El bailaor granadino Rafael Amargo ha vuelto a situarse en el centro de la atención pública, pero esta vez no por su arte, sino por la dura experiencia personal y judicial que ha atravesado. El bailaor recuerda el proceso que lo llevó a prisión acusado de tráfico de drogas y del que finalmente fue absuelto, un capítulo que marcó su vida y su carrera.
Tras superar su última crisis de salud, una inflamación de colon que lo tuvo ingresado y le hizo perder ocho kilos, ha asegurado en una entrevista con ¡Vaya fama! que se siente "en peligro". "Si me ven muerto en una cuneta, ya sabéis por lo que ha sido", advierte el artista.
"Yo no quiero acusar a nadie, pero no me están haciendo la vida nada fácil". La sinceridad de sus palabras revela el peso de años de hostigamiento mediático y dificultades personales que, asegura, han puesto en riesgo tanto su salud física como emocional.
Vetado en programas
Amargo también denuncia que "muchos programas de televisión" le han tenido "vetado" o "cancelado" porque persiste la desconfianza sobre su inocencia. "Yo voy por la calle y todavía hay gente que se sorprende de que esté libre, porque en la televisión no ha interesado contar que he sido absuelto", explica.
El artista relata con crudeza cómo la combinación de acusaciones y presión mediática afectó su vida diaria. "He llorado mucho y con mucha rabia. He sido víctima de un delito provocado. He estado cinco años en un sofá porque me han quitado el pasaporte. He sido víctima también de todo tipo de habladurías que eran falsas", confiesa. La enfermedad que lo llevó al hospital y la pérdida de peso son solo la manifestación física de un periodo marcado por la tensión y la injusticia percibida.
El precio de la fama y la resiliencia
Rafael Amargo recuerda que siempre ha sido "un artista que se gana la vida con su arte" y reconoce que tuvo "una etapa oscura porque tenía mucho dinero", pero asegura que eso no justifica el trato recibido. Con estas palabras, el bailaor busca visibilizar no solo su experiencia judicial, sino también la dificultad de reconstruir su carrera y su vida en un entorno mediático que, según denuncia, sigue siendo hostil.
En medio de la polémica, Amargo muestra que la resiliencia y la pasión por su trabajo siguen siendo su motor, aunque advierte que las cicatrices de estos años todavía pesan y que su sensación de peligro es real, una advertencia que obliga a mirar más allá del espectáculo y reconocer las dificultades que viven quienes han enfrentado la justicia y la exposición pública al mismo tiempo.
