Los vecinos de la calle Gaspar Fernández denuncian los problemas de salubridad e inseguridad del edificio en el número 8, abandonado desde hace 12 años: "Tenemos tablas en las puertas para que no entren las ratas".

Persianas rotas, una cáscara de plátano putrefacta, varias bolsas con heces de perro y botellas de plástico componen un vertedero que se ha ido conformando en el número 8 de la calle Gaspar Fernández, del barrio de San Pedro del centro de Jerez. "Ayer mismo vino un camión a descargar esas persianas que ves ahí", dice Fede Collado mientras señala los residuos que hay junto a su residencia. "Esto normalmente se recoge entre los vecinos y siempre me toca a mí tirarlo", incide Luis Díaz, que harto de que una parcela de su calle se haya convertido en una escombrera, ha telefoneado a Medio Ambiente para que sean conscientes de la situación que viven y actúen al respecto. "Pero todavía no se ha presentado nadie", lamenta. 

Los vecinos, que se arremolinan a los pocos minutos, critican los problemas de salubridad que están viviendo desde hace casi una década. "Tenemos tablas en las puertas para que no nos entren las ratas", comenta Inés Moscoso, vecina desde hace 54 años y que sube la calle junto a su hermana Consolación cargada de mandaos. "Aquí hay ratas, cucarachas, gatos que se reproducen, pulgas...", enumera Fede. Además de los malos olores y las posibles infecciones, los vecinos sostienen que el edificio está en riesgo de derrumbe ya que el techo está abierto porque la constructora que estaba acometiendo las obras las paralizaron hace años. La última denuncia que el vecindario presentó al Ayuntamiento fue el pasado mes de enero de este mismo año. "Pero lo único que hicieron fue poner una reja y una madera", indica Fede Collado, al tiempo que Luis Díaz asegura que hace poco vio cómo varias personas accedían al edificio "para buscar chatarra o para dormir".

Según los habitantes del barrio de San Pedro, las dos únicas opciones viables que ven para solucionar los problemas de salubridad es que tapien el edificio o que lo derriben. No obstante, tanto basureros, barrenderos, como gobernantes se eximen de responsabilidades ya que es una propiedad privada. Se trata del antiguo Colegio Mayor Santa Rosa de Lima, fundado en 1995, una residencia que dio cobijo a numerosos estudiantes universitarios, alumnos de intercambio y de Formación Profesional, además de profesores. Sin embargo, hace ya cerca de 12 años que su entonces propietaria, Rosa Esteban Morales, vendió el inmueble a un promotor sevillano que pensaba hacer viviendas pero que también terminó vendiendo de nuevo el edificio porque debían demoler la planta de arriba por orden del Ayuntamiento. "Ni comen ni dejan comer", espeta uno. Y en la actualidad, los vecinos desconocen quién es el titular de un edificio que llegó a venderse por 1.200.000 euros. "¿Quién le va a meter mano a esto?", se preguntan. 

Desde que la vivienda quedara abandonada ha sido habitada por drogadictos y okupas que han tenido atemorizada a la calle entera y que han provocado varios incendios. "Los okupas se fueron hace poco porque estaban en busca y captura", apunta Fede, quien se vio obligado a mudarse al piso de arriba por las numerosas peleas que escuchaba del matrimonio que okupó la residencia aledaña. "Además de que el hombre acosó y amenazó a una vecina, también le pegaba a su mujer". agrega. "Y no te olvides del loco de los ladrillos. Un niño que se ponía a tirar ladrillos a la calle. Una vez se colgó de las rejas de la puerta—señala un negocio que hay justo enfrente del edificio abandonado— y le dio un ataque de ansiedad a la chica que trabajaba aquí. Se la llevaron corriendo al hospital", relata Luis Díaz. 
"Queremos que lo tapien o lo derriben. Hemos propuesto cerrar esto pero nos lo deniegan porque dicen que tiene un propietario", insiste Consolación Moscoso, al tiempo en que aparece un vecino y dice con sorna: "Ya no saben cómo decorarnos la calle". "Sí, alguno que quiere poner una persiana aquí", le responden. "¿A quién le ha tocado el premio para comprar la casa?", pregunta una señora que pasea calle abajo. Hay buena sintonía entre los vecinos del barrio y les une una batalla que afrontan entre rabia y risa. "Esto es una cochambre, una vergonzonería lo que han hecho aquí", estalla Manuela Llama Toro, que reside en el barrio desde hace más de 55 años.

"Hemos propuesto cerrar esto pero nos lo deniegan porque dicen que tiene un propietario"

Hasta el momento, ningún vecino ha tenido que mudarse a cuenta de los problemas que causa el antiguo Colegio Mayor. Sin embargo, es probable que en breve este edificio abandonado se cobre la primera víctima: el propietario del número 7. "Está quemadísimo con este tema y puede que venda la casa. Es muy probable, porque tiene que estar pintando la casa a cada rato", explica un vecino. Si en verano el calor despierta un hedor nauseabundo en el número 8 de la calle Gaspar Fernández, en invierno las lluvias generan un cañón de agua que provoca humedades a las casas adyacentes, junto al riesgo de derrumbe que sufre la estructura. "Esto es horrible y ya no se puede aguantar más", apostilla la más longeva del vecindario. 

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