La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ha remitido a la juez que instruye el siniestro ocurrido el 18 de enero en Adamuz (Córdoba), en el que fallecieron 46 personas, un informe en el que atribuye el origen del descarrilamiento del tren Iryo y su posterior colisión con un convoy Alvia a la existencia de una rotura en el carril de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. El documento, elaborado tras un análisis exhaustivo de las grabaciones internas del tren, refuerza la principal hipótesis que ha guiado la investigación desde sus primeras fases.
El informe, no obstante, subraya su carácter provisional y advierte de que los resultados pueden modificarse en función de nuevos hallazgos que surjan durante la instrucción. En este sentido, la comisión señala que todavía podrían incorporarse elementos adicionales que obliguen a revisar las conclusiones preliminares. Entre las diligencias pendientes, se encuentra la autorización solicitada a la jueza de Montoro para la contratación de un laboratorio externo especializado en ensayos metalográficos, destinado a analizar el carril y la soldadura que se consideran potencialmente implicados en el fallo estructural.
En paralelo, el presidente de la CIAF, Íñigo Barrón, explicó en el Senado que el organismo continúa a la espera de esa autorización judicial para poder avanzar en el estudio técnico externo. Durante su intervención en la comisión parlamentaria que investiga tanto el accidente de Adamuz como otro ocurrido en Gelida, detalló el estado de las actuaciones en curso y la necesidad de completar los análisis especializados sobre la infraestructura ferroviaria afectada.
El informe
El nuevo informe se apoya en información procedente de once fuentes distintas, entre ellas las imágenes registradas por las cámaras de circuito cerrado instaladas en los ocho vagones del tren Iryo. A partir de ese material audiovisual, los investigadores han reconstruido la secuencia de los hechos mediante múltiples fotogramas que permiten seguir la evolución del siniestro con precisión temporal.
Según el análisis, en el coche número 6 se sitúa el inicio del descarrilamiento, mientras que en el coche número 7 se aprecia que, al paso por el punto kilométrico donde se habría producido la rotura del carril, comienza una vibración asociada a la salida de la vía. En ese momento, el tren circulaba a una velocidad de 207 kilómetros por hora. El informe también indica que no se han detectado anomalías en ninguno de los trenes implicados hasta el segundo 19:43:33, instante en el que se produce el descarrilamiento.
