"Para mí leer es un camino para la felicidad"

Ramón Clavijo, en el Día de la Biblioteca, conversa con lavozdelsur.es sobre el papel de estas instituciones, el fomento de la lectura, y sus 35 años al frente de un cargo, el de director de la red municipal de bibliotecas en Jerez, que dejará el año que viene por jubilación

Ramón Clavijo, tras la entrevista con lavozdelsur.es / FOTO: MANU GARCÍA
Ramón Clavijo, tras la entrevista con lavozdelsur.es / FOTO: MANU GARCÍA

Ramón Clavijo Provencio nació en 1955 en Alcazarquivir (antiguo Protectorado español en Marruecos), donde su padre, militar, estaba destinado. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Sevilla, en 1978, cumplirá el año que viene 35 años al frente de la Biblioteca Central de Jerez, y como coordinador de la red municipal de bibliotecas. Será, curiosamente, el mismo año de su jubilación. Con 18 trabajadores —llegaron a ser 26 antes de 2013—, 160.000 ejemplares en la red, y unos 40.000 volúmenes de fondos patrimoniales a su cargo, entró como ayudante en el año 83 del bibliotecario Manuel Antonio García Paz, quien a los dos años se marchó a Patrimonio y le cedió el puesto como director de la institución jerezana.

Gran investigador de la historia jerezana, con varios títulos en su haber, no solo es un apasionado de su trabajo, sino también un defensor a ultranza del papel de las bibliotecas, que celebran este jueves su día a nivel nacional, como dinamizadoras y transformadoras de la sociedad. "Algunos concejales me dicen que siempre estamos con lo mismo, pero es que el problema no se soluciona, y si falta personal, por más vueltas que le demos, sigue faltando personal". Es lo primero que nos dice casi al recibirnos en su despacho de la segunda planta de la Biblioteca Central, un bello edificio que preside la Alameda del Banco en Jerez.

¿Hasta qué punto es valiosa la labor de las bibliotecas de barrio?

El concepto de biblioteca está en continuo cambio y más con las nuevas tecnologías, pero logran adaptarse al ritmo de los tiempos. La de bibliotecario es una de las profesiones que hace alguna década se decía que estaba en peligro de extinción, como el oficio de librero o el de encuadernador, pero la realidad es que la utilidad y la importancia de las bibliotecas justifican que éstas sigan existiendo como institución; otra cosa es que funcionen mejor o peor, pero son servicios municipales de obligado cumplimiento que, además, tienen muchas otras funcionalidades, no solo centro para estudio o para llevarse libros en préstamo. Son centros lúdicos y culturales, tienen un concepto muy amplio. En el sentido de los barrios, son vertebradoras sociales.

¿Lo suyo tiene algo de quijotesco?

(Risas) Llevo 35 años al frente de la red de bibliotecas…

Eso da para mucho...

Da para muchísimo, pero cuando uno se va acercando a la jubilación se da cuenta de que queda un montón por hacer. Me quedarían otros 35 años para terminar esto. Estamos a un año justo, pero aunque me desvincule oficialmente con los 65 años, no lo haré de la biblioteca de forma privada. Seguiré apoyándola en todo lo que sea necesario y creo que estar libre de compromisos oficiales me permitirá hacer cosas para la biblioteca de Jerez que ahora mismo no puedo hacer.

Cuando uno se va acercando a la jubilación se da cuenta de que queda un montón por hacer. Me quedarían otros 35 años para terminar esto

Ha leído de todo en este tiempo.

Claro, es que cuando entro aquí no podía pensar que iba estar al frente de esta institución 35 años. Cuando uno mira para atrás ve que hace 20 años se pudo ir a otro sitio y no se fue, y que, como en mi caso, aposté por quedarme aquí. Yo me sigo considerando bibliotecario y un bibliotecario privilegiado porque en esta biblioteca central de Jerez hay dos bibliotecas en una: una pública, que facilita el préstamo de libros, de libros digitales, la prensa, internet…, y aparte hay otra, que es la biblioteca patrimonial, la que el Ayuntamiento de Jerez ha ido heredando a lo largo de generaciones y nuestra obligación es conservarla para las futuras generaciones. Eso es un lastre, porque es doble tarea, pero para un bibliotecario es lo mejor que le puede pasar porque te da la experiencia con los usuarios, que van cambiando, no son los mismos que venían hace 30 años que los que vienen ahora, y la de ir catalogando fondos e ir descubriendo piezas que le han dado un interés a la biblioteca que a lo mejor hace 30 años no tenía.

Clavijo, a punto de cumplir 35 años al frente de la biblioteca. FOTO: MANU GARCÍA

¿Por ejemplo?

Hay piezas que no vas a encontrar en ninguna otra biblioteca, ni pública, ni privada. Están aquí y si no vienes, no las vas a ver. Hay un libro de 1475, de décadas antes del descubrimiento de América; o un manuscrito del siglo XVII de un alférez de la Armada española desconocido que es el primer europeo que pisa las ruinas de Ancor y al que la faltan las dos últimas páginas. Por una serie de coincidencias, contactamos con la Biblioteca de Nueva York, donde existe una copia del siglo XVIII en la que sí están las dos últimas páginas. Nosotros teníamos el original, pero ellos la copia completa. Esta colaboración permitió recuperar un viaje alrededor del mundo del cual nadie tenía conocimiento. Un viaje que logramos que luego se publicara en Renacimiento en una edición moderna.

¿En esa investigación desata su vocación de historiador?

Claro, hay un trabajo dentro de nuestros fondos para ir descubriendo qué es lo que se encuentra aquí que no se encuentra en ningún otro sitio. Enriquecemos el patrimonio local, pero también a las bibliotecas de las que dependemos, ya sean andaluza o nacional. Es una labor callada, que no se conoce, pero que se hace a diario. En 2014 descubrimos un códice medieval, que es la pieza más antigua de la biblioteca, y tiene una historia rocambolesca. La pieza estaba aquí desde finales del XIX pero no sabíamos que era un códice medieval. Estaba catalogada como un libro del siglo XVIII de salmos litúrgicos y el códice estaba escondido dentro de ese libro. Al comprobar la ficha del libro, con la portada y la contraportada, como no tenemos mucho tiempo porque somos pocos y con mucho trabajo, no se vio nada más. Con el tiempo, en cambio, al hojearlo por una exposición, descubrimos ese algo raro que había en medio, y descubrimos el códice medieval del siglo XIII. Aunque tenemos otras piezas de mucho valor, como un incunable de 1475, un impreso veneciano que solo hay otro igual en Burgos, los Epigramas de Marcial. Cada vez nos queda menos por catalogar y, por tanto, por descubrir, pero aún hay una parte del fondo patrimonial que está inventariado pero no revisado a conciencia.

Cuando te aficionas a la lectura entiendes que vas accediendo a mundos que no tenías ni idea de que estuvieran ahí

¿Qué capítulo queda pendiente en la Biblioteca Central?

Renovar la carpintería del edificio, para avanzar en hacerlo sostenible y mejorar el mantenimiento de los fondos, pero sigue siendo importante acabar con la provisionalidad que tiene la inclusión del Archivo Histórico de Jerez en este espacio, que no estaba previsto que viniera aquí y lleva desde el año 87 en estas instalaciones de forma temporal. Ocupa 600 metros cuadrados que habrían venido muy bien para ampliación, como por ejemplo de la sala infantil o para evitar el colapso de los depósitos. Es una de las grandes asignaturas pendientes desde el punto de vista de las infraestructuras para ambas instituciones. Y luego claro, recuperar recursos humanos; y no cualquier personal, sino personal cualificado y especializado que necesitamos. Son las dos grandes patas que necesitamos solventar. Otra cosa son los presupuestos para comprar fondos u ordenadores, que un año tienes menos presupuesto y al año siguiente te vas recuperando.

¿Leer da la felicidad?

No a todas las personas, pero a muchas sí. A muchas no porque no son conscientes de que a través de la lectura tienen una puerta de acceso a muchos mundos por descubrir. Cuando te aficionas a la lectura entiendes que vas accediendo a mundos que no tenías ni idea de que estuvieran ahí. Uno de nuestros cometidos desde las bibliotecas es intentar que el mayor número de personas descubran la lectura, porque no es solo una cuestión de divertimento o de ocio, sino también de formación. Mucha gente considera que las bibliotecas están pegadas a la formación, pero tienen un componente lúdico muy importante y cada vez más. Para mí, evidentemente, leer es un camino para la felicidad, o al menos, cachitos de felicidad que vas consiguiendo a través de la lectura.

Andalucía es la comunidad autónoma con más bibliotecas, pero con menos lectores de España. ¿Qué falla?

Quizás habría que modificar las dinámicas de las campañas de fomento de la lectura u otras cosas. No lo sé. Por estadísticas, no toda persona que entra en un edificio bibliotecario es un usuario, pero es verdad que el mismo que se sienta a estudiar también puede hacerlo para leer o investigar. Aquí movemos unos 70.000 usuarios en la red de bibliotecas municipales y ha crecido. En este caso, el dato sube porque hemos recuperado horarios de tarde en dos bibliotecas. Hasta 2013 llegábamos a 90.000 usuarios. La gente responde cuando las bibliotecas abren y dinamizan, y para eso es importante estar en contacto con la comunidad; eso se hacía hasta ese año. Ahora no tenemos medios, pero somos conscientes de la pata social que tienen las bibliotecas hoy en día.

El responsable de la red municipal de bibliotecas, en su despacho de la Alameda del Banco. FOTO: MANU GARCÍA

Si las bibliotecas abren, la gente va; y si les dan libros, leen...

Claro, y al final acaban pidiendo que las bibliotecas hagan cosas y sirva de espacio de encuentro. La biblioteca al final se convierte en elemento en dinamizador. En Andalucía se hizo un esfuerzo muy importante en recuperar las bibliotecas públicas y se hicieron muchos esfuerzos, pero con la crisis muchas pequeñas bibliotecas de pequeños pueblos cerraron.

Hay que hacer más esfuerzos porque la gente entienda la importancia de la conservación del patrimonio bibliográfico, no solo monumental. Es tan importante conservar un incunable del siglo XV como mantener en pie una fachada

Para recortar nada mejor que la cultura, ¿es el gran error?

Está claro. En vacas gordas, la cultura recibe algo, pero menos de lo que reciben los demás, y en época de crisis es por donde primero empiezan los recortes. Ahora hay mayor conciencia del valor de lo cultural y lo patrimonial, pero hay que hacer más esfuerzos porque la gente entienda la importancia de la conservación del patrimonio bibliográfico, no solo monumental. Es tan importante conservar un incunable del siglo XV como mantener en pie una fachada. Son importantes ambas cosas.

España tiene más lectores jóvenes que la media europea, ¿le sorprende?

No me sorprende. Hay muchos ensayos que dicen que los niños son grandes lectores, aunque luego se mantenga un pequeño porcentaje. Últimamente, la juventud parece mostrar un especial interés ahora por la lectura y creo que está relacionado con el interés por lo que pasa en el mundo, como cuando yo era universitario y con la politización en la Transición la juventud consumía muchos libros. Temas como el cambio climático, los movimientos migratorios, el feminismo... son cosas que nos afectan ya y eso implica una necesidad de conocer.

El papel resiste, a pesar de todo.

Fueron muy imprudentes al hablar hace treinta años de la desaparición del libro en papel. La Galaxia de Gutenberg creyó anticipar algo que no se ha producido. Aquí ofrecemos la posibilidad de llevarte a préstamo un libro en papel o tener acceso al libro digital mediante una clave. A pesar de todos los formatos, el libro en papel sigue ahí, aunque retroceda en protagonismo. El libro en papel es un formato muy útil y muy práctico; en la playa sigues viendo a mucha gente leyendo en papel. Suelo leer tres o cuatro libros a la vez, pero no me preocupa mucho llevar en el bolsillo cuatro libros. Y no es cuestión de romanticismo, porque las nuevas generaciones han crecido con otros formatos y siguen leyendo en papel. Si me dicen hace treinta años que la biblioteca aún iba a tener avalancha de estudiantes en determinadas épocas del año, no me lo había creído. Pues aún sucede.

Un momento de la entrevista con este medio. FOTO: MANU GARCÍA

¿Qué biblioteca le ha impresionado más?

Más que las grandes bibliotecas, que son otro universo, como la Biblioteca Nacional de España o la de Francia, donde por cierto también se quejan por los recortes, me llaman más la atención las bibliotecas pequeñas donde el bibliotecario se convierte en un referente de la comunidad. Me llaman mucho la atención pequeñas bibliotecas de Asturias y Cantabria, y en su sitio, el bibliotecario debe de ser un referente. En esas pequeñas poblaciones, el bibliotecario debe ser equivalente al médico rural y a mí me parecen verdaderos ejemplos para la profesión. Esos son los auténticos héroes de nuestra profesión, que crean afición a la lectura entre pequeños y adultos, gente que jamás ha tenido interés por la lectura y acaba metida en un club de lectura.

No todo el mundo está preparado para encontrar la información fiable. Hay que saber ir a las fuentes y para eso están también los bibliotecarios

¿Le piden muchas recomendaciones?

No me suelen preguntar mucho. Toda persona hoy en día está bombardeada de información, sobre libros también. Lo difícil no es encontrar la información, sino la información correcta. Ese es un papel del bibliotecario hoy en día. No todo el mundo está preparado para encontrar la información fiable. Hay que saber ir a las fuentes y para eso están también los bibliotecarios.

¿Con qué lecturas empezó?

Julio Verne, Salgari, Dumas, Poe... en aquella época los clásicos juveniles eran esos, y luego he tenido la tentación de volver a leerlos, pero me he negado. Hay cosas que recuerdo haberlas leído con mucho agrado, y no quiero que una mala sensación por releerlas ahora me tape eso. Hay determinados libros que hay que leerlos en su momento.

Al final, no hay tantos libros esenciales, pero hay que encontrarlos. Muchos libros saltan al candelero por la actualidad, pero muchas veces son libros de consumo y poco más

¿Qué autor no falta en su biblioteca personal?

Aquí podría tirar de tópicos, pero soy más partidario de hablar de autores de ahora, aunque nos perdamos en la selva de tantas publicaciones como hay ahora. Soy muy selectivo y apenas tendré unos mil ejemplares en casa, y ahora recomiendo a Manuel Vilas, que tiene Ordesa y es un libro maravilloso. Aparte, también recomiendo La novela del buscador de libros, de Juan Bonilla, que es un bibliófilo muy particular, y El fin del fin del mundo, de Frazen.

¿Usted es de buscar 'joyitas'?

A mí me interesa mucho la literatura de viajes. Antes compraba todo lo que salía, ya no, ahora soy más selectivo. Al final, no hay tantos libros esenciales, pero hay que encontrarlos. Muchos libros saltan al candelero por la actualidad, pero muchas veces son libros de consumo y poco más. Ahora estoy leyendo Sidi, sobre la figura del Cid, de Pérez Reverte, de quien no soy especial aficionado, pero que en este caso me está entreteniendo y con el que estoy aprendiendo.

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