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¿Es la última película de Fernando León de Aranoa un docudrama, una comedia, una tragicomedia, una road movie o un western disfrazado? 

Un día perfecto. Dirección, guión y producción: Fernando León de Aranoa. Intérpretes: Benicio del Toro, Tim Robbins, Olga Kurylenko, Melanie Thierry, Fedja Stukan. Fotografía: Álex Catalán. España, 2015

¿Es la última película de Fernando León de Aranoa un docudrama, una comedia, una tragicomedia, una road movie o un western disfrazado? Sería limitado adscribirla a cualquiera de estos géneros en exclusiva porque participa de todos ellos un poco. El tema de fondo es serio, terrible, pero su tratamiento aquí presenta elementos de comedia absurda y de drama sentimental sin faltarle el condimento del western de frontera.

El argumento de Un día perfecto se desarrolla en un país balcánico arruinado por una todavía latente guerra fratricida, pero aun haciendo evidentes los desastres de la guerra, no se interesa por su lado heroico o irracional sino, a la manera de Kafka, por la fragilidad del esfuerzo individual frente al aparato burocrático-militar del estado. La bandera en el puesto fronterizo perdido, defendida por un soldado temeroso, es un símbolo de esa subordinación del individuo al clan.

Sin caer en maniqueísmos la cámara de León de Aranoa nos cuenta que en un mundo dividido en lobos y corderos, alguien tiene que calmar a la bestia y aliviar la injusticia que parece inscrita en nuestro ADN. No hace juicios morales, muestra la rutina diaria de esas personas que encuentran su razón de vivir en la intermediación, en la ayuda al desprotegido de los conflictos en insignificantes actos cotidianos. En su afán individual de deshacer entuertos sacrifican su propia vicisitud personal –hay algo de sacerdocio en su compromiso- y con las armas de David, una cuerda, se enfrentan a la burocracia funcionarial.

El objeto de disputa es un pozo de agua potable. No puede haber un símbolo más esencial de la necesidad básica humana. Si el pozo se seca o se emponzoña no hay vida. La road movie avanza por carreteras polvorientas y minadas en tono cercano al reportaje, 48 horas de un día cualquiera matizadas de forma cálida por la fotografía de Álex Catalán en todas las transiciones de la luz diurna a la nocturna y punteadas por el plano contrapicado del cadáver en el pozo.

Benicio del Toro y Tim Robbins regalan grandes interpretaciones. La cámara se fija en sus rostros porque desprenden verdad, sentido de misión y algo de desengaño. El trabajo del resto de los intérpretes, especialmente Melanie Thierry como idealista e ingenuo contrapunto, siendo muy convincente y emotivo se ve relativamente empequeñecido al lado de ellos.

Definitivamente una película de este director siempre resulta estimulante, comprometida y básicamente humanista. Los lunes al sol resultaba tan demoledora en su acercamiento a la tragedia cotidiana del desempleo como tierna en el retrato de los personajes, sus estrategias de supervivencia y sus lazos familiares y de amistad. Un día perfecto ofrece también un retrato de perdedores, pero solo aparentemente. Finalmente será la providencia y no el esfuerzo humano la que proporcione justicia poética (un hecho real ocurrido en Serbia y narrado por la cooperante Paula Farias en su libro Dejarse llover).

La Guerra de los Balcanes queda ya un poco lejana, pero los movimientos migratorios actuales y el éxodo de refugiados de conflictos en Oriente Medio, el extremo oriental europeo y Africa implican situaciones de desamparo y de abuso, y esto hace necesarias películas como esta. La impronta de autor de Princesas, Barrio, Los lunes al sol o Un día perfecto, todas historias veraces, películas honestas, está en su defensa de la dignidad de los humildes.

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