Sabiduría y duende para la letra y el cante flamenco

En esta obra, 'Poeta flamenco. Cómo hacer letras para el cante', José Cenizo Jiménez se adentra con precisión y tacto en las letras del flamenco, en su soporte poético. Estamos ante un libro didáctico, ameno y riguroso

La portada del libro de José Cenizo.
La portada del libro de José Cenizo.
06 de enero de 2026 a las 17:38h

José Cenizo es una referencia obligada en el empeño poco practicado de la didáctica y el conocimiento del flamenco, y acaba de publicar en Colibrí ediciones Poeta flamenco. Cómo hacer letras para el cante, un libro que debería ser necesario no solo para los que quieren saber del flamenco, sino también para los que dicen entenderlo. Y es que en esto del flamenco, somos muchos los que hablamos y muy pocos los que saben. Y de la misma manera que la profesionalización forjó el comienzo de lo que hoy entendemos por tal, solo el escribir sobre el mismo y reflexionar sobre sus modos de expresión, permitirán su consolidación y su evolución presente y futura. Y sabedor de que el flamenco “es un arte musical, literario y coreográfico, compuesto por cuatro aspectos interrelacionados: el cante, el toque (la guitarra) y el baile, más uno muchas veces olvidado y, sin embargo, imprescindible, la letra, copla flamenca o soporte poético” (p. 19), José se adentra con precisión y tacto en esa cuarta pata tan ignorada como importante por ser la expresión literaria del cante.

Esta edición que nos regalan Manuel Ramos, editor, y el escritor y flamencólogo José Cenizo, además de otras muchas facetas,  responde a la acepción del ensayo que tenían los enciclopedistas y los ilustrados clásicos, pues es un escrito breve, didáctico, flexible y capaz de difundir el conocimiento, criticando la ignorancia y la tiranía, promoviendo la razón, la libertad y la utilidad social, integrando ciencia, filosofía y opinión personal para educar de manera clara y ordenada. Y es que, aunque en las primeras páginas se dice que en los últimos años se han publicado “muchos libros de didáctica del flamenco”, lo cierto es que ha faltado mucho contenido y la humildad de saberlo contar para enseñar. Dice José que este libro es para discentes, pero que también puede ser válido para docentes, cuestión que no pongo en duda.

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Portada del libro.

No es sin embargo un manual al uso, porque su lenguaje no es exactamente expositivo, sino que se asemeja más a la narración, e incluso al modo de referir con agrado y sencillez aquello que se conoce de primera mano y con profundidad suficiente y vivida, como hacían los antiguos maestros, incluidos los flamencos. El uso de referencias a autores y hechos, del vocabulario acertado y necesario, de ejemplos que salpican el recorrido del discurso o de anécdotas que tanto se agradecen por los discentes, junto con la amenidad con la que se hace el relato, tienen en este texto un ejemplo excepcional de lo que podría ser enseñar. No tiene las imágenes coloristas a que nos acostumbran los libros de texto, pero tampoco le hacen falta. Sí tiene algo de juego en el transcurso de su lectura, pues a lo largo del mismo el autor nos plantea dilemas, acertijos o actividades sobre cuestiones propias del flamenco o sobre sus letras, que tienen su respuesta en un cuadernillo final, en el que a veces la solución propuesta aparece bajo advertencias del tipo: “Mi opinión (la tuya puede ser igual de válida”, “Si has puesto otras y cuadran en métrica, bien”..., jugando, sin quererlo o queriéndolo, a esos valores competenciales de los que hablan tanto los pedagogos y en la que las soluciones válidas pueden ser varias, distintas, pero estar bien porque realmente lo están, y que es como abrir las manos a la colaboración activa del discípulo, en este caso del lector, para considerar su opinión desde el conocimiento y la humildad.

Tiene Poeta flamenco la fortuna además del detalle, de la minuciosidad, porque ocurre en esta manifestación artística que es el flamenco, que se dan por sabidas demasiadas cuestiones que sin embargo no son de conocimiento general. Y José, que ha hurgado en él con ojos de investigador y corazón de aficionado de primera división, da matices y claves que demasiadas veces pasan desapercibidos: no es lo mismo poesía flamenca que copla o letra flamenca, los versos de las coplas no se llaman versos sino tercios, no se puede obviar la especialización léxica que implica este arte, es habitual el intercambio de estrofas entre los palos (como cuando Antonio Mairena usa la seguidilla para la soleá), va siendo habitual adaptar las letras antiguas a los nuevos tiempos, la libertad de los cantaores al ejecutar las letras, el machismo que a veces parece colarse, la necesidad de huir al escribir del “tufillo intelectual” para no perder la frescura necesaria, la complicación que supone escribir determinadas palabras, si hacerlo tal como se pronuncian o se usan por algunos flamencos  o como ortográficamente habríamos de hacerlo… El mundo y los cuartos traseros del flamenco.

Hace también Cenizo un pequeño homenaje a letristas de antes y de ahora, además de una cuidada selección de letras para el cante, con las que propone el conocimiento pero también la posibilidad de experimentar, atrevimiento que puede hacer saltar a alguno de su silla de anea. Y para redondear la faena incluye la modernidad final del QR con un apéndice en el que reconocer los palos del cante.

Pero sobre todo Poeta flamenco. Cómo hacer letras para el cante es un compendio de arte para hacer comprensible una manifestación tan antigua y tan libre que no se puede ni se nos debe escapar de las manos. Hay una autocita del propio Cenizo (p.47) que lo hace muy evidente refiriéndose al modo de cantar Mairena la letra que antes ha comentado: “El autor, dolorido, ha centrado el dolor por la ausencia o pérdida de la madre en un detalle muy cotidiano. Mairena, al cantarla, la hace joya: las pausas sugestivas (desde que…), los cortes con ahoguío (la ca/misita), los melismas expresivos –volcando toda la fuerza y la intensidad emocional en la sílaba con diptongo, cuer (po), desbaratándose las entrañas para pronunciarla–, los babeos a final de tercio para enlazar una pena con otra. Ahí hay duende de muchos quilates: quien lo ha oído lo sabe”. Una joya expresiva, como otra es este libro sobre y para el flamenco.

Sobre el autor

MANUEL BERNAL WEB

Manuel Bernal

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