El callejón sin salida de Saldaña: o la dimisión o mantener el asiento sin las siglas de toda su vida

El jerezano no responde públicamente a la petición de dimisión de la cúpula del PP, atrapado en una guerra entre dos corrientes, la de Pablo Casado y la de Moreno Bonilla. En las primarias internas, no apoyó a ninguno, y eso le pesa tras el suceso que protagonizó

Pablo Casado, en el centro, junto a Saldaña. Debajo, a la derecha, García-Pelayo y Agustín Muñoz, en el verano de 2019. FOTO: PP
Pablo Casado, en el centro, junto a Saldaña. Debajo, a la derecha, García-Pelayo y Agustín Muñoz, en el verano de 2019. FOTO: PP

El otrora candidato y líder del PP de Jerez Antonio Saldaña vive sus peores momentos desde que llegó a la política. Y quizás estos serán los últimos. El comunicado de la dirección provincial que pedía su dimisión de cargos públicos, en la madrugada del sábado al domingo, fue la primera manifestación pública del partido respecto al suceso que protagonizó, tras golpear varios coches mientras conducía triplicando la tasa de alcoholemia, razón por la que deberá afrontar un juicio rápido y peticiones de prisión de 3 a 6 meses (que no cumpliría al ser inferior a dos años).

No hubo daños personales, sólo materiales. Pero también, en aquella tarde noche del jueves en la que Antonio Saldaña protagonizó los hechos, lo que parece irreparable es su trayectoria política dentro del PP. Pasado un domingo de rumores, la realidad es que por el momento no ha comunicado su intención de dejar el acta y cumplir con lo que le pide su partido. Llamadas, reuniones telemáticas... El PP de Jerez no había vivido nunca una situación tan extraña en un mundo que ya de por sí lo es.

Hace justo un año, Saldaña hacía campaña por Jerez, una que oficiosamente había empezado más de un año antes con una agenda apretadísima de convocatorias, actos públicos, propuestas e incluso actividad parlamentaria hasta las elecciones autonómicas de diciembre del 2018. Y es a ese año al que hay que remontarse, porque la posición del PP Jerez en la disputa que libraron tres contendientes por suceder a Mariano Rajoy en la presidencia nacional es la que más puede complicar ahora a Saldaña. Repasemos por qué es la clave de lo que viene.

En aquel año 2018, la ex alcaldesa María José García-Pelayo se centró en el Congreso de los Diputadosy anunció que no sería candidata. Había dos nombres para sucederla, Antonio Saldaña y Agustín Muñoz. El continuismo lo representaba Saldaña, que venía de ser la cara más dura y menos amable del gobierno municipal de Pelayo. Muñoz tenía afinidades, pero no hubo apenas contienda. Saldaña apostó en las primarias nacionales por el que se reveló posteriormente el caballo perdedor, María Dolores de Cospedal, a la que también apoyó Pelayo. El jerezano Antonio Sanz, sorayista, no representaba ningún poder local. Y sólo el alcalde de Vejer, José Ortiz, se decantó desde el principio por Casado en la provincia.

Al Congreso interno del verano del 2018 donde se votó la última ronda de las primarias nacionales llegó Saldaña fuera de juego, junto al resto de compromisarios de Jerez, donde se impuso Cospedal. Porque solo quedaban dos candidatos, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado, ganando ese último, al agrupar a muchos de los cospedalistas más conservadores frente al marianismo de la ex vicepresidenta. Y en aquellas primarias incómodas, como lo son todas en las que los partidos muestran sus disputas internas al público, Juan Manuel Moreno Bonilla, también de Soraya, salió muy perjudicado. Tanto que su cabeza pendía de un hilo hasta que ganó, sorpresivamente, el derecho a ser presidente de la Junta en las urnas, contra el pronóstico general. En julio, Saldaña había pedido una lista de unión entre Pablo y Soraya. En la práctica, es lo mismo que no apoyar a ninguno de los dos. Segundo error visto con perspectiva, el de no apoyar a ningún ganador y el de no decantarse por ninguno en la última ronda.

Casado logró fulminar a Ana Mestre, jerezana pero con carrera política en Sanlúcar y la dirección provincial y sorayista, del primer puesto en la lista provincial al Parlamento andaluz, para colocar a Ortiz a la espera de proponerlo a más responsabilidad andaluza, optando incluso a suceder a Moreno Bonilla. No lo hizo por el poder de las urnas y el PP montó una estructura de Gobierno en coalición con Ciudadanos donde muchos acabarían trabajando para la administración andaluza: de Jerez, Agustín Muñoz, director provincial de Protección Civil, e Isabel Paredes, delegada provincial de Sanidad.

La clave de aquel verano de 2018 y lo que pasó después le llega ahora en forma de factura a Saldaña, tras perder por poco las municipales de 2019 (le habría bastado probablemente que Vox entrara en el Pleno para fraguar una mayoría y ostentar el bastón de mando, y eso no ocurrió por un puñado de papeletas). Aquel verano no optó por Casado, ganador en Madrid, ni por Soraya Sáenz de Santamaría, ganadora de facto en Andalucía al convertirse Moreno Bonilla en barón inesperadamente. La falta de afinidades es el golpe más fuerte.

Y ahora tiene dos posibilidades: o romper con su partido de toda la vida, quedándose como concejal no adscrito; o asumir la derrota y marcharse. La mejor noticia para él, por ahora, es que no está suspendido de militancia. La plaza queda abierta en Jerez, y ahí pueden tener candidatos de renovación los de Casado y los de Bonilla tras dos derrotas electorales frente a la izquierda en 2015 y 2019. Desplazar a alguien que fue afín a Cospedal, el caballo perdedor, es jugoso tanto para la dirección autonómica como para la dirección nacional.

Y, por si fuera poco, también es jugoso para los grupos de posibles sucesores. En el pleno, actualmente, no hay candidato viable, al menos en apariencia. Saldaña despolitizó en parte su lista. La número dos en las municipales fue Rosario Marín, de la UCA, conservadora pero sin trayectoria política. Los más veteranos se fueron marchando. El caramelo de esa posición puede ser un pulso corto o largo. Tiene todas las de ganar el andaluz, que sí preside un Gobierno y que tiene más afines en la dirección provincial. Madrid queda lejos. Eso va a favor de Mestre, quien nunca gozó de buena relación con García-Pelayo y dejó Jerez cuando apenas era una canterana del partido.

Si decidiera quedarse en el pleno, Saldaña tendría que trabajar como individuo, sin asignación económica, sin posibilidad de crear grupo alternativo, algo que la ley no permite. No iría a un grupo mixto, sería él sin siglas. Y si le siguiese algún popular, pasaría lo mismo. Ya hay precedentes. La pedrea puede llegarle si decidieran mandarlo a casa y recurrir a él en alguna otra posición. Saldaña no ha sido nunca duro con Bonilla o Casado. Siempre elogió a Rajoy y su Gobierno. Hizo campaña fielmente por Bonilla, incluso aunque éste le dejó fuera del Parlamento andaluz cuando se daba por sentado que repetiría, con silla en Sevilla para hacer campaña municipal en Jerez. Si se va, la guerra con sus ex compañeros, más cercanos o menos, puede ser muy dura.

Y, sin embargo, algo se mueve, como le gusta decir a Saldaña. Porque el domingo acaba y sigue sin renunciar a sus cargos en Ayuntamiento y Diputación. Un comunicado de madrugada es siempre extraño, el del provincial. No lo es menos que éste tardara 48 horas en llegar tras el suceso. Parece que Saldaña siguiese una estrategia a lo Mariano Raoy, la de esperar para buscar el movimiento más acertado sin precipitarse. En varios envites internos, el silencio del gallego resultó un trueno. Hoy, ese mismo silencio de Saldaña recuerda al temperamento de un político al que solo una moción de censura jubiló y aguantó más de 15 años de momentos contra las cuerdas. Hoy Saldaña está en la lona. Habrá que ver si se levanta.

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