Denuncian a un centro de rehabilitación de drogas por "engañarles" con su tratamiento

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Pacientes con distintas adicciones acusan al responsable del centro de haber "puesto en riesgo su integridad física" por no tener la cualificación necesaria.

Los padres de LM.L., de 28 años, estaban desesperados. Su hijo, con problemas de adicción al juego y a la cocaína, era lo que normalmente se viene a denominar un bala perdida. Vecinos de un pueblo de Sevilla, se pusieron en contacto, a través de una amiga, con un centro terapéutico y de desintoxicación de Barcelona que, a su vez, los remitió a un centro filial en Jerez. Era mayo. Cuatro meses después, LM.L. ha denunciado al responsable de dicho centro jerezano porque considera que ha puesto en peligro su salud además de engañarlo al afirmar que contaba con una formación que ha resultado falsa.

La historia comienza el pasado 10 de mayo, cuando hace una primera visita al centro, ubicado en el distrito Norte de Jerez. “Me dijo que según viera mi estado, me ingresarían o en Barcelona o en Jerez o que directamente me quedaría en tratamiento en un piso tutelado”. Finalmente, en el centro valoraron que la segunda opción sería la más correcta, y primero estuvo un mes en un piso de la calle Porvera y posteriormente y hasta el día de hoy, en otro de la plaza de la Estación. Además, comunican a sus padres que la terapia costaría 30 euros al día, algo que aceptan dada la desesperación que tenían ante las preocupantes adicciones de su hijo.

Junto a LM, en los últimos meses han pasado por este centro entre 10 y 15 personas más, cada una con una adicción. Señala que al principio, por el interés que cada uno tenía en salir adelante, solamente se centraban en sus respectivas terapias y en apoyarse unos en otros. “Nuestro día a día era levantarnos, recogernos para ir al gimnasio, hacer la terapia, comer, volver por la tarde al gimnasio, otra vez terapia y acostarnos a las 11 de la noche”, señala el joven. Esa pauta diaria les imbuía hasta el punto de no darse cuenta de aspectos que, con el paso de los días y una vez que empezaban a notar mejoría, les pareció sospechosos. De un lado, se dieron cuenta de que allí a nadie ni se le había practicado un análisis de orina ni de sangre que certificara que alguien tuviera o no alguna enfermedad contagiosa, algo obligatorio cuando se trata de personas con estos perfiles. Después, hablando entre ellos, comprobaron que cada uno pagaba en función de sus posibilidades económicas. “Aquí no hay una tarifa fija. Yo he llegado a pagar 1.500 euros al mes, pero hay algunos que han pagado hasta 1.800 y otros que solo han podido pagar 400 porque no disponían de más dinero”.

LM. también relata que el responsable del centro les recetaba medicamentos, algo que ningún centro puede hacer ya que eso corresponde solo a los médicos. En este sentido, afirma que a algunos compañeros se les recetaba Antabus, utilizado para tratar el alcoholismo, la dependencia a la morfina, heroína y otras sustancias, fármaco que puede ser peligroso si no se administra bien. De hecho, produce efectos secundarios muy desagradables cuando se combina con alcohol en el cuerpo, pero también incluso cuando se consumen o usan otros productos que contienen alcohol, como algunos vinagres, postres o un simple colutorio bucal. Además, ante cualquier problema de salud, son claros: “estamos vendidos. Ni siquiera tenemos ningún tipo de seguro médico”.

LM. señala que “aunque todo esto nos olía raro, la desesperación que teníamos por salir adelante hizo que no nos diéramos cuenta en un principio de todo esto. Los que nos hemos curado lo hemos hecho gracias a nosotros mismos y a las ganas que le poníamos a esto”. Las terapias, apuntan, no eran profesionales. De hecho, en los pisos terapéuticos “no teníamos control ninguno. Yo me podría haber marchado el día que me hubiera dado la gana, o podría haber recaído, o acostarme a la hora que quisiera. Pero era la fuerza de voluntad que teníamos y el apoyo que nos dábamos lo que hizo que saliéramos adelante”.   

Sus sospechas de que el centro actuaba de manera presuntamente irregular se confirmaron hace unos días, cuando un paciente, con causas pendientes con la justicia, necesitaba demostrar en el juzgado un certificado homologado de un centro terapéutico que justificara que estaba siendo tratado. La respuesta que le dio el responsable del centro no solo fue que no estaba homologado, sino “que recayera de su adicción para ingresar en otro centro y conseguir así el certificado”, denuncia LM.L. A todo esto, el joven afirma que ha querido pedirle explicaciones y que este ha rehusado dárselas. 

A la vista de todo esto, el joven sevillano ya ha interpuesto una denuncia en comisaría. Otros pacientes, compañeros de LM.L. también están pendientes de interponerla, si bien prefieren esperar acontecimientos. Mientras tanto, algunos ya han decidido romper el tratamiento, a la espera de encontrar otro centro, homologado, que les permita retomarlo.

Sobre el autor:

Jorge Miró

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