"La pintura es una desgracia, estás enganchado las 24 horas"

Fernando Toro, con más de 40 años de carrera artística a sus espaldas, vuelve a exponer en su tierra natal: 'Sentir, pensar, pintar'. Una muestra fiel a su estilo ecléctico y repleto de color y símbolos

Fernando Toro, en su estudio, tras la entrevista con lavozdelsur.es. Autor: Juan Carlos Toro
Fernando Toro, en su estudio, tras la entrevista con lavozdelsur.es. Autor: Juan Carlos Toro

Acumula más de 40 años de oficio con todo lo que encierra eso.

Pintando llevo desde niño, pero 42 años llevo dedicándome a esto en serio…

Que no en serie…

¿En serie? Yo nunca he podido pintar en serie… y en serio… (risas).

Los cuadros se pintan para ser vistos.

Claro. Si no, no tiene sentido. Picasso ya lo decía: lo que no se ve, no existe.

Esta muestra la ha titulado ‘Sentir, pensar, pintar’. ¿En qué orden?

No soy muy dado a hacer una serie homogénea al exponer. Hoy pinto esto, y a mediodía lo borro y lo convierto en otra cosa. No soy de ideas claras, sino solo defiendo lo que está en el poso de uno, y es eso: pensar, sentir, pintar. Pero aclaro que el orden no importa. Porque puedo sentir y luego pensar, y luego pintar, o pintar, pensar y finalmente sentir.

¿Pero qué le pesa más?

No tengo una prioridad. Soy mucho de dibujar, de crear ideas a través del lápiz en formatos pequeñitos. De ahí empiezo a configurar. Pero… qué va. No es así exactamente en mi caso. Puedo empezar pintando y después, ya con el título del cuadro, pensar.

¿El sentimiento cuándo llega?

Sentir es el placer de pintar, de expresarte. El hecho físico de restregar el color, ponerlo…

¿Le ha pasado que creía que había acabado el cuadro y no sentir nada?

Claro, claro. Y hacer cosas preciosas, retomarlas y cargármelas, como me ha pasado con el tigre (señala a un lienzo tras una columna, medio escondido). Era bellísimo y mira por dónde va el puñetero tigre…

Beberse la vida, y luego pintarla

“Salud y amistad”, brinda Fernando Toro con amontillado en el sótano de su vivienda unifamiliar, reconvertido desde hace veinte años en su espacio de creación. Un estudio atestado de obras y materiales de trabajo que también tiene espacio para un Mac —al que va y viene cuando se ofusca en las redes o ante el lienzo— y una botita que rellena de jerez muy seco. Al bajar la recoleta escalera, en una casa que es una galería de arte en sí misma, estallan los colores por todas partes hasta el punto de que es difícil centrar la mirada.

Con su permanente sonrisa, Fernando nos recibe con un cuadro de dos boxeadores ya avanzado sobre el caballete. Desventaja ha llamado a otro similar en el que uno de los púgiles luce tacones. Su gran desventaja en todo esto es que la pintura es una obsesión desde niño, cuando le pedía con dos años cartones y colores a su madre, hasta el punto de haber hecho muchas veces las maletas buscando respuestas a su pasión. Menorca, Madrid… varios destinos en los que el arte siempre, aunque fuese in extremis, le daba razones para seguir adelante. Pagó meses de alquiler con cuadros, le reclamaron obras en Londres con figuras del kamasutra en trajes de luces, y hasta bocetos suyos viven en Nueva Jersey.

Y ahí sigue. Más de cuarenta años después. Es Fernando Toro, hijo de Fernando Toro Ramírez, Ramírez el pintor, el gran pintor jerezano de la primera mitad del siglo pasado, y hermano de Paco Toro, otro de los grandes artistas pictóricos de la segunda mitad del XX. Entre medias, él, bajo el peso de la saga y con un lenguaje único e intransferible que lo mismo esculpe que talla, modela, dibuja y pinta, abrió su propio universo artístico. Un árabe decoró su palacio de Marbella con sus lienzos y un hotel de Madrid exhibe, frente a La Venencia, el lienzo de un Rey Lobo que bebe de Goya y del genio imaginativo de un hombre que lo mismo sobrevuela Chagall que Haring. Decenas de exposiciones jalonan su trayectoria, pero él siempre prefiere galerías de arte. "Lo otro es rellenar agendas culturales y es competencia desleal. Hay que fomentar las galerías. Son necesarias".

De momento, Fernando Toro vuelve a exponer en su tierra natal. En Espacio Abierto (calle Rui López) desde el próximo miércoles 3 de noviembre. “Es mala época para inaugurar, pero si no te ven, no existes”, comenta risueño.

¿Sueña con cuadros?

Sí… sueño con cuadros, y además no duermo cuando me pasa. Empiezo a darle vueltas, me levanto con una ilusión… Es mi vida, es lo que más me gusta. Siempre digo que lo más triste para mí no es no vender un cuadro sino no tener una idea para pintar. Si no sé qué pintar, soy el más desgraciado del mundo. O tener una idea y que no te salga… como el tigre por ejemplo. Me siento un fracasado… me pueden cortar la luz, me pueden dejar sin comer, pero ¿que yo no sea capaz de realizar mi idea? Buah, ¡qué infeliz! Me pone de mal humor.

Pero el arte tiene mucho de insatisfacción, ¿no? Siempre anda el artista como persiguiendo aquello que sabe que es muy complicado que llegue…

Claro, de hecho por eso no he querido nunca que ningún hijo mío pinte. Estás enganchado las 24 horas. Os veo a vosotros y os desengancháis…

Bueno, eso es lo que usted se cree…

¿No es así? Pues con la pintura es una desgracia del carajo, tío. Con 13 o 14 años, el curso 73/74 me dieron un chorro de cates, llevaba un año yendo a la Escuela de Artes y Oficios, y entonces, claro, si iba por la tarde no hacía la tarea. Todo cateado, menos la gimnasia. Fui a mi padre a decírselo al estudio. ¿Ocho cates…? ¿Tú qué piensas hacer? Y le dije: yo pintar, papá. ¿Pintar? Pues te va a salir una joroba que te vas a enterar… Cada día me acuerdo más de esa frase. Es una joroba. Mira que quiero cambiar muchas veces, quitarme el sambenito… hombre, no hago mucho esfuerzo por quitarme esto de encima, pero veo que no es tan gratificante. Si los que se dedican a ganar dinero hiciesen este ejercicio tan continuo estarían ricos, pero al fin y al cabo esto de pintar lo haces por amor al arte. No hay otra.

¿Cuándo fue consciente realmente de que quería dedicarse profesionalmente a las artes plásticas?

En una primera excursión que tuve a las canteras de Puerto Real con el colegio. Mi forma de vivir aquello, esos pinares, esa tierra tan colorá, fue pintarlo. Y desde entonces, cosa que siento, cosa que pinto. Sentir, vivirlo y pintarlo.

La influencia de Ramírez, su padre, y de su hermano Paco, dos reconocidos pintores, debió ser muy grande, ¿no?

De los dos, de los dos. Inevitable, claro.

"Debería de ser más coleccionista que pintor"

¿Cómo fue capaz de ser Fernando Toro, tener su propio lenguaje?

Ha sido todo muy natural, no me he empeñado en querer dedicarme a esto. Yo era pintor, ya pintaba, lo tenía todo a mi alcance en ese sentido. Mi hermano Paco me decía: tienes en contra tuya que a una persona por primera vez le dicen que es artista cuando tiene 20 o 25 años, pero a ti desde que tienes dos años. Tú realmente no vives en eso, no te lo crees, y es verdad, hay mucho de eso. Cuando a alguien le dicen por primera vez que es un artista, debe de ser un subidón. Pero a mí me lo decían igual que me llamaban Nanín. Luego cuando eres mayor, ves lo que es un artista y te cagas por las patas abajo. No estoy yo lejos de esto... Yo debería de ser más coleccionista que pintor.

Han reabierto la sala de El Bosco en El Prado y ahora pueden verse los reversos de algunos cuadros. ¿Qué dicen los suyos?

Casi todos los cuadros tienen reverso. Hay un cuadro de Manuel Viola, que era un pintor abstracto que hizo cuadros de peleas de gallos hasta el infinito, que vi en Marbella y que tenía un texto que había escrito por detrás que era de una belleza y una fuerza que superaba a la obra por delante. Venía a jurar, como en una especie de testamento, que nunca más volvería a pintar un gallo. Pero detrás de esos pintó muchísimos más… 

"Mi hermano Paco me decía: tienes en contra tuya que a una persona por primera vez le dicen que es artista cuando tiene 20 o 25 años, pero a ti desde que tienes dos años"

¿Cree en el misterio del arte, es como eso que llaman el duende en el flamenco?

Claro. Igual. El misterio es lo que no entiendo, pero está ahí y me atrapa. ¿Por qué me gusta? No lo sé. Eso pasa.

¿Le pasa también con la abstracción?

Me encanta, pero estoy negado a ella. Me fascina y he hecho cosas, pero no soy un pintor abstracto. Lo veo de una dificultad extraordinaria. Eso es enfrentarte a la nada, de verdad. La pintura debería de ser por naturaleza abstracta. Poner en orden algo en una superficie plana, sin figuración… eso es muy serio. Aunque también hay arte abstracto muy bueno y muy malo.

Fernando Toro, durante la entrevista con lavozdelsur.es. Autor: Juan Carlos Toro
Fernando Toro, durante la entrevista con lavozdelsur.es. Autor: Juan Carlos Toro

¿Hay mucho camelo en el arte?

Mucho, muchísimo. Y hoy en día hay más camelo que nunca.

Mucho vendedor de humo por ahí que no es ni el propio artista, ¿no?

En eso influye mucho el amiguismo. Pero después también hay una fuerza mayor que lo compensa: cuando un artista es auténtico es muy necesario, y emerge por sí solo, es inevitable.

"La pintura debería de ser por naturaleza abstracta. Poner en orden algo en una superficie plana, sin figuración… eso es muy serio"

¿Conoce a algún artista que no haya pensado alguna vez que será reconocido cuando muera, al estilo de Van Gogh?

Hay mucho mito y trola sobre eso. No es verdad: los grandes artistas han vivido todos maravillosamente. Salvo Van Gogh, que tenía problemas mentales, muy pocos de los buenos no han ganado dinero. No recuerdo ninguno. Cuando te mueres tus obras ya no valen nada porque el único que las defiende de verdad eres tú. Esa es la verdad de todo esto. Los grandes siempre cotizarán, estén vivos o muertos, pero por regla general, los que se han dedicado a la pintura y han sido reconocidos, han ganado dinero.

¿El artista vive el tiempo más lento, más si cabe frente al ruido y el vértigo de fuera?

En mi caso el tiempo se va volando. Me imagino que es la edad. También parece que en la época en la que estamos viviendo nos ocurre a todos. Me sorprende mucho cuando veo lo fecundo que ha sido un artista al hacerle una retrospectiva, la cantidad de cosas que ha hecho. Parece que lo del pintor es una desgracia porque das con una mina y ya solo es encerrarte a pintar, sin vivir la vida. Picasso, Moore, Gordillo… es que se encerraron a pintar y parece que no hacían otra cosa.

¿Y en su caso, qué ve al echar la vista atrás?

Pues veo que he perdido mucho el tiempo. En el sentido de que no me tomé muy en serio eso de dejar aquí un patrimonio, sino que me he dedicado mucho a vivir la vida. A salir, reírme, estar con los amigos… y echo en falta lo otro, es contradictorio en mi pensamiento, pero es real.

Fernando Toro, sentando en un banco de azulejos con mural hecho por él mismo, en el jardín de su casa. Autor: Juan Carlos Toro
Fernando Toro, sentando en un banco de azulejos con mural hecho por él mismo, en el jardín de su casa. Autor: Juan Carlos Toro

¿Hay que elegir?

Sí, yo creo que sí. Es que influye la sociedad en la que uno vive y la nuestra invita mucho a vivir, a salir. El después lo termino al final hace que ahora note que me está faltando tiempo.

¿Abrirse paso en provincias es casi imposible, no?

Dificilísimo. El 80% de mi carrera me lo he ventilado fuera de aquí: Sevilla, Madrid, Málaga…

¿Es activo en redes sociales, cómo se abstrae?

Mira lo que tengo (señala): el caballete y el ordenador (ríe). Necesito estar comunicado, no puedo estar aquí aislado. Soy lector de periódicos de siempre y me interesa la opinión, la política no, pero la política te lleva a opinar.

"Necesito estar comunicado, no puedo estar aquí aislado. Soy lector de periódicos de siempre y me interesa la opinión"

¿Si le encargaran un cuadro de la familia Real como a Antonio López?

(Risas) Yo no sé pintar eso… Hice un Rey Lobo para un hotel en Madrid, creo que es lo más monárquico que he hecho.

Dijeron en el Ayuntamiento que iban a encargar un retrato del exalcalde Pedro Pacheco…

Pues a Pacheco siempre le hubiese querido pintar. Un retrato. Nunca le voté, pero Jerez, la defensa de Jerez que hacía, nunca ha tenido nada mejor que él. Su conocimiento de la política supera al resto, éramos muchos los que le criticábamos, pero él luego ganaba por goleada. Le dio cancha a todo el mundo. Echo en falta su actitud para esta ciudad. Ahora el pueblo no se inmuta por nada y esta totalmente dividido por el partidismo.

¿No será que, y hablo en general, que cualquier tiempo pasado fue mejor?

No.

El artista, en su estudio. Autor: Juan Carlos Toro
El artista, en su estudio. Autor. Juan Carlos Toro

¿Hay política en su pintura?

Lo mío va más con la filosofía que con la política. Lo mío va más por lo que siento de la vida, por lo que leo, o al menos es lo que pretendo. He pintado mucho para gustar y llegué hace muchos años a la conclusión de que el arte es decoración. Francis Bacon decía que su obra era 50% decoración y 50% arte. Eso lo va uno masticando y al final lo entiende. Un cuadro ejerce una función decorativa y si le imprimes arte, mejor, pero su función básica es lo primordial. Si eso no está para embellecer el sitio donde va a ubicarse… Yo la realidad no la quiero para nada, es inimitable.

¿La vida no imita al arte?

Ni el arte tiene que imitar a la vida. El arte es por sí solo una naturaleza. Si me quiero poner a pintarte tal como eres, cuanto más me quiera acercar a ti, más me voy a alejar. Para eso está la fotografía. No es esa la función de la pintura. La pintura debe crear una naturaleza paralela a la naturaleza que ya existe. Cuanto más artificial sea un cuadro, para mí es más cuadro, cumple mejor su cometido. Todo lo que hace el hombre es artificial, por lo que un cuadro también debe serlo. En este siglo nuevo, en cambio, hay un empeño porque la pintura se parezca a la fotografía. ¡Pero si ya la fotografía es una forma de crear!

Si el arte, dicen, es morirte de frío, con pandemia…

Detecto en este siglo que hay menos interés por las artes plásticas, en poseerlas. En disfrutarlas y apreciarlas sí, pero no en poseer las obras. Engullimos imágenes a velocidad de vértigo y es casi imposible que sorprendas con una obra que alguien quiera tener fija y verla todos los días. Sigue habiendo coleccionistas, pero ya todo es aparición y desaparición de imágenes.

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