La Psicología se ha armado de sus más eficientes estrategias tras el brutal accidente de los dos trenes en Adamuz (Córdoba) para luchar contra el estrés postraumático que se avecina, pues más allá de las primeras 40 víctimas mortales de las que se tiene constancia, hay un reguero de otras víctimas que tendrán complicado superar el impacto de haberse visto a las puertas de la muerte, o haber visto a otros, o haber sentido el terremoto desde vagones más afortunados.
Por otro lado, también están los familiares, tanto de los fallecidos como de los supervivientes. Y “no hay receta general” porque “lo peor es la incertidumbre” y “todo depende de la persona, pues cada cual puede tener una respuesta diferente ante la misma tragedia en función de cómo ha vivido el siniestro, más cerca o más lejos”, según apunta el doctor en Psicología Sanitaria Juan Miguel Sánchez, trabajador en el único hospital andaluz, en Málaga, del que dispone la cadena madrileña de hospitales privados HM.
Según el doctor Sánchez, se hace necesaria en estos primeros días “una triple ayuda”, aunque la más importante es la primera, la “del adecuado apoyo familiar, que consiste simplemente en acompañar”. “Muchas veces intentamos ayudar a un familiar afectado en estas circunstancias diciéndole que haga esto o lo otro, y lo más importante ahora mismo es saber escuchar, demostrar que simplemente estamos aquí”, aconseja el psicólogo. “Hay que preguntar más que guiar”.
Para el experto en Psicología sanitaria, las otras ayudas son “el apoyo profesional cualificado y también, dependiendo de la persona, el apoyo de las instituciones públicas, no solo las sanitarias, sino también de la empresa ferroviaria, por ejemplo, que es fundamental que demuestre cercanía en todo lo ocurrido”.
La “protección” del cerebro
El doctor Sánchez recuerda que, en muchas ocasiones, “son las propias víctimas las que tranquilizan a sus familiares” y, al margen de las diferencias de tratamiento que requieren víctimas y sus familias, la diferencia mayor “se da entre pasajeros que han sobrevivido al impacto principal y otros que iban en otros vagones”. “Lo peor es la incertidumbre”, insiste el psicólogo, que recuerda que “muchísimas veces el cerebro se protege y se encapsula, se bloquea”. “Puede notarse un distanciamiento personal y emocional”, apunta Sánchez, que habla asimismo de “amnesia como otra forma de protegerse que puede tener cada individuo” ante un golpe psicológico tan tremendo.
Las secuelas inmediatas más comunes tras sufrir un accidente de estas características son “la ansiedad, los ataques de pánico, los problemas para conciliar el sueño o incapacidad para recordar lo más importante”, insiste Sánchez, aunque todo ello “se enmarcaría en el trastorno del estrés postraumático, que es lo más frecuente cuando hay una tragedia de este tipo, inesperada y violenta”.
Es posible, por otra parte, que muchas víctimas sobrevivientes sufran ahora incapacidad para tener experiencias afectivas o amorosas o situaciones de ira. Pero, según los expertos, el más adecuado criterio es “esperar al menos un mes”. En cualquier caso, siempre de forma voluntaria, no sería mala idea sugerir que familiares o víctimas “pasen un chequeo de salud mental”, pero “siempre de forma voluntaria, sin forzar”, porque “obligar a ir al psicólogo en una situación tan delicada como esta puede empeorar el asunto”. Lo importante, de entrada, es escuchar y acompañar, “y ya la persona irá pidiendo otro tipo de ayuda”. En Psicoterapia es frecuente ayudar a través de terceros, no directamente con las víctimas afectadas.
El psicólogo Juan Miguel Sánchez, que huye de etiquetas por formar parte de “un enfoque sistémico”, prefiere no hablar de siderodromofobia (miedo irracional a viajar en tren) o tacofobia (miedo a la alta velocidad), sino de “miedo o fobia a secas”, pues hasta cierto punto es normal “esa sensación de miedo de pasar por el punto accidentado otra vez en el tren”, aunque si alguien quiere afrontar eso, “lo mejor es que acuda a un profesional para desarrollar aproximaciones sucesivas”, que consiste en empezar con estímulos que provoquen poca ansiedad, “como, si se estaba acostumbrando a recorridos de larga distancia, pues empezar con cercanías”. “El hecho de que la persona se sienta comprendida y no un bicho raro ya empieza a ayudar”, insiste Sánchez.
La sorprendente capacidad de los niños
Los psicólogos hablan de “duelos distintos”, pero todos “necesarios”, como “la comunicación del duelo”. Muchas veces sorprende cómo elaboran el duelo los más pequeños, “que piensan que los fallecidos están en el cielo con una sonrisa”. “Los niños tiene una capacidad que nos sorprende”, insiste el psicólogo Sánchez, si bien avisa de que, “para comunicar una mala noticia, hay que personalizarla mucho y dosificarla, planificarla y saber cómo es el niño en cuestión”. La clave está en escuchar primero, antes de decidir, pues al hilo de la práctica general en Psicología moderna, “no existen las respuestas únicas, sino siempre personalizadas”.
