terminó con una fiesta pacifista que el Grupo Pacifista Comisión AntiOTAN celebró en la pista de patinaje la noche del 31 de diciembre. Terminó la década y aquel año 1989 tuvieron que comprar una cámara de seguridad porque denunciaron unos robos. Pero no fue hasta el principio del siglo XX cuando acometieron una reforma importante. En el año 2003. Cuatro años después, llegó el cierre por un brote legionella y una supuesta aluminosis. En 2009 se empezó a hablar de su derribo.

La "decepción" del Ayuntamiento

Siendo todavía alcaldesa Teófila Martínez, el Ayuntamiento de Cádiz llegó a un acuerdo histórico con la Junta de Andalucía en 2014 para dar una solución definitiva a ocho inmuebles de titularidad autonómica en la ciudad, modificando así un convenio anterior de 2010 que no daba resultados.

Ya desde 2012, los miembros de la Asamblea San Mateo, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), el colectivo Nadie sin Hogar y otros del 15M comenzaron una intensa campaña para poner denunciar el y reclamar su uso turístico social. Pero en 2015, la Asamblea San Mateo incrementó su lucha -ya casi en solitario- cuando el Gobierno de Por Cádiz sí se puede y Ganar Cádiz en Común, firmaron con el consenso y el apremio casi de todos los grupos políticos, una modificación del Plan General de Ordenación Urbana para que toda la unidad de ejecución tuviera un uso de hospedaje, con independencia del régimen público o privado. El convenio de 2014 planeaba para la Residencia tras la demolición de la misma, una parcela para uso hotelero (15.000 metros cuadrados) y otra de uso administrativo (10.000 metros cuadrados).

En declaraciones a lavozdelsur.es el concejal de Urbanismo, Martín Vila, asegura que el informe de los técnicos señala que precisamente “el mantenimiento del edificio existente y de su anterior régimen de uso y gestión, resulta más factible tras la Modificación que antes de ella”. Sin embargo, para los miembros de la Asamblea, este cambio deja ya abierta la iniciativa privada y permite sin ninguna cortapisa a la Junta deshacerse de este inmueble. “Nos dicen que se va a crear empleo pero también lo haría con una residencia como la que había y de mayor calidad. Teniendo dos escuelas de hostelería, sería el lugar perfecto para que los alumnos pudieran hacer las prácticas, Esto es especulación”, apuntan

Para estos ciudadanos, la actitud de la Junta de Andalucía –y ahora suman al Ayuntamiento- es “pretender hacernos ver que el edificio está tan deteriorado que no hay más remedio que derribarlo: han desmantelado las instalaciones de aire acondicionado, los techos están caídos, hay escombros, cientos de cables al aire y se han llevado los muebles y enseres a otras instalaciones en La Línea y Castellar".

La "decepción" con el equipo de gobierno es mayúscula teniendo en cuenta que el Ayuntamiento organizó unas jornadas en noviembre de 2015 en la Casa de Iberoamérica para plantear usos públicos alternativos para este espacio, concluyendo que era mejor su rehabilitación y no su derribo. Y no dudan en recordar que el ahora concejal de Urbanismo, Martín Vila, reivindicaba con ellos en 2012 el mantenimiento del uso turístico social.

Al respecto, el responsable de Urbanismo insiste en que esta modificación no tiene porqué significar la privatización y que persistirá ante la Junta para que se mantenga el uso de turismo social porque “tiene que haber una oferta turística diversa, máxime cuando no hay un albergue”. “Si la Junta de Andalucía tiene voluntad, puede rehabilitarlo y dedicarlo a turismo social”, ya que “nuestros técnicos cursaron una visita en 2016 y certificaron la dejadez pero el buen estado de la estructura”. En todo caso, “exigiremos que la Junta invierta el montante de la venta en Cádiz”.A la Asamblea, ese plan no le convence, sobre todo, por su desconfianza hacia la Junta. “No se trata solo de rehabilitar sino de mantener el personal”. También lo tiene claro el arquitecto Julio Malo de Molina. “La Junta quiere hacer caja” con la Residencia de Tiempo Libre, algo que desaprueba porque “Cádiz está muy deficitaria de edificios públicos y descalificar uno a privado siempre es una pérdida. Me parece una barbaridad”.

Malo de Molina sí cree que hay que hacer ajustes importantes en el edificio no por su abandono sino por su adaptación a la normativa contraincendios o de barreras arquitectónicas. Pero “es viable porque, a pesar de todo, del abandono, de estar en primera línea de playa, el tiempo no ha conseguido acabar con él”. Desde la Asamblea, continúan trabajando para concienciar a la ciudadanía a través de su compaña de firmas, también ahora en change.org. Llevan más de 1.500 pero el objetivo era 6.000 “que parece ser la cantidad que se necesita en esta ciudad para que se hagan las cosas”, dicen, en clara alusión a la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad a la Virgen del Rosario. "Nosotros, vamos a seguir. Lo público no se puede vender".

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