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Cuatro años después, lavozdelsur.es habla con varios jóvenes protagonistas de las protestas en la plaza del Arenal de Jerez. Roberto, Paula y Nicolás recuerdan en el mismo escenario el comienzo y desarrollo  del 15M en Jerez, y reflexionan sobre la evolución e institucionalización del mismo.

Hace algo más de 1.460 días, Jerez despertó. Los jóvenes desempleados -y no tan jóvenes-, los desahuciados, los crispados ante los escándalos de corrupción y los recortes tomaron las calles. En Madrid, la Puerta del Sol. En Jerez, la plaza del Arenal. Al grito de "El pueblo no se calla, sabe lo que pasa", y portando pancartas con lemas como Democracia real ya, los indignados de Jerez se manifestaron y acamparon durante unos 64 días en la emblemática plaza dando lugar al movimiento 15-M jerezano. Éste permanece hoy como tal, y además una parte de sus miembros han fortalecido diferentes plataformas, mientras otros han creado, incluso, la agrupación de electores Ganemos Jerez.

El fin de un largo letargo

Había acabado su carrera de Psicología, aunque trabajaba como animadora, impartiendo clases particulares “o de lo que surgiera”. Así se encontraba Paula Domínguez, indignada, que en la actualidad tiene 29 años y ejerce su profesión en Francia. Esta jerezana recuerda cómo comenzó todo de forma, dice, "espontánea, no bajo las siglas de ningún partido ni asociación". “Se corrió la voz de unos a otros, nos encontramos muchas personas que coincidíamos en que aquí había que hacer algo porque la situación no era buena, no era normal. Y entonces no se hablaba tanto como hoy de los casos de corrupción. Para mí fue una sorpresa la movilización de la gente”, afirma.

Paula fue de las primeras en adherirse al movimiento 15-M en Jerez. Otros como Roberto, ingeniero técnico agrícola, en un principio ni siquiera se planteó la posibilidad de que en la ciudad calara el espíritu de los indignados y optó por unirse a ellos en Sevilla. A su regreso se sumó a la acampada en El Arenal. Por aquel entonces se encontraba desempleado, realizando un curso de instalaciones solares térmicas, tras haber estado trabajando un tiempo en Canadá. “Mientras estaba fuera leía los periódicos y me echaba las manos a la cabeza pensando en lo que me esperaría cuando volviera. No salí a la calle por mí, salí a la calle por los autónomos, por los jubilados, porque empezaron los recortes en educación y las privatizaciones”, cuenta el joven. “La situación era apremiante, o salías o perdías la oportunidad”, apostilla.

Al principio se trató de una concentración, posteriormente de una acampada que se prolongó durante más de 64 días. Llegó a convertirse en una pequeña metrópoli habitada fundamentalmente por jóvenes, a quienes no les faltaba el apoyo de vecinos que por su edad o circunstancias personales no podían hacerlo. “La gente se portó muy bien con nosotros, nos traían bolsas de comida, nos dejaban cargar los teléfonos o conectar cualquier aparato, hacíamos uso de los aseos del parking…”, evoca Paula aún emocionada ante la generosidad de sus conciudadanos.

Con el paso de los días, al igual que sucedió en diversos puntos de la geografía española donde brotó el movimiento, la plaza que acoge el monumento a caballo de Miguel Primo de Rivera quedó perfectamente organizada, delimitándose una zona de acampada y un punto de información, entre otros. "En uno de los relojes de la plaza aún quedan restos de una cuerda azul que sujetaba el toldo bajo el que celebrábamos las asambleas", señala Roberto.

"Salí a la calle por los autónomos, por los jubilados, porque empezaron los recortes en educación y las privatizaciones”

Al principio las asambleas eran diarias, más tarde se fueron dilatando en el tiempo. “Invertíamos mucha energía”, dice Paula. Se constituyeron varios subgrupos, comisiones de trabajo de medio ambiente, y sanidad, entre otros, para continuar la lucha en la calle. Una comisión visitaba, pegaba carteles y celebraba encuentros en diferentes barriadas para explicar y hacer llegar a todos el espíritu indignado y las nuevas alternativas que proponían.

A pesar de que fueron muchos días allí el ambiente fue en todo momento pacífico, positivo y sano. “No estaba permitido el alcohol ni el consumo de ningún tipo de sustancias, y la gente lo respetó en todo momento. Si alguien ajeno a la protesta venía a molestar, la policía se encargaba”. Este fue uno de los grandes desafíos superados, puesto que en algunos actos como la celebración de una cacerolada, llegaron a reunirse unas 600 personas.

A raíz de esta eclosión de inconformismo, estos chicos han acumulado infinidad de experiencias y anécdotas. Entre risas cuentan que un día ‘bicheando’ fotos vieron  que entre los ‘indignados’ se encontraba un chico perteneciente cuya ideología diametralmente opuesta al movimiento, “no sabemos si como infiltrado o si realmente se identificaba con lo que nosotros reclamábamos”, aclara el ingeniero. Y lo mismo sucedió con un policía que no faltó a ningún acto. “Parados y desahuciados seguro que alguna vez habrán sido conservadores, no todos los desahuciados van a ser sólo homosexuales y comunistas. Por estadística debe haber gente conservadora que se echó a la calle y que han estado aquí- en la plaza del Arenal- indignada y cabreada”.

"La acampada tuvo su función: despertar a la gente y hacer un llamamiento, mostrarles que se estaban haciendo cosas mal"

El revulsivo que supuso el 15M poco a poco fue disminuyendo su ímpetu. Tras más de dos meses de acampada e incesante actividad, la céntrica plaza de Jerez quedó desalojada. “Desde mi punto de vista la acampada tuvo su función: despertar a la gente y hacer un llamamiento, mostrarles que se estaban haciendo cosas mal, pero ya hacía falta dar otro paso. La mayoría éramos jóvenes y estábamos parados, pero había gente más mayor que sí trabajaba a la que le resultaba complicado”, explica Paula. Ella se fue a Madrid a continuar la lucha con las marchas indignadas. No pudo hacerla andando, pero junto a otros compañeros del movimiento se desplazó hasta allí para acoger a los indignados que llegaban de la provincia. “Una vez en Madrid pasamos de ver la acampada de Sol en la tele o en fotos a vivirlo. Era unir fuerzas y ver que no estábamos solos”.

Activismo en institucionalización

La disolución de la acampada del Arenal no supuso en absoluto la desaparición del 15-M, ya que continúa celebrando asambleas informativas, concentraciones y actividades. Para Paula el espíritu del movimiento permance intacto, "desempeñó su función y ha sido la base del activismo social de los últimos cuatro años en Jerez". “Lo que hicimos fue adherirnos, especializarnos y fortalecer plataformas que ya existían y que eran minoritarias, como Stop Desahucios, entre otras”, explica. La joven psicóloga, actualmente forma parte de la Marea Granate, “la de los exiliados que surge más tarde formada por las personas como yo que nos hemos visto obligados exiliarnos”.

“Jerez es una ciudad muy tradicional; o te mueves en política de cierta manera o está mal visto"

El 15-M jerezano también fue el germen de una nueva formación política, concretamente de Ganemos Jerez. En este punto surge el debate. Parte de los jerezanos apoyaron esta revolución al ver que la juventud no era ajena a la política, pero por otro lado “Jerez es una ciudad muy tradicional y o te mueves en política de cierta manera o está mal visto, sobre todo si acampas en el Arenal”. "En su momento se quejaron porque decían que debíamos hacer un partido político, pues ya lo hemos hecho y se siguen quejando", explican Roberto y Paula, partidarios de la creación de la nueva formación política. 

Nicolás, otro joven indignado más crítico, reconoce ser afín al programa de Ganemos Jerez,  sin embargo “le da pena que la fuerza de la calle haya perdido peso en favor de la institucionalización y de una perspectiva más electoralista”. Nicolás hubiera preferido que el 15M continuara siendo un colectivo “indomable”. “Deberíamos haber aprendido a autogestionarnos, a seguir tomando nuestras decisiones sin una voz cantante, ni liderazgo. Las plataformas podrían cobrar aún más protagonismo, por ejemplo, la cooperativa La Reverde. Aún con todo, me parece lo más interesante que ha pasado en Jerez y en este país en los 16 años que llevo viviendo en España”. Al oír la opinión contraria de su compañero ‘indigando’, Roberto señala esta discrepancia de ideas como un aspecto positivo del movimiento, ya que por el hecho de pensar diferente no se convierten en enemigos, sino que lo debaten y se respetan mutuamente, una de las bases del 15-M.

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