El 29 de marzo de 1986, la localidad almeriense de Purchena registró uno de los sucesos más impactantes de su historia reciente. María Angustias Carreras, de 73 años, fue hallada muerta en su vivienda, donde residía sola.
Según los datos recogidos en la publicación, la mujer presentaba signos de haber sido agredida sexualmente antes de ser asesinada. El cuerpo apareció sobre su cama y, de acuerdo con la información difundida, los agresores eran personas conocidas por la víctima.
La investigación avanzó con rapidez. Al día siguiente del crimen, fueron detenidos dos jóvenes de la misma localidad, de 25 y 22 años. Uno de ellos mantenía una relación cercana con la víctima, mientras que el otro contaba con antecedentes por un intento previo de agresión sexual.
Detenciones y tensión vecinal
El suceso provocó una fuerte reacción entre los vecinos de Purchena. La identificación de los presuntos autores, ambos residentes en el municipio, intensificó el malestar social en los días posteriores al crimen.
Según se recoge, un grupo de vecinos solicitó la expulsión de las familias de los detenidos. La tensión se mantuvo elevada mientras avanzaban las diligencias judiciales y se conocían más detalles sobre el caso. Tras su detención, ambos jóvenes ingresaron en el penal provincial de Almería, que en ese momento presentaba una ocupación muy superior a su capacidad.
La muerte de los detenidos en prisión
Menos de dos semanas después del crimen, en la madrugada del 11 de abril de 1986, los dos detenidos fueron encontrados muertos en su celda. Según la información difundida, habrían utilizado tiras fabricadas con mantas, sujetándolas a los barrotes. Cuando los funcionarios accedieron al lugar, uno de ellos aún estaba con vida, aunque no pudo ser reanimado. Ambos habían solicitado protección al ingresar en prisión por temor a represalias de otros internos.
Antes de su fallecimiento, dejaron una nota manuscrita en la que se declaraban inocentes, pese a haber reconocido previamente su implicación ante el juez y la Guardia Civil. Esta circunstancia añadió incertidumbre al caso. Tras confirmarse el fallecimiento, los cuerpos fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de San José, en Almería. El crimen y sus consecuencias marcaron a la localidad, donde el caso quedó asociado a un periodo de profunda conmoción social.



