La Universidad de Sevilla ha lanzado una advertencia sobre una nueva amenaza que se cierne sobre Parque Nacional de Doñana: la expansión invasora de la retama blanca, una especie que está colonizando rápidamente las dunas cercanas a la desembocadura del Guadalquivir. El estudio, difundido con motivo del Día Internacional de los Bosques que se celebra el 21 de marzo, revela que esta planta se está extendiendo a una velocidad “extremadamente alta”, generando un impacto significativo en uno de los ecosistemas más sensibles del país.
La investigación, desarrollada por el Departamento de Biología Vegetal y Ecología, pone el foco en cómo esta expansión está alterando la vegetación característica del entorno, dominada por bosques abiertos de enebros y sabinas, un hábitat protegido por la Unión Europea.
Un avance silencioso que transforma el ecosistema
La proliferación de la retama blanca —cuyo nombre científico es Retama monosperma— no es un fenómeno reciente. Según el estudio, su crecimiento se ha producido a lo largo de los últimos 30 años a partir de unos pocos ejemplares que fueron plantados con fines ornamentales por guardas en las proximidades de sus huertas a finales de los años 90.
Desde entonces, la especie ha logrado expandirse de forma progresiva gracias a la acción de animales herbívoros, que dispersan sus semillas tras alimentarse de sus frutos. Este proceso ha permitido que la retama colonice las dunas formadas durante el último medio siglo.
El trabajo, liderado por el investigador Juan Baustista Gallego Fernández, ha identificado y medido más de 22.420 individuos, lo que representa un 60% del total existente, evidenciando la magnitud del problema. Uno de los factores clave de su éxito es su alta plasticidad ecológica, que le permite adaptarse a condiciones extremas. Entre sus características destacan su eficiencia fotosintética en periodos de sequía, su capacidad para mantener agua en situaciones de estrés y su adaptación a los cambios estacionales.
Arranque manual y difícil erradicación
Los expertos señalan que la expansión de esta especie está directamente relacionada con la fauna del entorno. Ciervos, gamos, jabalíes, liebres y conejos contribuyen a su dispersión al ingerir sus frutos y distribuir las semillas a través de sus excrementos.
“La única manera de evitar la expansión de la retama es arrancarla, al menos en los lugares en los que está entrando”, asegura Gallego. Sin embargo, la erradicación no es sencilla, ya que las semillas que permanecen en el suelo continúan germinando con facilidad. En la misma línea, la investigadora Mª Cruz Díaz Antunez-Barradas explica que el equipo sigue analizando cómo avanza la especie y cuál será su evolución futura dentro del parque.
Otro aspecto relevante del estudio, financiado por Parques Nacionales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, es la capacidad de la retama para fijar nitrógeno atmosférico, lo que incrementa la fertilidad de unos suelos tradicionalmente pobres.
Este fenómeno puede favorecer el crecimiento de otras especies, pero también alterar el equilibrio natural del ecosistema, modificando tanto la composición como la cantidad de biomasa presente en el terreno. Los investigadores concluyen que comprender en detalle la dinámica de expansión de la retama blanca es fundamental para diseñar políticas de conservación eficaces en ecosistemas dunares mediterráneos, especialmente en un contexto de cambio climático que favorece la expansión de determinadas especies.
