'Fit Gipsy Dance' con las bailongas de la Puntilla que "se lo pasan bomba" en El Puerto

La bailaora portuense Luisa Lojo formó este grupo compuesto por unas 35 personas cuando irrumpió la pandemia para poder continuar con las clases al aire libre de esta disciplina que no incorpora saltos ni impactos agresivos

Las bailongas de la Puntilla en una de sus clases frente a la playa en El Puerto.
Las bailongas de la Puntilla en una de sus clases frente a la playa en El Puerto. MANU GARCÍA
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Hace una mañana espléndida. Los rayos de sol mañaneros rozan a un grupo de mujeres que ya están listas para mover el esqueleto. Con vistas a la playa de La Puntilla, en El Puerto, se disponen a hacer ejercicio para empezar el día con buen pie. Suena “una lágrima cayó en la arena” y los mantoncillos que llevan atados a sus cinturas se balancean.

“Que arte hija, que arte”, dice un hombre que caminaba por el paseo. Los vecinos que pasan por delante de ellas no pueden evitar sonreír al ver a estas mujeres que desprenden alegría desde la tarima ubicada a la altura del Polideportivo municipal. Se hacen llamar las bailongas de la Puntilla y acaban de comenzar su tercera temporada. “Aprieta barriga”, anima Luisa Lojo que guía la coreografía entre palmas.

Esta portuese de 43 años, bailaora de flamenco, comenzó a dar sus clases al aire libre cuando la pandemia azotó al mundo, hace unos dos años. “En la academia donde estaba se quedó todo parado, muchas asociaciones decidieron no abrir y me quedé sin poder dar clases”, recuerda Luisa que lleva bailando desde que tenía cuatro años.

Una clase con Luisa Lojo en el paseo de La Puntilla.
Una clase con Luisa Lojo en el paseo de La Puntilla.   MANU GARCÍA

A su hermana se le ocurrió que podía continuar al aire libre, y, como no le pareció mala idea, se lo propuso a las alumnas de varias asociaciones. “Hicimos una prueba, gustó y cada noche les decía: mis bailongas, ¿nos vemos mañana?”, cuenta a lavozdelsur.es. Pronto, empezaron a reunirse con regularidad y formaron este grupo con logo personalizado al que los transeúntes no quitan ojo.

Según explica la bailaora, “cuando empezó a moverse el turismo, nos echaban fotos y todo”. Para ella, “lo más bonito es ver a parejas de personas mayores que dan su paseo y se sientan a aplaudirnos”. De alguna forma les alegran con sus pasos y sienten que realizan “una labor social” con sus bailes.

La bailaora profesional enseña una nueva coreografía.
La bailaora profesional enseña una nueva coreografía.    MANU GARCÍA

A Luisa le corre por las venas la danza. De culo inquieto, se ha recorrido medio mundo al compás de una guitarra tras formarse en Sevilla y en Madrid. Con 21 años se mudó a la capital hispalense y, posteriormente, empezó a bailar con una formación en Japón, Emiratos Árabes o Italia hasta que hace cuatro años volvió a su tierra. Fue en ese momento cuando se preparó como instructora de Fit Gipsy Dance, disciplina deportiva nacida en Cádiz en la que ha alcanzado el nivel oro.

Esta fusión entre flamenco y ejercicios aeróbicos tiene enganchadas a unas 35 personas desde los 40 y hasta los 70 años. “En pandemia tenía a gente mucho más joven porque los gimnasios estaban cerrados. No quiero que se encasille como una actividad de señoras”, comenta.

"Sin saltos ni golpes"

El Fit Gipsy Dance es apto para todos los públicos gracias a que no hay impactos agresivos para las articulaciones. Rumbas, tanguillos, alegrías, bachata aflamencada, bulerías. Durante las clases, el grupo baila los principales palos del flamenco con movimientos de manos y piernas. “Sin saltos, ni golpes, pero es fuerte, no estamos aquí tacatá nada más”, advierte la también instructora de P13FIT el método de entrenamiento con comba creado por José Manuel Pinto.

Las bailongas siguen los pasos de Luisa en El Puerto.
Las bailongas siguen los pasos de Luisa en El Puerto.    MANU GARCÍA
Uno de los movimientos con los brazos durante la sesión.
Uno de los movimientos con los brazos durante la sesión.   MANU GARCÍA

Las mujeres se fijan en los movimientos de la portuense para trabajar la coordinación. Mano arriba, cabeza en alta y palmada. Concentradas hacen caso a la cantante Melody en su tema “Agítalo” y no se saltan ni un paso. Este lunes, hay coreografías nuevas.

“Para tonificar utilizamos el abanico y el bastón y este año vamos a introducir también las castañuelas. Lo más importante es que no tiene impacto y no perjudica a la espalda, cada uno tiene su ritmo, quien no puede subir los brazos, los pone a la cintura”, explica Luisa que no introduce nada brusco pero sí mezcla “lo que me viene a la cabeza” y alguna que otra vez les habla en italiano porque su marido nació allí.

Además, controla que “no haya un sobreesfuerzo” y asegura que todas “se lo pasan bomba”. “El palizón que nos está dando el primer día”, comenta una de ellas riéndose. Por las mañanas no solo cuidan de su salud sino también pasan un buen rato. Se relacionan en plena naturaleza y, si el día está soleado, toman la vitamina D.

Ejercicios de Fit Gypsy Dance.
Ejercicios de Fit Gypsy Dance.    MANU GARCÍA
Una coreografía con bastones.
Una coreografía con bastones.    MANU GARCÍA
La bailaora portuense introduce elementos del baile flamenco.
La bailaora portuense introduce elementos del baile flamenco.   MANU GARCÍA

Luisa explica que no se trata de una clase de flamenco como tal en la que hay cierta preocupación si no sale la punta y el tacón. “Aquí no venimos a estresarnos, sino a relajarnos”, dice. Por eso, los pasos suelen ser similares y mantienen las coreografías varios meses “así ellas se la saben, se sienten a gusto y disfrutan”.

De eso no cabe duda, el grupo se mueve con soltura y desparpajo. Manuela, de 57 años, es una de las bailongas que acaba de soltar su abanico para secarse la frente. “Es un ejercicio que te da mucha energía positiva. Todo el mundo se cree que te cansas pero lo que hace es activarte”, sostiene la portuense.

El grupo utiliza abanicos durante la clase.
El grupo utiliza abanicos durante la clase.    MANU GARCÍA
Luisa muestra los pasos a las mujeres.
Luisa muestra los pasos a las mujeres.     MANU GARCÍA

Las inclemencias meteorológicas no impiden que salgan a bailar frente al mar. Ni el viento, ni la niebla ni la lluvia son obstáculos. En ocasiones, se han resguardado en los techos del Polideportivo. “No pasa nada. No nos hemos ni resfriado ni hemos cogido el virus”, comentan las deportistas, que solo han tenido que suspender la clase unas dos veces debido al tiempo. “Aquí bailamos con todo”, dice Toñi, de 57 años, que se siente “activada el resto del día” para poder continuar con la rutina.

Una brisa marinera sopla en La Puntilla donde arranca el nuevo curso para las bailongas, que con buen humor, no paran quietas.

Sobre el autor:

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Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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