Cuando Rozalén suena..., el Villamarta se levanta. Envuelta en las hadas que siempre la acompañan, Maria Rozalén (1986) tiene magia y duende. Sí, duende en Jerez y a donde quiera que vaya. Duende en el sentido de que nada más pisar el escenario, el público nota su seguridad. Es empezar a cantar La puerta violeta: "Una niña triste en el espejo, me mira prudente y no quiere hablar. Hay un monstruo gris en la cocina...", y que la piel se encienda, empatizando con la historia que hay detrás de la canción que interpreta la cantautora albaceteña. Violencia de género, memoria histórica, amores prohibidos, compromiso social... Con su último álbum Cuando el río suena..., Rozalén continúa en su línea reivindicativa, esa que dibuja sonrisas y planta la esperanza de que un mundo mejor es posible.

Pionera en interpretar su primer sencillo —80 veces— con su amiga la intérprete en lengua de signos, Beatriz Romero; Rozalén sigue siendo fiel a su estilo y 'Bea' no falta a la cita jerezana. En un escenario repleto de fantasía, con flores, caballitos de mar flotando y nubes de algodón, la banda da la bienvenida al público dando gracias porque el Villamarta continúe abierto: "La última vez que vinimos —noviembre de 2016— estaban a punto de cerrarlo. Así que nos da mucho agustico volver aquí". Acto seguido, también, como luego insistió al final, agradeció enormemente al público su asistencia. "Gracias por no estar viendo el fútbol —la final de la Champions— y el Festival Primavera Trompetera. Gracias por elegirnos". Para, justo después, hacer un alegato feminista contra la violencia machista. "Vamos a entrar en un mundo feminista, que es un concepto que ya no asusta tanto. Feminismo es sinónimo de igualdad. (...) Con un mundo violeta y las prioridades donde deben estar —tras cantar el tema Vivir—, bienvenidos a este río de canciones", saludó la cantautora, quien se dirigió al público en todo momento como una "conversación de sofá".

Otro momento del directo en Villamarta. FOTO: MANU GARCÍA.

"No me arrepiento de haber contado todo lo de mi familia", se sincera ante los más de mil presentes. "¡He destapado todos los tabúes!", ríe. Y es que en su último álbum la artista se ha abierto en canal al contar tres historias de dolor y valentía que han vivido sus padres, su abuela y su tío abuelo Justo. La primera historia que explicó sobre el escenario es la de Miguel, un vasco que en 1968 fue desterrado de su tierra y que fue a parar a Letur (pueblo donde nació la joven cantautora). Con una mano delante y otra detrás, Miguel llamó a la puerta de Ángeles (la abuela de María Rozalén). "¿Tú tienes madre?", le preguntó Ángeles. "Pues claro señora", le contestó él. "Pues para dentro", le dijo, cuando ella ya tenía seis hijos en el mundo. "Mi abuela acogió sin prejuicios y a raíz de ahí, tuvo una gran historia de amor", explicaó Rozalén, instantes antes de cantar El hijo de la abuela. 

Entre historias, no faltaron canciones de sus anteriores discos: Ahora, Será mejor, Somos, Berlín —haciendo un guiño a Jerez al final del tema—, 80 veces, Saltan chispas, Asuntos pendientes... Tampoco faltó su interpretación sobre canciones míticas de Luis Eduardo Aute como es La Belleza, y el tema Volver a los diecisiete, de Violeta Parra. Rozalén no defraudó y se dejó la garganta sobre las tablas del Villamarta. Y el público lo agradeció en todo momento. "¡Qué bonita eres por dentro y por fuera hija!", le gritó una señora desde el patio de butacas. "¡Qué me gusta a mí venir aquí!", le devolvió la cantante. "¡Guapa!", vociferó otra, a lo que Rozalén, sorprendida, le dijo entre risas: "Yo soy más graciosa que guapa ¡eh!".

La segunda historia, gracias a su manera de contarla, provocó un nudo en la garganta en aquellos que dejan que las emociones les corra por todo el cuerpo. Se trata de Justo, su tío abuelo, el hermano mayor de su abuela Ángeles, quien con 18 años se lo llevaron a la guerra y jamás regresó. Según cuenta Rozalén, su abuela siempre lo recordaba cuando ella cantaba, porque al parecer era el que siempre canturreaba por la casa hasta que desapareció. Fue entonces cuando la cantautora empezó a interesarse por este familiar y su historia. Entrevistó a su abuela y contactó con Emilio Silva, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, quien más tarde la llama para decirle que el cuerpo de su tío se encontraba en una fosa común. "Abuela, sé donde le puedes llevar una flor a tu hermano", le dijo su nieta temblando. Explicación que le sigue a la canción Justo, que al terminar, todo el Villamarta se puso en pie con un sonoro y largo aplauso.

Rozalén y Beatriz Romero, sobre el escenario. FOTO: MANU GARCÍA.

Rozalén se desnuda sobre el escenario con sus letras. Y tiene el poderío de dar voz a esos personajes invisibles que pasaron desaparcebidos por la intrahistoria. Tras dejar al público sin aliento, con los ojos vidriosos, invitó a que todos los niños subiesen al escenario con ella para cantar Las hadas existen, y regresar a esa luz de felicidad que tienen sus versos. "¡Se lo vamos a dedicar a todas las mujeres que hay aquí!", gritó ella. "¡Oye, que lo femenino también está en un hombre!", añadió, con el puño en alto. Para cantarla, Rozalén jugó e hizo un barrido por todos ellos con su micro, dándole la oportunidad a los peques de cantar.

Por último, la tercera historia trata de aquellos que le dieron la vida, sus padres. "Normal que sea muy intensa, con la familia que te ha tocado, diréis". María Rozalén relató que su padre fue sacerdote durante 10 años, "la historia más tabú" de su casa. Y cuando él fue destinado a Letur, la primera persona que conoció fue a quien luego sería su mujer. "Yo soy fruto de un amor prohibido", señaló la artista antes de cantar Amor prohibido. La joven albaceteña no finalizó el concierto sin antes interpretar los temas Comiéndote a besos Girasoles, canción con la que cerró su concierto de más de dos horas en el coliseo jerezano. La gente, que no paró de acompañar a la cantante entre coros, palmas y con el balanceo de los brazos, la despidió con un más que merecido aplauso eterno. "¡Cuídense y cuiden del que tengan cerca!", fue el adiós de María Rozalén.

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