Coincidiendo con el 175 aniversario de la instauración de la Policía Local en Jerez, lavozdelsur.es reúne al agente más joven y al más veterano. 

Antonio entró en el cuerpo casi por una porfía. Juan Jesús lo tenía claro desde chiquitito. Antonio es de Jerez pero la mayor parte de su carrera la ha desarrollado en Guadalcacín. Juan Jesús es de Barbate pero lleva ya tres años patrullando las calles jerezanas. El primero se acaba de jubilar y al segundo todavía le quedan muchos años de servicio por delante.

Jerez celebra en este 2016 los 175 años de fundación de su Cuerpo de la Policía Local, la segunda más antigua de España sólo por detrás de la de Madrid. Aprovechando esta efeméride, lavozdelsur.es ha querido unir por un rato a uno de sus agentes más veteranos, Antonio Estévez Pérez, de 64 años y al más joven de los que conforma la plantilla, Juan Jesús Domínguez Borrero, de 32, para conocer ese Cuerpo de antes y el de ahora, esa manera de trabajar en los primeros años de la Democracia con la forma de hacerlo ahora en unos tiempos que muchos ven de cambios.

Antonio, el ‘sheriff’ de Guadalcacín

Antonio Estévez (Jerez, 1952) se dedicaba a montar estructuras metálicas cuando un día, bromeando con un compañero de trabajo que quería ser Policía Local, se apostó que llegaría a ponerse el uniforme antes que él. Y ganó la apuesta. El 1 de septiembre de 1976 se incorporaba al 092. Lo hacía en una época aún convulsa. Franco no llevaba enterrado ni un año y todavía muchos echaban de menos al dictador. La Democracia daba sus primeros pasos en esa época conocida como La Transición. Tras tres años pateándose las calles de Jerez se convocó una plaza de Policía Local para Guadalcacín, una pedanía que por entonces estaba mucho más aislada que ahora. Antonio no la desaprovechó. Allí estuvo 18 años.

“Guadalcacín era tranquila, pero no tanto como se cree. Había mucho robo de material agrícola y estaba muy desasistida por la autoridad. Al principio había un cuartel de la Guardia Civil, pero al poco ya empezó a prestar servicio en el aeropuerto, así que estaba prácticamente solo”, recuerda el veterano agente, como también que por entonces muchos confundieron la libertad que otorgaba la nueva Democracia con el libertinaje. “Todos creían que tenían derechos, pero no obligaciones. Eso se reflejaba a veces en el trato que nos daban”.Los tres primeros años de servicio en la pedanía los pasó tanto en su pequeña oficina del Ayuntamiento como en la calle. El Ayuntamiento tardó tres años en suministrarle una de esas antiguas Bultaco para que pudiera patrullar más cómodamente. Esas patrullas a pie, no obstante, favorecieron que todo Guadalcacín acabara conociéndolo. No había vecino, ya fuera anciano, adulto o niño, que no supiera de él. Se convirtió así en una especie de sheriff, querido y respetado aunque “siempre hubiera alguno que se saliera del tiesto”. “Me conocía todas las matrículas de los coches. Incluso si ladraba un perro, sabía de quién era”.

En aquella época, además, Antonio recuerda que la pedanía era uno de los puntos de marcha de Jerez. Allí, junto a la casa consistorial había una discoteca muy famosa, Decapi, y prácticamente todos los fines de semana tenía que hacer funciones de portero para controlar a la gente que salía con alguna copa de más. Sin embargo, nunca tuvo un problema serio. El peor recuerdo de su paso por Guadalcacín fue un crimen de violencia de género. Fue ya en los 80. “Actué junto a la Guardia Civil. Cuando llegamos a la casa nos encontramos a un hombre con una escopeta y a su mujer muerta en el suelo. Se le había ido la cabeza. Afortunadamente no opuso resistencia”.

En 1997 vuelve a Jerez, muy a su pesar, debido a cuestiones que prefiere no mentar en este reportaje. Se encontró un Cuerpo mucho más profesional que el que conoció en sus inicios y además con mejores medios. “Cuando entré solo había una grúa y un Land Rover para los mandos, no había ni coches patrullas ni walkie talkies, así que fíjate”. Su vuelta a Jerez fue la de la mejor época de Pacheco como alcalde, del que además tiene buen recuerdo. Hay que recordar que en cualquier Ayuntamiento, el ‘jefe supremo’ del 092 es el alcalde o alcaldesa de turno, y al hoy exregidor lo considera el mejor que ha tenido. “Teníamos un chaquetón que lo llamábamos ‘el de Pacheco’, porque calentaba más que ninguno y además no se estropeaba. Yo no se los años que llegamos a tenerlo… Alguno todavía lo tendrá en casa. Como vestíamos con él, con ninguno”, afirma para destacar lo bien uniformados que estaban en aquella época, aunque también señala que fue con él en la alcaldía cuando el 092 tuvo su primer convenio colectivo.Recién jubilado, mira ya desde un segundo plano el actual conflicto que vive el Sindicato Independiente de la Policía Local (SIP) con el gobierno municipal, del que se limita a señalar que “entiendo tanto la postura de mis compañeros como la del Ayuntamiento” y lamenta no llegar a conocer, al menos en activo, la futura nueva jefatura en La Asunción, después de haber trabajado tanto en la antigua de Madre de Dios como en la actual del Almendral. Y aunque ya no volverá a ponerse el uniforme –“ya me está entrando morriña”-, señala que policía lo será siempre por eso de la deformación profesional. “Me voy con la satisfacción del deber hecho”.

Juan Jesús, una vocación cumplida

A Juan Jesús Domínguez (Barbate, 1984) la vocación le viene de familia. Hijo de Policía Local, en su casa siempre ha vivido lo que significa servir al ciudadano. Desde 2009 es agente del 092, primero en Barbate, y los últimos tres años en Jerez. “Profesionalmente el cambio fue bastante brusco. Pasé de un municipio de 22.000 habitantes a uno de más de 200.000 y de una plantilla de apenas 40 agentes a una de más de 300”. Lo que más le sorprendió a su llegada a Jerez fue la jefatura y la escala de mandos “que es bastante amplia”. Y aunque la plantilla jerezana es mucho mayor que la barbateña, reconoce que “aquí somos una gran familia”.

De su anterior destino piensa que la droga le ha dado “mala fama”, pero indica que “no tiene nada que ver lo de antes con lo que hay ahora”. “Barbate es un sitio muy tranquilo para ser Policía salvo en verano, cuando se cuadruplica la población”. De todas maneras, el hecho de que sea una localidad pequeña también tiene sus inconvenientes. “Eso provoca que en cualquier intervención casi siempre conozcas a alguien de las partes implicadas”. En cuanto a Jerez, no desmiente que la zona Sur sea “la más complicada”, aunque apunta que “hasta en el centro, que puede parecer la zona más tranquila, puedes encontrarte con una violencia de género o una pelea”.A pesar de su aún corta carrera, Juan Jesús ya puede contar que le ha salvado la vida a un ciudadano, quizás lo que más satisfacción puede darle a un agente. Lo recuerda perfectamente: “Fue un 5 de marzo de 2014, en el banco Santander de la plaza del Arenal. Le dio un infarto a un hombre y le practiqué los primeros auxilios. Eso sirvió para salvarle la vida hasta que llegó el 061. Esta persona tiene un puesto en la Plaza y cada vez que me ve me lo agradece”. En el lado contrario, el de los malos recuerdos, un suicidio en Barbate y una intervención en La Vid para verificar que un vecino había fallecido en su domicilio.

Pero lo que peor lleva es el tema de la conciliación familiar. Su pareja es también agente del 092, pero en Barbate, lo que provoca que a veces no se vean tanto como quisieran. Además tienen una hija de cinco años que ya entiende a qué se dedican sus padres. “Cuando salgo de casa me dice que me vaya con cuidado. Quieras o no te toca un poco la fibra. Ella sabe que hay gente mala y evidentemente está deseando que lleguemos los dos para quedarse tranquila”. 

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