Cuando oigo la palabra "feminazi", una clara expresión del odio reaccionario hacia los logros conseguidos por las mujeres, no puedo dejar de pensar en lo equivocado que están los que usan ese exabrupto para atacar al feminismo y sobre todo para intentar humillar a las mujeres feministas que no se dejan subyugar. Estos exabruptos lanzados de forma tan inconveniente, me suelen hacer reflexionar sobre lo que puede esconderse detrás de tanta rabia contenida.
Parece ser que perder los privilegios culturales ancestrales, económicos y sociales, duele y escuece mucho, sobre todo a algunos sectores masculinos, y a algunas despistadas que aún no se han enterado, que ya no son ciudadanas de segunda clase —aunque se empeñen en serlo— por su condición de mujer. ¿Tanto dolor puede causar la institucionalización de los principios feministas, que sus detractores basan toda su frustración personal y su capacidad intelectual en atacar al sector femenino, acusándolo de todas sus desgracias personales, convencidos de ser víctimas de unas leyes y de una sociedad que supuestamente "los discrimina legalmente"? Quizás lo que si se pueda esconder tras estos insultos, es una misoginia recalcitrante de quienes los lanzan o en el peor de los casos, sus propias inclinaciones de crueles victimarios.
Indudablemente, tantos siglos de superioridad cultural y social han tenido que mermar en grandes dosis, sensibilidades, habilidades y capacidades innatas a muchos individuos, para que hoy en día, éstos sean incapaces de adaptarse a esta nueva situación de igualdad social originada por las luchas infatigables y valerosas de muchas mujeres y de hombres inteligentes y rompedores a través de los tiempos. Porque esta gran transformación social no ha llegado ni por arte de magia, ni por encender velas moradas en novenas religiosas; esta enorme revolución social empezaría a gestarse mucho antes de que comenzara a cuestionarse incluso el sistema patriarcal (fundamento esencial de la discriminación entre hombres y mujeres), como sistema de dominación social. Por lo que debemos saber que los logros obtenidos en derechos y en igualdades sociales, han costado sangre, sudor y ríos de lágrimas a muchas mujeres y a sus familiares a través de los tiempos.
Si indagamos un poco en la historia pasada, encontraremos múltiples e interesantes figuras históricas —mujeres y hombres— que se destacarían, entre otras cosas, por desafiar valientemente a sus gobernantes denunciando situaciones inaceptables de discriminación social contra las mujeres de sus tiempos. Ejemplos históricos de este proceder, serían entre otros muchos: Hipatia de Alejandría (370-415); Muhammad Inb Rush "Averroes" (1126-1198); Cristine de Pizán (1364- 1430); Olimpia de Gouge (1748-1793); John Stuart Mill (1806-1873); etcétera, etcétera... Casi todas estas personalidades sufrieron represalias muy duras por parte de sus gobernantes y también sufrieron el peso de la indiferencia y la incomprensión de sus sociedades.
No fue hasta el siglo XIX, con el surgimiento del movimiento obrero —durante el periodo final de la primera Revolución Industrial en Europa, y a raíz de la Primera Internacional Obrera (1864) y la Segunda Internacional Obrera (1889)—, cuando eclosionaría la lucha por los derechos femeninos de forma organizada —en un principio de la mano del obrerismo— en grupos y sociedades femeninas socialistas, anarquistas y sufragistas en diferentes partes del mundo, con el fin de defender los derechos políticos, sindicales y sociales de todas las mujeres. Éstos fueron, en líneas generales, los antecedentes históricos del movimiento feminista, en los que en esta ocasión, por motivo de espacio no me voy a detener.
Sólo me resta decir dos cosas a todos aquellos que suelen utilizar la palabra "feminazi" para denostar a las mujeres feministas y al mismo movimiento feminista: que el feminismo no persigue; ni somete; ni prohíbe la enseñanza; ni viola; ni maltrata; ni castra; ni vende el cuerpo de los hombres, etc..., para que las mujeres tengan más privilegios, oportunidades y poder sobre ellos y sus cuerpos. En cambio, el sexismo institucionalizado por el patriarcado masculino, si ha infligido
todos esos abusos y crímenes de lesa humanidad contra las mujeres adultas y contra las niñas durante muchos siglos. Por el contrario, el feminismo persigue como único fin, la total integración y la igualdad de oportunidades en la sociedad para todos los seres humanos, sean hombres o mujeres.
Por último, aquí las posibles "feminazis" que hayan pisado el suelo patrio —y no es seguro afirmarlo tampoco con rotundidad— han sido las chicas que pertenecieron a la Sección Femenina de Falange Española de la JONS, enormemente influidas por las doctrinas de la Alemania nazi, que eran muy «modernas» para las mujeres, según para qué cosas. Ejemplo de esta modernidad, entre otras, sería: la practica diaria de gimnasia y la participación en los Coros y Danzas folclóricas, creados por esta organización política para viajar por todo el mundo, especialmente por Italia y Alemania, cada dos por tres, siguiendo las directrices de doña Pilar y de sus asesores fascistas, algunos de ellos fervientes admiradores del nacionalsocialismo alemán, como el ideólogo, Ernesto Jiménez Caballero, quien planearía y gestionaría de forma fallida el casamiento de Pilar Primo de Rivera con Adolf Hitler1 allá por el año 1941.
Por otro lado, también sería bueno recordar, que la Sección Femenina como organización política femenina promovía el nacional-catolicismo, y eso de «las libertades y modernidades femeninas españolas» también habría que ponerlas en cuarentena, pues su ingente y «humanitaria labor», la dedicaba completamente a domesticar las almas y las inquietudes de aquellas mozas ibéricas —que ya estaban supeditadas legalmente a los varones de la familia—, para que sus únicos objetivos en la vida fueran ser madres sanas (dentro del matrimonio, por supuesto) y servir como esclavas domésticas durante todas sus existencias para mantener contentos y felices a sus maridos y a sus descendientes.
1.Fuente: Hitler y Pilar Primo de Rivera, el matrimonio ´revolucionario´ que pudo cambiar la historia de España. Viana, Israel, ABC 23/04/2020.



