Capear la crisis entre juguetes

Esperanza Gómez, Miguel Ristori y Nela García regentan negocios dedicados al público infantil en el centro de Jerez, donde aguantan en un sector que les obliga a reinventarse constantemente

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La Navidad es temporada alta, por lo que estos días, en vísperas de Reyes, están desbordados. Pero luego llega la cuesta de enero y los meses más flojos. Por eso evitan triunfalismos. Y también porque saben lo que es luchar al frente de un negocio en una ciudad que cuenta con 28.659 parados, según los últimos datos registrados en diciembre de 2017, y que, aunque son 462 menos que en el mes anterior, y 2.544 menos que hace un año, están lejos de dejar de ser preocupantes. Pero Nela, Miguel y Esperanza decidieron un día que querían dejar de engrosar esas listas y, los tres, abrieron el mismo negocio: una juguetería. Aunque cada uno con su sello.

Esperanza Gómez es la propietaria de Ya voy mamá, un negocio que lleva desde 2011 en la plaza del Progreso, donde realiza actividades y talleres infantiles que congregan a pequeños, y no tan pequeños, en un enclave céntrico que rejuvenece gracias a ella. Esperanza, doctora en Bioquímica, cambió radicalmente de ocupación cuando, al albor de la crisis, las inversiones en investigación, a lo que se dedicaba, comenzaron a decaer. “Antes estaba en una empresa de biotecnología de Sevilla, era el mejor trabajo que he tenido, pero incompatible con la vida familiar”, comenta. Por eso, cuando tuvo a su primer hijo, se planteó la vuelta a Jerez. “Cada vez tenía unas condiciones más precarias”, confiesa. Y se le ocurrió la idea de abrir una juguetería, por sus “inquietudes como madre”, y porque trabajaba como doctora “a precio de becaria”, por lo que estaba “quemada”.

Más de seis años después de aquella decisión no se arrepiente en absoluto: “Ahora no podría dejar Ya voy mamá”, dice, aunque no esconde las dificultades a las que se enfrenta por ser autónoma. “Me encanta el contacto con la gente, algo que antes no tenía”, señala como puntos a favor de su actual ocupación, que le permite, por ejemplo, “llevar a los niños al colegio, algo que antes no podía hacer”. Su apuesta por diferenciarse del resto de competidores, apostando por tener juguetes educativos que desarrollen las capacidades de los más pequeños, puede decir que le ha salido bien.

“Nos pilló en plena crisis, y con el centro que me decían que estaba muerto, pero tenía claro que tenía que abrir la tienda aquí, hay que revitalizarlo”, señala Esperanza, para quien “el boca a boca” es fundamental para ir afianzando la clientela, que con el paso de los años “se ha vuelto más sensible y ya busca los productos que ofrecemos para los niños, los padres están más informados”.

Eso también lo sabe Miguel Ristori, propietario de El torreón escondido, una empresa familiar, situada en plena calle Larga, que nació a finales de 2015. “Después de darle muchas vueltas a posibilidades de negocio, la de juguetería educativa me encantó, porque nos diferenciamos”, dice este emprendedor, que ofrece todo tipo de juegos robóticos, científicos y puzles. “Tenía claro que no podía competir con las grandes superficies, por lo que apostamos por el juguete inteligente”, señala Miguel, un licenciado en Derecho que trabajó en programas de formación y empleo y que un día decidió poner en práctica lo que enseñaba a sus alumnos.

“El primer año se invierte mucho, y después de aprender e ir corrigiendo errores, nos hemos ido haciendo con nuestro sitio”, apunta. Desde su experiencia recomienda a los autónomos que “no se crean que las cosas son tan buenas como cuando van bien ni tan malas como cuando van mal”, ya que hay que “tener templanza y la cabeza fría” cuando no salen como se pretende. “Todos los meses estamos investigando para ver con qué innovamos, el autónomo está todo el rato dándole vueltas a la cabeza, yo estoy en playa y estoy cavilando”, dice. Y ese trabajo da sus frutos. Ahora tiene clientes de localidades como San Fernando, Chiclana o Cádiz que vienen a Jerez exclusivamente para acudir a su tienda. Y cuenta una anécdota: “Una madre nos dijo hace poco que su hijo le había pedido un regalo de El Torreón Escondido, le daba igual lo que fuera”.

Nela García abrió Carrusel Juguetes en 2004, primero ubicado en calle Castilla, y desde hace un par de años, en calle Algarve. El cierre de la mítica Juguetería Álvarez llevó a García a intentar cubrir el hueco que dejaba en el centro. Ella, que es originaria de San Martín del Tesorillo, una entidad local perteneciente a Jimena de la Frontera, llegó a Jerez en 1987 para estudiar Turismo. Luego hizo Empresariales y Publicidad y Relaciones Públicas. Pero el "gusanillo" de crear un negocio propio, relacionado con el mundo del juguete, siempre lo tuvo. No obstante, lo lleva en las venas, ya que, cuando apenas tenía nueve años, su familia abrió una juguetería. "Había un nicho de mercado por explotar", dice Nela, que empezó con "un local pequeñito y muchas ganas".

Luego vino la oportunidad de trasladarse a Algarve, al local que antes ocupaba Springfield, gracias al que pudo ampliar la gama de productos y servicios, ya que fue cuando "empezó un Carrusel nuevo", dice ella misma, que asegura que cuentan con "el mayor surtido de marcas y productos prácticamente en toda Andalucía". "Nos vamos adaptando al cliente —señala—, y eso se valora", apunta García, quien añade que desde sus inicios han superado "muchísimos vendavales", los propios de contar con un negocio, y también otros "externos", como la apertura de grandes centros comerciales en el extrarradio de la ciudad. "Afectó mucho, sobre todo por el boom de la novedad, pero el público cuando valora un producto y un servicio, va dónde tú estés".

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