Escribir poesía sin escribir poesía

El poeta arcense Pedro Sevilla publica 'El amor es ahora', un libro "memorias adultas" limpio, sosegado, hondo

Escribir poesía sin escribir poesía
Escribir poesía sin escribir poesía

A la cofradía de músicos, pintores, escritores y artistas varios nos hermana la vanidad y la falsa modestia. Unos lo solucionan negándolo y entregándose sin pudor al narcisismo más insoportable; otros, se azoran ante el menor halago y se menoscaban ante la tiranía de su yo ideal, de su sed beatífica de perfección. Pero a todos, en general, nos falta humildad para recibir un halago con naturalidad o nos sobra soberbia para rechazarlo.

Acabo de leer de una sentada el libro de Pedro Sevilla El amor es ahora. Y me apetecía escribir unas líneas sobre él, por puro y simple agradecimiento. Y, en realidad, no es tanto un agradecimiento al autor sino al libro. Estoy agradecido de haberlo leído y de haberme conmovido con su lectura.

Si Pedro Sevilla se llamase Peter Wisconsin —el Señor no lo permita— nuestros críticos literarios y nuestros periodistas vocingleros ya lo habrían peloteado de aquí para allá, en programas televisivos y en redes sociales. Como se llama Pedro y es de Arcos de la Frontera, esa suerte tiene. Podrá comprar naranjas y comerlas con su hermano mientras espera el autobús; podrá pasear por su barrio y charlar con quien le dé la gana; incluso, podrá elegir los amigos con los que quiera compartir paseos y lecturas sin necesidad de que sean buenas compañías. Podrá disfrutar de los privilegios de un hombre corriente, cuando no lo es. Aunque haga las cosas que hace un hombre corriente.

Tengo que confesar que no leo poesía. Nunca he leído poesía. Muy poca. Sé que esto no está bien. Lo sé. Pero me pone nervioso cierto melindrismo afectado, este escorzo hacia lo alto luminoso con los ojos en blanco. Esta nada que nadea y esta cosa que cosea. Este mohín metafísico pretencioso, inane y bobo. Prefiero a Pio Baroja, a don Benito el Garbancero, a Chejov, a Montaigne. Prefiero la tierra a las alturas. Por el vértigo. Pero no es este el caso del libro El amor es ahora, que es un libro poético por más que su autor lo disfrace tímidamente de “memorias adultas”.

¿Y de qué puede hablar un libro de poesía cuando es de verdad? De la muerte y de la fuente, ¿de qué va a hablar? Y junto a una precisa fenomenología del dolor y de su enfermedad, se van hilvanando anécdotas entrañables de su vida, de su constante asombro amoroso con el que está construido el mundo espiritual de Pedro Sevilla.

He tratado de leer El amor es ahora con el máximo respeto que he podido. Porque sentía que un hombre estaba desnudando honestamente su alma ante mí. Y ante un hecho así, todo respeto es poco. Se lo agradecí al autor y me devolvió -de una manera extrañamente natural entre la corte celeste de poetas- de su puño y letra unas gracias “de corazón”. Sin rimbombancias ni cursilerías. Como si Pedro Sevilla supiera hacer algo que no fuese sin rimbombancias ni “de corazón”.

El amor es ahora es un libro limpio, sosegado, hondo. Una sombra amable frente a esta furia irracional y fanática que ha impuesto la llamada “post verdad” y que amenaza con arrasarlo todo.

Para escribir poesía no es imprescindible escribir poesía. Solo hay que decir las cosas por su nombre. Parece fácil, pero es la tarea humana más difícil: tratar de llamar a las cosas por su nombre, cuando la palabra supera la diferencia entre significante y significado, y ya no hay separación entre el nombre y la cosa porque encontrar su nombre verdadero es desvelar su esencia. Esto es lo que trata de hacer Pedro Sevilla en estas memorias adultas. Pero él no le da mucha importancia y escribe sus libros sin ínfulas ni pretensiones, con naturalidad, de la misma manera que come naranjas con su hermano mientras espera el autobús.

Un estupendo libro.

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