De vez en cuando los poetas publican un libro con toda la poesía escrita hasta ese momento. Aunque pueda parecer una edición redundante, publicar todos los libros anteriores en un solo volumen ofrece al lector la posibilidad de acceder a textos agotados y realizar una lectura global de la obra de un autor, siguiendo ese hilo poético que recorre toda una vida. Josefa Parra inició el acto con un esbozo biográfico. Jacobo Cortines (Lebrija, 1946) es poeta, ensayista, traductor, editor, académico y profesor universitario. Ha sido profesor de Literatura Española en la Universidad de Sevilla. También trabaja como editor para la Fundación Lara codirigiendo la colección Vandalia con Ignacio Garmendia. Destacan sus estudios sobre las obras de Felipe Cortines Murube, Luis Cernuda o Fernando Villalón. Ha ganado el Premio de la Crítica de poesía con su obra Consolaciones. Y como traductor, hay que mencionar sus trabajos sobre el Cancionero de Petrarca y las obras de Cesare Sterbini. Emilio Rosales, poeta y profesor de Estética, dedicó sus palabras de presentación a desentrañar la lógica poética que atraviesa los poemas de Jacobo Cortines, desde sus inicios hasta hoy. No se limitó Rosales a seguir las claves hermenéuticas que ofrece Jacobo en el prólogo, sino que aportó una interpretación propia. Vita nuova, de Dante, constituye una referencia esencial para comprender la aspiración de la poesía de Cortines: renacimiento, volver a la vida. En Dante, ese renacimiento a la vida se consuma con el encuentro con Beatriz, su amada. En Jacobo ese impulso es inacabado. Y el compromiso de renacimiento se renueva en cada uno de sus libros. Vita nuova pretende unir poesía y vida, poesía y experiencia. El deseo de fundir el impulso poético con la biografía es crucial también en Jacobo Cortines. Pasión y paisaje es un título que ya utilizó Jacobo para otra reunión de su poesía (1983). Es un título que recoge muy bien la variedad de su obra, dice Rosales. En el prólogo, Jacobo habla de las categorías que han atravesado la cultura occidental: lo apolíneo y lo dionisíaco, Eros y Tánatos, conceptos opuestos que estructuran el desarrollo agónico de nuestra civilización. La pasión hace referencia a la desmesura, el padecimiento, la alteración, la conmoción, el deseo, la irracionalidad, el instinto,… El paisaje nos revela la armonía, la claridad, la medida… Para Emilio Rosales, hay otra dualidad. La pasión se refiere a la subjetividad, a los laberintos del yo y de la intimidad. Por otro lado, el paisaje alude a una realidad que nos trasciende, a todo aquello que no nos pertenece, el entorno físico y los otros. Estas dos visiones, interpretaciones, son elecciones que el poeta hace para ubicarse en su mundo poético. La poesía de Jacobo parte de una situación casi romántica, nos dice Emilio. En sus primeros poemas, el paisaje tiene un sentido instrumental para la subjetividad. Sólo es un medio para que el yo se manifieste y exteriorice sus conflictos. La realidad exterior sirve de lenguaje al yo, para expresarse. El paisaje en sí mismo no interesa al poeta.A partir de Cartas de junio y otros poemas (1994) se produce un giro. El paisaje ya no es un mero instrumento, sino que tiene sentido en sí mismo, un valor absoluto, no relativo. Es un viaje hacia lo que está tan lejos y a la mano… Es una búsqueda de lo cercano, convertido en abismo, en distancia infinita. Ahora es el yo el que se reconoce a sí mismo como instrumento para la expresión de la verdad y del sentido que está en el paisaje, en la realidad externa al sujeto, en los otros. En los primeros poemas hay una tendencia alegórica. Sin embargo, el mundo pasa a ser símbolo de sí mismo. Por eso la pasión se irá concretando en sus últimos libros. El sentido está en el paisaje, en nombrar lo cercano. Hay una salida hacia la claridad del paisaje. Ese recorrido termina en un nombre propio, lo concreto y real, lo que existe. De las brumas imprecisas, proyecciones del yo, llegamos a los entes individuales, las presencias absolutas, paisajes y personas. Los nombres propios reflejan el sentido de pertenencia. Jacobo Cortines leyó varios poemas, de diferentes épocas, para ilustrar los análisis realizados por Emilio. Terminó con un poema largo, ciento cincuenta versos, dedicado a Europa, a sus contradicciones y miserias. Las imágenes de los desastres de Bosnia le llevaron a escribir unos versos que intercalan la mitología y la cruel realidad. En el libro, nos dice Jacobo, el lector encontrará también aclaraciones sobre cómo surgieron sus poemas, bajo qué estados de ánimo y en qué circunstancias vitales e históricas.

 Amor cercano  Tengo cerca el amor y una mañana toda celeste por el mar y el cielo, un rumor que en espuma se deshace y multiplica el eco entre las cañas. En ese amor me miro y la memoria devuelve al corazón lo que el hastío le robó sordamente hasta erigirse en dueño despiadado de sus días: la paz de los que buscan encontrarse para emprender la senda que les lleve a un destino común. Así los años se pueblan de países, de ciudades, de casas, escenarios compartidos de una misma aventura que no cesa hasta que el tiempo muera. En esta tarde tengo cerca mi amor y su presencia multiplica las rosas por el cielo, mientras crece el rumor que me adormece bajo el temblor callado de la luna.

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