rodrigue_baez
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Si el ajetreo de estos días en las calles nos abruma o nos aburre, cabe la posibilidad de refugiarse entre los cuadros, los paisajes y formas, de la Pescadería Vieja. Las obras de Pablo Capilla y Rodrigo Báez nos ofrecen una auténtica experiencia estética: mientras contemplamos sus trabajos, ejemplos de maestría técnica y creatividad, nos olvidamos del mundo y de nosotros mismos, porque ya no necesitamos nada más. Varias décadas pintando y experimentando hacen posible tanto el dominio de la técnica como el surgimiento de nuevas ideas.

Los dos autores han dado en esta muestra gran protagonismo al color. Frente a la línea y la figura, domina la fuerza de los colores. Los paisajes de Pablo Capilla captan lo esencial a través de una distribución cromática que roza la abstracción. Las composiciones mantienen ese difícil equilibrio entre la forma reconocible y el sentimiento, la emoción difusa, intensa, que trasmite el color. En una entrevista concedida a Irene Sevilla, para el Diario de Jerez, el autor reconoce la influencia de los pintores postimpresionistas, del fauvismo, y, sobre todo, de Matisse. Entre sus maestros también destaca al pintor catalán Joaquín Mir, crucial para entender la pintura del paisaje moderno en España. En todos estos artistas el color irrumpe de forma agresiva en las composiciones. Esas manchas verdes, rojas, amarillas o azules desbordan cualquier precisión figurativa y al mismo tiempo nos hacen ver qué es lo esencial del paisaje y cómo aparece ante la subjetividad del creador, observador. Sólo la fuerza del color y su distribución permiten plantearnos con radicalidad qué significa pintar un paisaje.

En los cuadros de Rodrigo Báez se refleja también esa importancia del color. En la entrevista que le realizó Jesús Fernández Palacios (Artwork Project) menciona al pintor jerezano Manuel Romero Fernández, a Vicente Vela y a Francis Bacon, “maestro del expresionismo del siglo XX”. En la exposición de la Pescadería Vieja encontramos obras abstractas y de gran complejidad formal. El aparente caos de los colores mezclados contrasta con la geometría o con el orden clásico, la armonía. Son composiciones en las que se trabaja con simetrías.

Así, el desorden aparente es, en el fondo, orden: sustancias que caen para disolverse al atravesar el plano del agua, o de otra materia, y generar círculos, bucles y remolinos. Además, en algunos cuadros aparece texto, palabras que nos recuerdan lo que hemos perdido, lo que somos y lo que nos aniquila: egoísmos, inmoralidad… La arboleda perdida sirve de acertada metáfora para subrayar todo eso que no volverá y todo eso que anhelamos. En sus obras hay un deseo de transformar la realidad, de acabar con la banalidad, la crueldad, la falta de sensibilidad, la destrucción…

Rodrigo Báez cree que los artistas pueden ayudar a cambiar este paisaje social. Los auténticos creadores han de asumir su compromiso con el oficio, con la técnica, y con la experimentación. Plegarse a las modas del mercado puede conducir tanto a la ausencia de ideas nuevas como al desconocimiento de los procedimientos básicos del artista. Las obras de Pablo Capilla y Rodrigo Báez son un excelente ejemplo de lo que significa ser un pintor comprometido con su trabajo.

Pares y Nones puede verse en Pescadería Vieja hasta el 12 de abril. El horario es el siguiente: de lunes a viernes, de 10 a 14 horas y de 17 a 20 horas; sábados y domingos, de 10 a 14.30 horas; y lunes y festivos, cerrado

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