Cierra el mítico estanco de la Cruz Vieja, al que iba Lola Flores: "Cada vez quedan menos vecinos en San Miguel"

El establecimiento se ha trasladado a la zona sur de Jerez debido a la falta de clientela después de haber sido desde 1938 un símbolo del barrio

Pedro Salamanca, posando delante de la fachada del estanco que acaba de cerrar.
Pedro Salamanca, posando delante de la fachada del estanco que acaba de cerrar. MANU GARCÍA
02 de febrero de 2026 a las 20:01h

El histórico estanco de la Cruz Vieja, ubicado en la calle Ramón de Cala, en el barrio de San Miguel, ha cerrado sus puertas y ha trasladado su actividad a la zona sur de la ciudad. El cambio pone fin a casi un siglo de presencia en el centro histórico y, según su propietario, responde a la progresiva pérdida de vecinos y de vida comercial en el entorno.

Pedro Salamanca, actual titular del negocio, explica que el estanco forma parte de su historia familiar desde 1938. "El estanco lo cogió mi bisabuela María, que vino desde un pueblecito de Huelva, de Beas, en plena Guerra Civil", relata. La mujer llegó con un salvoconducto para cruzar zonas nacionales y republicanas y hacerse cargo tanto del negocio como de la vivienda.

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El propietario, recordando el pasado con fotos antiguas. MANU GARCÍA
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Salamanca, junto al estanco que ha estado abierto desde 1938. MANU GARCÍA

El establecimiento, no obstante, ya funcionaba antes de su llegada. "Ella lo cogió funcionando; era un señor sentado en una silla con un canastito lleno de cigarrillos hechos por él", recuerda Salamanca. A partir de entonces, el estanco pasó a manos de su bisabuela y de sus cinco tías abuelas, que convivían en la casa y asumieron la gestión diaria.

Fueron ellas quienes transformaron aquel pequeño punto de venta en un comercio plenamente integrado en el barrio. "Empezaban a abrir a las cinco o a las seis de la mañana, cuando pasaban los pescaderos, y trabajaban hasta las diez u once de la noche", explica. Con el paso de los años, el estanco se consolidó como "una pieza del vecindario de San Miguel".

La titularidad pasó posteriormente a su madre y, tras su fallecimiento, a él mismo. Sin embargo, el contexto urbano ha cambiado. "Ha sido un proceso poco a poco de pérdida de vecindarios y de clientes", afirma Salamanca, que señala también "la dificultad para aparcar" como uno de los factores que han afectado a la actividad.

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El nuevo establecimiento le hace un guiño al antiguo. MANU GARCÍA
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Un detalle del nuevo establecimiento, en la zona sur. MANU GARCÍA

El propietario apunta además al bajo rendimiento de algunos servicios en la zona. "En el tema de la lotería estamos muy abajo en el ranking de ventas de los puestos de Jerez", explica. Frente a ello, la nueva ubicación ofrece mayores expectativas. "Cuando pienso en esa zona, pienso casi en una vuelta a los orígenes del estanco, a barrios populares y con vida", añade. El nuevo se ubica en la avenida Dr. Santiago Ramón y Cajal.

Salamanca vincula esta situación al impacto del turismo en el centro histórico. "Cada vez hay más alojamientos turísticos y menos vecinos", lamenta. A su juicio, la combinación de casas rehabilitadas sin residentes y edificios abandonados "va perdiendo mucha vida" y termina afectando directamente a los pequeños comercios.

El primer día sin bajar al estanco

A nivel personal, reconoce que la decisión ha sido difícil. "Esta mañana me levanté y en vez de bajar y abrir, tuve que coger el coche. Yon vivo arriba del que acabamos de cerrar. Me sentía raro, como si me estuviera escaqueando del trabajo", confiesa.

Entre los recuerdos asociados al antiguo local, Salamanca rescata una anécdota transmitida por su madre y vinculada a Lola Flores. "Cuando empezaban a ponerse los primeros teléfonos en Jerez, mi bisabuela consiguió uno, y doña Lola Flores se cruzaba el mostrador sin preguntar, cogía el teléfono y decía: ‘Doña María, ¿no le importa que coja el teléfono?’", cuenta. Una escena cotidiana que resume el arraigo del estanco en la historia y la vida social del barrio.

En paralelo, el propietario enmarca el traslado en un contexto más amplio de cambios en el consumo. "El tabaco está muy castigado", afirma Salamanca, que alude tanto a las políticas públicas como a la evolución de los hábitos sociales. "Cada vez hay menos consumidores", señala, una tendencia que obliga a los estancos a buscar nuevas vías de actividad y a apoyarse en otros servicios complementarios para mantener la viabilidad del negocio.

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Francisco J. Jiménez

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