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Un amigo me señala que al entrar el otro día en la página web 'Musulmanes andaluces' le saltó el antivirus con el mensaje "Se ha detectado una amenaza". Sorprendente serendipia, aunque no menos automática e irreflexiva que ciertas voces que saltan en el enésimo debate sobre el islam.

Tal como nos pintan el ring, parasitan la inteligencia de los (imaginarios) contendientes dos doctrinas inconciliables: un islamismo purista de tendencia wahabí, opresor, machista e inhumano, de un lado; y una suerte de "modernidad" feminista, etnocéntrica y alérgica al espíritu, del otro. Cualquier argumento es absorbido por uno de estos agujeros negros, que tienen una sola cosa en común: su paternalismo hacia las víctimas, en particular si son mujeres. Esas pobres moritas, víctimas del patriarcado, con el cerebro no menos velado que sus rostros, según unos; esas ninfómanas mujeres-objeto hijas de la publicidad y el materialismo occidental, según los otros.

La cosa es defender que las mujeres en su conjunto son tontas y siempre actúan influenciadas por los complejos de los hombres. Por eso en las playas (públicas) de Arabia Saudita no pueden ni soñar con un traje de baño, por eso en las libérrimas costas de Francia se persigue a la que no enseña las piernas.

No soy el único que ve en una agresión epidérmica llamada depilación otro símbolo de cuán lejos puede llegar un género por adecuarse a las expectativas del otro. Sin embargo cuesta encontrar en estos días de verano una sola mujer que no se haya sometido al tratamiento. Si prohibimos el burkini en las playas porque nos suena patriarcal, ¿por qué no empezar por las piernas depiladas? Si uno puede cubrirse de los pies a la cabeza para hacer submarinismo, ¿por qué no puede hacerlo si es musulmana y mujer? ¿Por ser musulmana (xenofobia) o por ser mujer musulmana (paternalismo sexista)?

Sin olvidar a nuestras abuelas, que echaban el día de playa con tortilla casera y las faldas hasta los tobillos sin que un policía calenturiento las forzara a desnudarse.

Parece una broma que todavía tengamos que ponernos de acuerdo sobre si cada uno puede vestir como le plazca, olvidándolo todo del siglo totalitario que dejamos a nuestras espaldas. Aquí coinciden salafistas, talibanes, califas, ayatolás, ciertos ulemas e imames, terroristas sirios, guerrilleros nigerianos y "feministas" del mundo que exigen la prohibición del burkini, el velo o cualquier prenda que por su exotismo se les antoje más sexista que el rímel, los tacones o los zarcillos: que no. Que la ley debería ocuparse de menudencias como penar tus últimos complementos.

Sólo tras confirmarnos en este liberalismo básico podremos empezar a tocar cuestiones de fondo sobre la imperiosa modernización del islam (que será desde dentro o probablemente no será), incluyendo que el Corán no dispone ninguna indumentaria concreta, aparte de la recomendación de modestia general (24:30-31), y que las escuelas de legislación islámica (madāhib), las sharias y una parte de los dichos y hechos proféticos (Sunnah) parecen enterrar sus fundamentos en la mentalidad caduca de otros tiempos, otros lugares, otros hombres (y siempre hombres)… Si en lugar de favorecer su modernización rechazamos al Islam en bloque, tolerando sólo que se asimile a nuestra cultura y se disuelva, sembramos la alienación, el rechazo y el extremismo del futuro. Y esos lodos ya lo conocemos... ¿Por qué no probar algo nuevo?

La Ilustración occidental ha legado ideas sublimes al mundo, y no es la menor de ellas una cita que comúnmente se le atribuye a Voltaire, aunque en realidad pertenece a la escritora inglesa Evelyn Beatrice Hall: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo".

Quizás el "Occidente" que hay que rescatar es ese, y no la facilidad, favorecida en las últimas décadas de desconcierto especulativo, para erigir colosales teorías paranoicas que echan por tierra todo el progreso conseguido. No nos engañemos: en algunas playas de Francia el bikini pasó de símbolo de la revolución sexual a código obligatorio de vestimenta. En la historia de la prohibición del burkini el verdadero burka, hasta el momento, es el bikini.

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