'I Tre Gobbi' en el Teatro Villamarta: la alegría de amar en compañía

El Teatro de la Zarzuela de Madrid y la Fundación Juan March rescataron en 2021 este intermezzo, obra de Manuel García

Un momento de 'I Tre Gobbi' en el Villamarta.
Un momento de 'I Tre Gobbi' en el Villamarta. MANU GARCÍA
25 de enero de 2026 a las 09:35h

La obra

I Tre Gobbi (Manuel García). Teatro Villamarta, Jerez de la Frontera, 24 de enero de 2026. Producción del Teatro de la Zarzuela de Madrid y de la Fundación Juan March (2021). Patricia Calvache (Madama Vezzosa), Aitor Garitano (El conde Bellavita), Ángela Lindo (El barón Macacco), Enrique Monteoliva (El marqués Parpagnacco), Álvaro Copado (Un criado, bailarín y asistente dirección de escena). Rubén Fernández Aguirre (dirección musical). José Luis Arellano (dirección de escena), Pablo Menor Palomo (escenografía), Ikerne Giménez (vestuario), Beatrice Binotti (revisión y traducción del texto).

La ópera de cámara I Tre Gobbi, con música y texto de Manuel García (1775-1832), basada en el intermezzo La favola de’ tre gobbi de Carlo Goldoni (1707-1793), ha sido felizmente rescatada del olvido en 2021 por Teatro de la Zarzuela de Madrid y la Fundación Juan March a través de una excelente revisión y traducción de la obra debida a Beatrice Binotti. La producción llega ahora al Teatro Villamarta como consecuencia de la campaña educativa de difusión que este proyecto se propuso desde su inicio.

La importancia del compositor y tenor sevillano Manuel García es grande, ya que fue el responsable de concretar la técnica de canto italiana que se impondría a partir de la primera mitad del siglo XIX, gracias a su amistad y colaboración estrecha con Giaocchino Rossini, por su propia labor como compositor y por la transmisión de su escuela de canto a través de sus hijos, especialmente María (García) Malibran y Pauline (García) Viardot, dos grandes divas de la época para las que crearon óperas capitales Bellini o Donizetti. El Romanticismo, desarrollado en paralelo a las revoluciones burguesas, trajo consigo la ampliación de la orquesta y la construcción de teatros de mayor tamaño, por lo que la exigencia de proyección del sonido para los cantantes aumentó considerablemente, problema que Manuel García logró resolver.

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Una de las interpretaciones ante un espejo. MANU GARCÍA

Su carácter multifacético e ingenioso explican la naturaleza transgresora, libre de prejuicios y anti-dogmática de I Tre Gobbi, estrenada en París alrededor de 1830 como vehículo de actuación de los estudiantes de la academia de canto que creó allí en los últimos años de su vida. Es decir, que estamos ante una pieza destinada al ámbito privado y docente y que no fue estrenada en España hasta 2021. Su utilidad como instrumento pedagógico explica que Manuel García experimentase con una amplia gama de exigencias vocales para poner a prueba a sus alumnos, desde agilidades a fraseos largos, en distintas combinaciones (arias, dúos, tercetos y cuartetos).

El reparto, joven y con voces frescas, funcionó de forma eficiente, tanto a nivel canoro como actoral, subrayando el carácter coral de la obra, en la que cada rol es una pieza imprescindible en la trama. Esto ha sido uno de los puntos fuertes de la representación.

La soprano gaditana Patricia Calvache (Madama Vezzosa) fue la pieza clave en el dinámico juego escénico planteado frente a sus tres adinerados y poco atractivos pretendientes. Estuvo especialmente afortunada en las arias Sí lo so, non replicar y Sieu tanto benedetti, en las que mostró su voz bien proyectada, homogénea, ágil, de timbre grato y con dominio de los reguladores. Asimismo, lució un canto cuidadoso en la escena en la que disuelve el enfrentamiento de los tres pretendientes (Sieu tanto Benedetti), que en la representación del Teatro de la Maestranza de Sevilla del 4 de marzo de 2025 fue asignado a un personaje no previsto en la versión original, el de una criada veneciana, pero que aquí vuelve a Madama Vezzosa. Por otra parte, Calvache estuvo muy bien en la escena final, en la que decide quedarse con sus tres rondadores (Io per me son contentone). No obstante, su mejor momento (y quizás el más destacado de toda la velada) se produjo en el intermedio de los dos actos, durante el cual interpretó Parad, avecillas, una pequeña canción del propio Manuel García en la que empleó medias voces de gran belleza y que culminó con un aéreo y largo pianissimo.

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Una interpretación.  MANU GARCÍA

El primer pretendiente fue encarnado por el barítono almeriense Enrique Monteoliva (El marqués Parpagnacco), que ofreció sus momentos más destacados en las arias Quegli occhietti belli, belli y Se vi guardo ben bene nel volto, aunque hubiese ciertos problemas en las notas de paso. Bien en el dúo con Madama Vezzosa (Riverente a voi s’inchina) y en el enfrentamiento con Bellavita (Corpo di Bacco!).

El segundo pretendiente fue asumido por la mezzo-soprano valenciana Ángela Lindo (El barón Macacco), muy divertida en el aria Sono ancora raga-ga-zzo, jugando con el tartamudeo característico de su personaje y subrayando el carácter bufo de la pieza. Asimismo, estuvo muy expresiva en el momento en el que su personaje elude el enfrentamiento con sus rivales (Co-co-co-sa fate?).

El tenor lírico-ligero vasco Aitor Garitano fue el tercer pretendiente (El conde Bellavita) y, quizás, el más afortunado de los tres, tanto por su canto como por la actuación escénica. Destacó en el aria Veda che garbo, en la que se hizo evidente la belleza del timbre, el nítido fraseo y la esmerada línea de canto.

Completó el reparto el actor y bailarín Álvaro Copado como el criado-cómplice de Madama Vezzosa, que, además, ejerció como asistente de dirección de escena, multiplicando así su responsabilidad en el buen resultado global de la representación. 

Para que una pieza de estas características funcione correctamente es imprescindible una precisa dirección musical y un acompañamiento pianístico al servicio del ritmo de la actuación y, a la vez, del rigor con el que los cantantes deben desarrollar sus particellas. Rubén Fernández Aguirre cumplió, con creces, las exigencias en ambos compromisos, además de ser el impulsor de esta recuperación. Su experiencia en el acompañamiento de cantantes líricos en conciertos se dejó sentir en el cuidado con el que atendía al fraseo de los intérpretes. Como estudioso de la obra de García, dominó el estilo y supo construir unos recitativos imaginativos y muy expresivos.

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La obra en el Villamarta. MANU GARCÍA
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I Tre Gobbi.  MANU GARCÍA

La dirección escénica de José Luis Arellano, con escenografía de Pablo Menor Palomo y vestuario de Ikerne Giménez, sirvió de forma elocuente, con pocos recursos pero muy bien aprovechados, a la contextualización de la trama. El elemento principal lo constituyó una estructura de planta rectangular con espejos al fondo que se desplazaban sobre paneles semitransparentes decorados con flores, que de modo estilizado remitían al rococó, y que simulaba la casa de la protagonista.

El desempeño de los que han hecho posible esta representación, que son los mismos que participaron en las representaciones del Teatro de la Maestranza de Sevilla de marzo de 2025, ha sido excelente, por lo adecuado del enfoque musical y actoral, que subraya la ligereza y el desenfado de esta ópera. Sin embargo, estos esfuerzos han tenido un obstáculo insalvable en la propia obra que, al ser concebida para ser utilizada por estudiantes de Manuel García, está formada por una sucesión de números no siempre bien conectados, más enfocados al alarde técnico que a servir a una trama que se alarga más de lo conveniente al no contar con los suficientes saltos argumentales tan propios, por otra parte, de Carlo Goldoni, la fuente literaria de I Tre Gobbi.  

Sobre el autor

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Joaquín Piñeiro Blanca

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