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En una nueva entrega de 'Jerezanos en el exilio', conocemos a Jesús Navas y a Marta Fuentes, dos jóvenes que decidieron marcharse en 2010 a Inglaterra hartos de no sentirse valorados y de vivir a base de trabajos precarios. Tras cinco años, no sólo han aprendido el idioma y han encontrado un trabajo estable, sino que ya están empezando a prosperar e incluso han formado una familia.

Una idea, una decisión, un sueño cumplido. Jerezanos en el exilio conoce la historia de Jesús y Marta, una pareja que en 2010 decidió hacer las maletas para poner rumbo a Inglaterra ante las pocas perspectivas laborales que veían en la ciudad y, en general, en una España que empezaba a notar con virulencia los efectos de la crisis económica.

A Jesús Navas (Jerez, 1982) quizás lo recuerden, cámara al hombro de un lado para otro cubriendo ruedas de prensa y diferentes actos por toda la ciudad. Técnico especialista en Imagen y Diseño Gráfico, trabajaba como reportero gráfico para un rotativo local con la sensación de no estar bien valorado en la empresa, con un salario raquítico y largos turnos de trabajo. 

Su pareja, Marta Fuentes (Jerez, 1984), licenciada en Ciencias del Trabajo y con un Máster en Prevención de Riesgos Laborales con la especialidad en Ergonomía, tampoco se sentía muy a gusto con su situación profesional. Después de haber acabado su diplomatura y de haber hecho decenas de cursos, sólo conseguía encontrar trabajos por obras y servicios. 

Es por eso que en mayo de ese 2010, y tras empezar a vivir en pareja, empezaron a surgir conversaciones en las que se planteaban la posibilidad de marcharse fuera de España, lanzarse a la aventura como estaban haciendo miles de jóvenes. “Llevaba años con la hormiguilla de formarme fuera de España pero por comodidad y miedo no lo había hecho aún”, señala Marta. 

Tras comentarlo con sus familiares y amigos y recibir su apoyo, compraron dos billetes de ida con destino a Birmingham, la segunda ciudad más poblada de Inglaterra. “La elegimos por su gran abanico de ofertas académicas, su proximidad a ciudades tan importantes como Londres, Liverpool, Manchester y Bristol, y por ser una ciudad grande pero muy asequible”, señalan los jóvenes, que en principio fueron con la idea de aprender inglés, aprovechando que tenían bastante dinero ahorrado.

Una vez instalados en la ciudad comenzaron a echar currículos por diferentes bares y restaurantes de la ciudad, lugares donde no tienes por qué tener un buen nivel de inglés para poder trabajar aunque sea como friegaplatos. El hecho de que por entonces no hubiera gran cantidad de inmigrantes (tanto españoles como del resto de Europa) favoreció que en seguida los llamaran de un restaurante español. Sin embargo estuvieron poco tiempo, sólo un mes.

"Trabajar duro tiene su recompensa, y que valoren tu trabajo en un país que no es el tuyo es una infinita alegría”

“Si algo nos había empujado a esta aventura era la falta de empatía entre empresario y trabajador que habíamos sufrido en España y fue por eso por lo que decidimos dejar el restaurante. Habíamos comprobado en nuestras propias carnes, como novatos que éramos, la falta de humanidad por parte del gerente del negocio y no íbamos a consentir que nos pisaran de nuevo. Esta ciudad nos tenía que dar grandes cosas y no más de lo mismo”, explica Marta. De hecho, dejaron dicho trabajo porque ya habían encontrado un mejor empleo en uno de los hoteles más grandes de la ciudad.

“Empezamos limpiando habitaciones. Fue un trabajo bastante duro, porque debíamos hacer entre tres y cuatro habitaciones por hora, pero como casi todo en la vida, trabajar duro tiene su recompensa y que valoren tu trabajo en un país que no es el tuyo es una infinita alegría”. Así, poco después Marta pasó al restaurante y Jesús empezó a trabajar de conserje. El contacto directo con compañeros de trabajo y clientes favoreció un mejor y más rápido aprendizaje del idioma, algo fundamental para prosperar en Reino Unido. De esta manera, tras cinco años, ahora compaginan su trabajo en el hotel con lo que realmente “nos gusta y apasiona”. Marta da clases de español, se ha formado en un curso básico de lenguaje de signos inglés y próximamente empezará a colaborar con el departamento de cuentas del negocio de una amiga, además de empezar en septiembre un curso de contabilidad. Por su parte, Jesús, está empezando a montar su propio negocio de fotografía mientras realiza trabajos por encargo.

Eric, una nueva ilusión

Que se han amoldado perfectamente a Birmingham -“una ciudad muy industrial pero a la vez muy cosmopolita, con una gran multiculturalidad y bastante fiestera”- lo dice el hecho de que hace dos años decidieron formar una familia. “Teníamos estabilidad y nos apetecía tener un hijo. A veces pensábamos en tenerlo cuando volviésemos, pero nos devoraba la idea de no volver nunca y que al final fuese demasiado tarde”, señala Marta. Dos años después de dar a luz a Eric, Marta considera que “no nos equivocamos. Eric nos ha cambiado la vida. El embarazo y la maternidad aquí se vive diferente, la mujer es la protagonista y junto a su pareja se deciden cosas tan importantes como cómo y dónde tener a tu bebé. Algo maravilloso aquí es que intentan tener presente la conciliación laboral en la mayoría de las empresas. Por ejemplo, la maternidad dura un año y todas las mujeres durante esos meses ganan el salario mínimo, independientemente de su trabajo. A la hora de la incorporación después de la maternidad, preguntan a la madre cuántas horas quiere trabajar y cuántos días”.

Preguntados sobre la posibilidad de volver a España en un futuro cercano, responden que “la vemos muy difícil”. “A pesar de lo duro que es criar a un hijo sin que nadie te eche una mano y la pena en el corazón que tenemos porque nuestro hijo se críe sin familia alrededor, la inseguridad que nos transmite España a nivel laboral hace que nuestra ganas de seguir en este país que nos ha dado tanto sean cada vez mayores, además sabiendo que nuestro hijo será bilingüe”. 

De esta manera, la única posibilidad que barajarían para volver a España es que uno de los dos encontrara un buen trabajo que les permitiera vivir “cómodamente como lo hacemos aquí en Birmingham”. Lamentablemente, no creen que esa hipotética ciudad española fuera Jerez. “Tal y como se encuentra hoy en día pensamos que no nos dará dicha oportunidad, aunque ojalá que no sea así. Es un poco injusto estar preparándote durante años para poder conseguir una estabilidad laboral y ver como tu esfuerzo no ha merecido la pena, al menos en tu país. Nosotros fuimos aventureros de nuevas experiencias, pero con los años nos hemos convertido en emigrantes forzados por la falta de oportunidades que nos ofrece nuestra ciudad y nuestros país”.

Por último, entre las cosas que más destacan a favor de Inglaterra es que en estos casi cinco años “hemos podido comprobar lo bien que les caemos los españoles a los ingleses y el respeto que nos tienen, y a pesar de los tópicos, cuando rompen el hielo son grandes y buenos amigos, aunque un poco locos”, afirma Marta con humor. Y entre las cosas que más echan de menos, lógicamente el sol, la comida “de mami”, una vuelta por el centro y una buena cerveza en compañía de amigos”. 

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