El lunes 4 de julio arranca en la Audiencia Provincial el juicio por el crimen de Raquel Barrera, la mujer asesinada por su marido en abril de 2014. En su calle, sus vecinos han querido pasar página.

Pasaban las dos de la mañana del 6 de abril de 2014. En el número 18 de la calle Garganta de Buitreras, José Antonio Cantalapiedra, de 45 años, acababa con la vida de su pareja, Raquel Barrera, de 42, tras asestarle, de manera sorpresiva, una puñalada por la espalda en la cocina de su vivienda. Horas antes habían pasado una divertida velada en compañía de los padres de Raquel y de amigos. El propio José Antonio llamaría posteriormente a la Policía para informar del crimen, no sin antes hacerse varios cortes en muñecas, abdomen y cuello para simular un intento de suicidio. El hijo de ambos, por entonces de 22 años, se encontraba aquel día en Sevilla, donde estaba estudiando.

Más de dos años después del triste suceso, este lunes 4 de julio la sección octava de la Audiencia Provincial acoge el juicio que sentará en el banquillo a José Antonio, en prisión provisional desde entonces. Un jurado popular será el encargado de juzgar los hechos por los que la Fiscalía de Género solicita 18 años de prisión por un delito que califica como asesinato con la agravante de parentesco, mientras que las acusaciones particulares, ejercidas de un lado por los padres de Raquel, y de otro, por su hijo elevan a 20 la solicitud de condena.

En la urbanización Villa Cartuja nadie recuerda ya aquella triste madrugada de primavera. O al menos han intentado olvidarla. En la vivienda donde se produjo el crimen no vive nadie. De vez en cuando algún familiar se pasa por la casa, pero poco más. Mercedes, vecina del número 14, reconoce que “apenas los conocía, sólo de hola y adiós”. Se enteró de lo ocurrido ya por la mañana, aunque de noche ya le alertó la azulona luz de los coches patrullas. “Creía que había habido un robo, no nos podíamos imaginar lo que había ocurrido”. Más de dos años después, la vecina reconoce que en el barrio “pretendemos olvidar aquel día”, ya que recuerda como “desagradable” el tener que pasar durante varios días por delante de la puerta precintada del número 18. Aún así, y aunque desconocía que el juicio se fuera a celebrar ahora, afirma que intentará estar al tanto de la prensa estos días. “Me gustaría saber qué es lo que pasó”.

Todo lo contrario a Mercedes se muestra Marín, del número 24, militar ya en la reserva y natural de Burgos, que decidió bajar a Jerez para vivir una jubilación tranquila después de sufrir en carne propia los años más duros de la banda terrorista ETA. “Ni siquiera voy a leer los periódicos para enterarme del juicio. No me interesa”, afirma tajante. “Lo que pasó aquella noche sólo lo sabe él –en referencia a José Antonio- y en el juicio dirá lo que quiera”. Lo que sí parece claro es que los motivos del crimen tienen un origen pasional. Según los escritos de calificación tanto de la Fiscalía como de las acusaciones, Raquel ya le había dado a entender a José Antonio en varias ocasiones la posibilidad de cortar la relación, algo que él no habría asimilado. Además, en aquella época estaba en el paro y la vivienda era propiedad de la familia de Raquel, aspectos que podrían haber influido aún más a la hora de temer una ruptura.

“Nunca les escuchamos una discusión”, asegura Francisco Javier, vecino del número 20, pared con pared de la vivienda donde ocurrieron los hechos pero que también reconoce que apenas conocía a la pareja. “De buenos días y buenas tardes, prácticamente, pero los veíamos entrar y salir como un matrimonio normal. Nunca te esperas una cosa así”. Aquella noche afirma que tanto su mujer como él no se enteraron de nada. “Tendríamos un sueño muy profundo. La cuestión es que hasta por la mañana no nos enteramos. Te quedas de piedra, porque por mucho que lo analizas no logras saber cómo pasan estas cosas”. Francisco reconoce que dos años después en su calle “no se ha vuelto a comentar nada. Al principio, como es lógico, un poco, pero ya conforme pasaron los días y luego los meses, nada. Ya se ha querido olvidar”.

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