Fundada en 1948 como tienda de radios y televisores, lleva cuatro décadas en Lancería dedicado a la venta de instrumentos musicales. Ahora, la segunda y tercera generación familiar gestiona el negocio.

Más de uno se sobresaltó al ver obras en el número 12 de la calle Lancería y el anuncio de la instalación de una nueva franquicia donde desde hace más de 40 años se encuentra uno de los establecimientos históricos de Jerez. Abrines Música no echó el cierre, pero sí ha alquilado la mitad de su tienda para resistir los últimos coletazos de la crisis, esos que también obligaron a dejar su segundo local de la calle Rosario. “A veces hace falta dar un paso atrás para luego dar dos adelante”, dice Federico Abrines Fernández (Jerez, 1957), treinta y tres años en el comercio que abrió su padre, el recordado Federico Abrines López, número 1 además del Xerez Deportivo y de la hermandad de Jesús Nazareno, fallecido el pasado mes de abril.

Los orígenes de Abrines se remontan a 1948, cuando el por aquel entonces veinteañero Federico se dedicaba a la venta de electrodomésticos, sobre todo radios y, más adelante, televisores. De hecho, en su primera tienda del número 14 de la calle San Miguel se vendió la primera televisión que hubo en Jerez, de la marca Askar. Las colas de vecinos y curiosos para ver, a través del escaparate, lo que proyectaba en blanco y negro aquel aparato se hicieron famosas, y eso que únicamente transmitía la carta de ajuste de la cadena pública portuguesa, ya que en toda España solo Madrid y Barcelona disponían de cobertura local de televisión. Luego, las primeras ventas conllevarían la instalación de antenas en los hogares. “Mi padre se jugaba la vida subiéndose a los tejados”, recuerda su hijo. Años después, las radios, los tocadiscos y las televisiones fueron dando paso, poco a poco, a las guitarras, las flautas, los violines... En la década de los 70 del pasado siglo el negocio, ya consolidado como especializado en instrumentos musicales, se instala definitivamente en Lancería.Abrines “surgió de la nada. Mi abuelo era procurador, así que no tenía nada que ver su trabajo con el negocio de mi padre”, explica Federico, que en principio no tenía intención de trabajar en la tienda. “Estudié para delineante, luego hice la mili y después, mientras buscaba trabajo, mi padre me dijo que echara una mano aquí. Y aquí me acabé quedando”. Desde entonces, presume que siempre ha llevado a gala una cosa que le enseñó su padre para que el negocio prosperase: la “honradez”. “Lo llevo a rajatabla. El libro de reclamaciones lo tengo en la hoja cero porque no se ha puesto ninguna”. Ayudar al cliente, aconsejarlo y darle facilidades en sus compras son otros factores clave. “Nosotros nos peleamos con los distribuidores para que atiendan las necesidades de todos nuestros clientes”.

Por Abrines han pasado decenas de promociones del conservatorio municipal, músicos y artistas en general y más de una cara conocida buscando algún instrumento en especial. Aquí trabajan con las mejores marcas, como Yamaha, Kawai, Alhambra... “Incluso personalizamos los instrumentos o se les ajusta por un lutier según sus necesidades”, dice Federico, que cumple con aquella máxima que dice que “en casa del herrero, cuchara de palo”, ya que no toca ningún instrumento. “No tengo tiempo para aprender. Necesitaría muchas horas, pero no me las permite el negocio. Pero conozco a la perfección cada instrumento, sea de metal, viento, percusión…”. De hecho, afirma que marcas como Yamaha les imparten cursos para darles a conocer los conocimientos técnicos de sus instrumentos, para que ellos, a su vez, puedan explicárselos a sus clientes. Así que Federico encuentra en la fotografía su forma de evadirse del día a día. Conocido por haberse especializado en la fotografía ‘semanasantera’, suyos son hasta seis carteles oficiales de la Semana Santa de Jerez (1987, 1991, 1994, 1996, 2000 y 2005) y uno del Corpus, el de 2014.Y con la vista puesta en los 70 años de Abrines, que se cumplirán en 2018, la tercera generación ya se acaba de incorporar al negocio en la persona de Federico, de 21 años, nieto del fundador. “Ha empezado como yo, mientras le sale algo aquí está”, dice su padre, convencido de que también acabará siguiendo sus pasos.

Sobre el autor:

Jorge Miró

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