Dejan claro que puede que sea un adiós temporal, pero también no ocultan que desde que abrió sus puertas, la pizzería se ha convertido en una aventura tan gratificante como esclava para Julia y Tomás, dos jerezanos que emprendieron un negocio hostelero y que han acabado cerrándolo porque les mantenía "sin vida".
En la avenida Nazaret, en Jerez, Guti Pizzas se había hecho con una recurrente clientela en sus diferentes etapas, pero ahora sus propietarios han decidido que mejor aparcar el proyecto para ganar salud y espacio para su vida personal. Con masas artesanas y mucha calidad, el negocio ha parado por ahora de sacar pizzas de su horno.
Todo empezó con una "idea loca"
El matrimonio relata que el proyecto nació con “toneladas de cariño” y la ilusión de alcanzar una meta que, finalmente, no pudieron alcanzar. La iniciativa, surgida de una “idea loca” y con la intención de ofrecer solo reparto a domicilio, comenzó en octubre de 2024 después de que un local cercano a su casa quedara libre. Contra la mala fama del espacio y pese a mantener sus trabajos originales, se lanzaron a emprender en un terreno completamente nuevo para ellos.
Tras un inicio “tímido pero esperanzador”, el círculo de clientes se amplió y llegaron las peticiones para comer en el local. Para finales de noviembre ya ofrecían desayunos, almuerzos y meriendas, una carga que se prolongó hasta junio y que absorbió por completo su tiempo. "No teníamos tiempo para nada de nuestra "otra vida", y es que Guti Pizzas lo absorbía todo (recordad que llevamos adelante también otros proyectos desde hace años)", han recordado en su mensaje de despedida.
La pareja explica que soñaron con dejar a alguien encargado, pero pronto toparon con la realidad: altos costes energéticos, alquiler, impuestos, contratación de personal y demás gastos imposibilitaban ese paso. En junio del año pasado decidieron volver a la idea inicial: abrir solo fines de semana y por la noche.
Otro giro de guion
Una vez más, han relatado, "la realidad hizo su acto de presencia. Un revés en términos de salud nos posicionó aún más en la realidad y se nos planteó una pregunta: ¿que estábamos haciendo con nuestra vida? Más cerca de los 50 que de los 40 sin descansar ni un sólo día al completo. Es decir, esclavos para obtener unas monedas extras a final de mes... Decidimos que no era sano esto, no. Sobre todo, cuando Guti nació de una ilusión más que de una necesidad".
En este punto, han abundado en el adiós, "si teníamos claro que Guti (tal y como estaba constituido) no nos hacía falta ¿para qué seguir con algo que nos alejaba más de la calidad de vida que tanto nos había costado construir?". "Por supuesto —han ultimado—, echamos mucho de menos a Guti, nos encanta hacer pizzas y extrañamos mucho a los clientes, esos que ya se vuelven casi amigos, de los que nada más entrar en vez de pedir bebidas te dicen ¿cómo estáis? ¡Añoramos mucho eso! Así que ahí andamos... dándole vueltas al coco de como volver a hacer pizzas sin que ello implique "hipotecar" nuestro tiempo más allá de lo necesario. Esperando volvernos a ver pronto, os saludan con cariño, Julia y Tomás".


