El antiguo cementerio de San José, en Cádiz, vive estos días una transformación que combina maquinaria pesada, silencio y memoria. Durante la visita institucional encabezada por el alcalde, Bruno García, y el teniente de alcalde delegado de Urbanismo y vicepresidente de Cemabasa, José Manuel Cossi, el lugar mostraba una imagen singular: excavadoras trabajando entre muros históricos, el sonido del viento que llega desde la playa y la calma solemne que aún define este espacio, rodeado por nuevas construcciones y por las pocas casitas bajas que permanecen junto al camposanto.
El alcalde definió la actuación como una de las más relevantes del actual mandato. "Esta era una de las obras más simbólicas que nosotros queríamos visualizar", señaló ante los medios, agradeciendo el trabajo de los técnicos municipales y de Cemabasa. "Nos comprometimos a que lo cerraríamos con todo el respeto del mundo y eso es lo que estamos haciendo", afirmó, insistiendo en que cada paso se está dando "con memoria" y con la voluntad de avanzar en un proyecto que considera fundamental para la ciudad.
Las obras que acaban de comenzar contemplan el vaciado de unos 90.000 restos que permanecen bajo el suelo del antiguo cementerio, distribuidos en alrededor de 3.200 fosas, unos 700 osarios y dos fosas comunes. El proceso, explicó el equipo técnico, no se limita a una intervención mecánica convencional, sino que responde a una planificación estudiada durante años. "Llevamos mucho tiempo estudiando cómo desalojar los cerca de 90.000 cuerpos que nos quedan debajo de nuestros pies", explicó el aparejador Valentín Pardo, autor del proyecto de vaciado.
El alcalde insistió en que el traslado al Cementerio Mancomunado de Chiclana se hará "con el máximo respeto", recordando que la ciudad tenía pendiente cerrar este proceso. "Una vez cumplidos todos los plazos que esta ciudad tenía con la memoria y el respeto de las personas que han estado aquí enterradas, teníamos que seguir avanzando", dijo. Según detalló, el vaciado ya ha sido adjudicado y se inicia ahora con un plazo estimado de seis meses, mientras se ultiman los detalles del futuro parque que ocupará el espacio.
José Manuel Cossi subrayó la complejidad técnica de una intervención de estas dimensiones y la ausencia de referencias similares. "Supone un reto bastante grande poder trasladar con la máxima delicadeza y con la máxima dignidad", afirmó, explicando que antes de decidir el sistema definitivo se realizaron pruebas piloto para comprobar el estado real de las sepulturas. "No hay mucha referencia del traslado de un cementerio de estas dimensiones a otro espacio", añadió, destacando que la maquinaria elegida permitirá separar los restos sin desplazar grandes cantidades de tierra.
El director técnico explicó que la mayoría de las tumbas de suelo presentan estructuras muy sólidas, algunas a más de dos metros de profundidad y con varios cuerpos superpuestos. "La sorpresa nuestra fue que muchas estaban muy bien ejecutadas", relató, aunque también advirtió de la existencia de zonas más frágiles que obligarán a trabajar a cielo abierto. La tierra extraída pasará por una gran cribadora instalada dentro del recinto, capaz de separar arena limpia y restos óseos, que serán trasladados en camiones cubiertos al cementerio de Chiclana.
Los técnicos insistieron en que el proceso se realizará con una sensibilidad especial. "No queremos entrar como un elefante en una cacharrería", señaló Valentín Pardo, remarcando que solo personal autorizado manipulará los restos humanos. El arqueólogo municipal, José María Gener, recordó además que existe un registro detallado de las personas enterradas desde la fundación del cementerio y que esos nombres ya figuran en un monumento conmemorativo en el camposanto mancomunado, donde se preserva la memoria de los inhumados.
Mientras avanzan las obras, el Ayuntamiento trabaja también en la reubicación de las colonias de gatos que habitan el recinto, para las que se prepara una alternativa en una parcela próxima a la Zona Franca. “Estamos cuidando algo también que le importa a la ciudadanía", afirmó Bruno García. El presupuesto destinado a las obras de vaciado del antiguo cementerio de San José asciende a 700.000 euros, una cifra que, según el Ayuntamiento, permite abordar una intervención considerada especialmente compleja por la dimensión del recinto y el volumen de restos que deben trasladarse.
El proyecto de un gran parque
En paralelo al vaciado, la Oficina Técnica de Urbanismo trabaja en el diseño del futuro parque que ocupará el espacio una vez concluyan las actuaciones funerarias. La idea municipal es crear un gran espacio abierto a la ciudad, con zonas verdes, áreas de uso dotacional y un lugar dedicado a la memoria, manteniendo la capilla existente como elemento simbólico del conjunto. El proyecto, según han explicado sus responsables, busca integrar este enclave junto al mar con el barrio de San José y transformarlo en un entorno pensado para el uso ciudadano.
El nuevo parque tendrá vocación de bosque urbano, con especies vegetales adaptadas a las condiciones del entorno, marcado por la cercanía a la playa y la presencia constante de vientos. La intención municipal es que, tras el vaciado, la demolición de los muros y el inicio de las obras del parque se produzcan de forma encadenada.
El alcalde anunció reuniones con vecinos para presentar el diseño y recoger propuestas. El proyecto busca convertir este enclave junto al mar en un nuevo espacio público donde Cádiz abra definitivamente las puertas de un lugar que durante tres décadas permaneció cerrado tras su clausura.
