Cuatro meses por delante de obras desde Corredera hasta plaza Vargas

El gobierno local adjudica las dos actuaciones en el centro histórico con el rechazo de la asociación de vecinos, que insisten en que se reconsideren los trabajos de reurbanización previstos

El delegado de Urbanismo, José Antonio Díaz, con técnicos municipales, en la plaza Vargas.
El delegado de Urbanismo, José Antonio Díaz, con técnicos municipales, en la plaza Vargas.

La junta de gobierno local ha aprobado distintos expedientes de otorgamiento de licencias urbanísticas y de contrataciones de obras —además de la aprobación de diversos proyectos municipales— tras el levantamiento de la suspensión que había sobre la continuidad de estos procedimientos iniciados en su día. Entre ellos, se ha adjudicado las obras de regeneración integral del eje Corredera-Esteve-Santa María-Cerrón a la empresa Manuel Alba SA por un importe de 500.998 euros y un plazo de ejecución de cuatro meses. Según el Ayuntamiento de Jerez, esta actuación, que está confinanciada por la UE, contribuirá a reducir la contaminación acústica, mejorar la seguridad vial y fomentar la movilidad peatonal mediante un diseño de plataforma única y la reforma y adecuación de los acerados existentes.

Asimismo, se ha aprobado la adjudicación de las obras de adecuación del corredor viario formado por la plaza Vargas, Pozuelo, Amargura y Latorre a la empresa Gaditana de Asfaltos por un importe de 133.913 euros y un plazo de ejecución de cuatro meses. Esta actuación, asegura el Consistorio, plantea la regeneración del pavimento y la creación de una plataforma única, y se incluye dentro del Plan de Movilidad del Centro Histórico del gobierno local, y promoverá una mejor accesibilidad y movilidad en esta zona.

A raíz de estos anuncios, la asociación de vecinos del centro histórico ha afirmado, en un comunicado, que "resulta, cuando menos, asombroso el hecho de que se quiera aprovechar el confinamiento para que la administración lleve a cabo una serie de obras no esenciales. Y este asombro responde a dos razones: por un lado, porque desde la administración se esté dispuesto a poner en riesgo a trabajadores en pleno estado de alarma; y por otro lado, por el agravio comparativo que se establece entre esos trabajadores y los empleados municipales". "No se entiende que el Ayuntamiento saque a la calle a trabajadores del sector privado, mientras a los de su propia plantilla no se les hace desmontar los palcos de Semana Santa un mes y medio después de la suspensión oficial de la misma", añaden desde este colectivo presidido por Tamara Jiménez.

Asimismo, advierte esta asociación, "es igualmente incomprensible embarcarse en unas obras de cuatro meses de duración en el estado en que nos encontramos, y puede significar la puntilla definitiva al diezmado comercio tradicional y de cercanía del centro de la ciudad. Muy posiblemente, los comercios puedan comenzar a abrir durante el mes de mayo, con lo cual, si le sumamos a lo ya padecido el hecho de encontrarse con una zona levantada durante cuatro meses y la desconfianza que va a suscitar a medio plazo el uso del transporte público, ello puede suponer un daño del que difícilmente se puedan recuperar. La pregunta es: ¿de verdad es necesario provocar esa situación?".

A todo, vuelven a incidir desde la asociación del centro histórico "en el daño patrimonial e identitario que va suponer la eliminación del adoquinado, por cuyo mantenimiento nos hemos manifestado y concentrado durante las semanas previas al confinamiento. Por otra parte, entendemos que la finalidad principal de favorecer la potenciación turística de la zona ya no se sostiene y que esos fondos perentoriamente serían necesarios para acometer otro tipo de actuaciones como, por ejemplo, que no se sigan produciendo derrumbes en la zona intramuros. Si, a pesar de todo, se siguiera manteniendo el fin turístico como detonador de estas actuaciones, sería muy destacable que nos encontraríamos ante un ejercicio de política largoplacista nunca antes visto en esta ciudad". "Si algo está poniendo de relieve esta crisis, es la urgencia en acometer la repoblación del centro histórico, muchos comerciantes se han percatado de la importancia de que la zona esté poblada para mantener la viabilidad de sus negocios".

A ello hay que unir "el deterioro físico y patrimonial, que sigue produciéndose y acrecentándose, y la inseguridad provocada por una avalancha de delitos menores y actos vandálicos que se están produciendo en intramuros". Por tanto, han ultimado, "nos preguntamos qué más tiene que suceder para que la repoblación, palabra que provoca una gran sorna entre algún alto cargo técnico municipal, sea asumida como un prioridad en esta ciudad. Exhortamos a la clase política de la ciudad a que vean esta situación como una oportunidad de poner el foco en lo verdaderamente importante, que no es, precisamente, poner en riesgo a una serie de trabajadores en pleno confinamiento para avanzar en la destrucción del patrimonio del centro y provocar un daño irreversible a sus comerciantes".

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