Paula Bonet (Villarreal, 1980) y Aitor Saraiba (Talavera de la Reina, 1983) se conocieron en una exposición en la librería Tipos Infames de Madrid. "Es una librería preciosa, hay un cristal arriba, todo lleno de libros, y de repente pasa Paula Bonet, y digo mira... estas son las bragas de Paula Bonet", comenta Aitor Saraiba haciendo reir a los asistentes. "Sabía que tenía que contar lo de las bragas", le reprende Paula Bonet. "Pero eso es muy importante, porque cuando bajó de allí a mi exposición le dije: Paula te he visto las bragas. Ahí fue cuando nos miramos a los ojos y fue como que tú y yo vamos a hacer un libro juntos". Paula le refresca la memoria dirigiéndose a la sala: "Me dijo que me había visto las bragas y yo le pregunté por su libro sobre Roberto Bolaño".

Aitor y Paula durante su conversación en la Fundación Caballero Bonald. FOTO: MANU GARCÍA.

La consolidada ilustradora, pintora y escritora valenciana acaba de presentar 'Roedores', obra donde rompe tabúes y narra su dura experiencia tras dos abortos naturales consecutivos. Sin embargo viene a Jerez con el ilustrador manchego, que también encamina una carrera artística polifacética y de éxito, para presentar en el XX Congreso de la Fundación Caballero Bonald un testimonio más de literatura enlazada con la vida. La unión entre ambos no es moco de pavo, de hecho es más bien cemento. Una de las páginas de su obra 'Por el olvido' (Lunwerg, 2018) define así al escritor chileno, el ausente y culpable indirecto de la profunda amistad entre ambos. "Bolaño es el cemento de nuestra amistad. Ahora es un hilo invisible que nos mantiene unidos para siempre. Esa unión que solo los que leen o hacen literatura conocen. Ese viaje a través de mil historias, vidas y paisajes que no son los tuyos pero te terminan definiendo". Con tan solo veinte años Aitor se despertó, sin saber ni siquiera cómo en México, Paula hizo lo propio en Chile. Como una de las referencias más importantes de ambos, que con quince años dejó su Chile natal para emigrar a México. Ellos lo eligieron de otra forma, a conciencia.

"Bolaño nos unió sobre todo, porque el primer día que hablamos, me di cuenta de cuál era la relación de Aitor Saraiba con su obra, como pintor, su relación con la literatura y cómo esta le había acompañado toda su vida. Tanto él como yo la usamos siempre como salvavidas, tanto él como yo cuando teníamos 19 o 20 años decidimos huir de nuestros hogares, él pidió una beca a México, y yo al lugar más lejano donde mi universidad tenía convenio, Santiago de Chile", comenta Paula. "Había un rumor en la editorial que yo estaba haciendo un libro sobre Roberto Bolaño, un escritor que me había apasionado siempre y Paula se enteró". suscribe Aitor.

Aitor Saraiba explicando la obra de ambos. FOTO: MANU GARCÍA.

Fue entonces cuando comenzó una historia sellada hoy en 'Por el olvido' pero que seguramente no tiene fin. "Yo quería hacer un homenaje ilustrado a Bolaño. Cuando supe que Aitor llevaba mucho trabajo hecho, que se había entrevistado con muchos de los compañeros y amigos de Bolaño, me dio mucha envidia pero pensé que si había un libro sobre Bolaño tenía que ser de Aitor". Sin embargo pasaron dos años y Paula no supo nada de ese libro, por el que le preguntó a Aitor. "Cuando hablé con Paula dije '¡Vaya con la Bonet!' Me di cuenta que llevaba tres años trabajando ese texto, con esos dinosaurios enormes que rodean a Bolaño que te sientes como un moco". Fue, tras contarle todas las peripecias por las que había pasado sin acabar de escribir aquel libro cuando Aitor vio que "si había una persona que podía poner parte de su historia era alguien que acababa siendo un personaje también dentro del libro". Esa, no podía ser de otra forma, era Paula Bonet.

Paula Bonet con una alumna de la Escuela de Arte de Jerez y el cartel que han hecho con cada uno de los ponentes. FOTO: MANU GARCÍA.

La obra de ambos es un intercambio constante. Entre las hojas fluyen algo más que sus vidas. "En el libro al principio pusimos escrito por Aitor y dibujado por Paula pero en la nueva edición, cuando hemos tenido oportunidad, hemos quitado eso porque ni yo sentía que el libro lo había escrito solo ni que lo había dibujado ella sola", comenta Aitor. Y es que a las ilustraciones de Paula Bonet se le suman los textos de Aitor Saraiba, unos textos escritos con el estilo del mismo Aitor pero con la letra de Paula. "Cuando yo lo vi sentía como si yo lo hubiese escrito y hecho, pero lo había hecho Paula", sostiene Aitor. "Esa fusión de dos modos de hacer, de dos modos de narrar y de sentir es preciosa; el ver cómo el contenido del texto está con la tipografia de Aitor y sin embargo esté escrito por mí", le suscribe Paula. "A la gente le costaba acercar que lo que estaba leyendo que era mi voz estaba escrito por Paula, y en el libro hay muchos juegos como este".

Y la reciprocidad era tal que hasta a la hora de elegir las ilustraciones, no había posibilidad de equivocarse. "Intenté engañarle, le enviaba por ejemplo tres ilustraciones sabiendo que una era un descarte seguro y él nada más verlas me decía que esta no era", cuenta Paula.

Paula Bonet escuchando a Aitor Saraiba. FOTO: MANU GARCÍA.

Los capítulos narran episodios de sus vidas. Desde la muerte del abuelo de Paula hasta el fallecimiento de Amalia, una señora mexicana que Aitor quería y recordaba profundamente. Paula la retrató con la pose de su propia abuela para la obra de ambos. Papeles cambiados e historias cruzadas, en las que los recortes de recuerdos, las cartas y las postales entre ambos desde lugares tan dispares como Sevilla, Los Ángeles, Florencia, Barcelona, Santiago de Chile o Puebla, donde Aitor residió, son un reflejo fiel de sus vidas personales y de su vida compartida.

La mezcla entre la ficción y la no ficción también se repite. Recuerdos reales y recuerdos reinventados. Una foto que recuerda lo que no se hizo foto y que ilustrado en forma de foto rescata un trozo del pasado. Los malos momentos y las peores rachas emocionales, también puestas en común entre ambos. El suicidio, la vida, la muerte, el amor, los miedos y las decepciones al calor de una chimenea y de una buena copa de vino. Las historias de Paula y de Aitor puestas con una voz que lees y unas imágenes que recreas. Del puño, letra y trazo de Paula pero también del de Aitor. De la voz y recuerdo de Aitor pero también del de Paula. Una fusión. La fusión que vía Bolaño parece ser que sellan precisamente por el olvido.

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