Frases extraídas de las múltiples entrevistas que Angelita Gómez ha concedido entre 1955 y 2015:

"Creo que fui bailaora desde que mi madre me tenía en la barriga, y hasta ahora. Desde muy pequeñita, yo no elegí el baile, sino que fue el baile el que me eligió a mí, realmente fue el arte el que me escogió a mí".

"El baile lo llevaré siempre conmigo, aunque lo dejé por una cosa mucho más fuerte como es el amor. El amor es una cosa maravillosa y dejé los escenarios, pero mi arte estaba conmigo, eso no se puede dejar a un lado".

"Yo doy clases de baile desde muy, muy, muy joven, cuando tenía once o doce años yo ya ayudaba a mi familia ganando un dinerito dando clases de baile".

"Llevo a Jerez por bandera y a todos lados que voy dicen "Angelita de Jerez" y "va a enseñar las bulerías de Jerez"...

"En el flamenco no están inventando nada nuevo porque en el flamenco está inventado todo. Lo que pasa es que han cambiado tanto los jóvenes como la vida. Y la evolución de la vida ha influido en la evolución de los jóvenes de hoy en el flamenco. El baile, el cante, la guitarra... todo ha evolucionado".

"Para muchos, el flamenco empezó como una moda, pero luego se han dado cuenta de que el flamenco es una cultura".

"En Jerez somos muy especiales, A veces ha venido por ejemplo Chocolate aquí a cantar y hemos estado en el teatro 15 personas. Y después protestamos porque no viene flamenco puro. Si lo traen, no va la gente y si no lo traen dicen que por qué no lo traen. No hay quien nos entienda".

"Algunas veces en las clases me pongo a explicar y veo a la gente llorando. Eso para mí es una inyección de vitaminas".

"Las administraciones no es que no se enteren, es que no se quieren enterar, porque cuando uno es sordo, pues es sordo. entonces dices: pobrecito, es sordo de nacimiento, pero cuando es sordo cuando le conviene... pues ahí está el problema".

"A la hora de tomar las clases, muchos de mis alumnos extranjeros tienen el mismo problema: les cuesta muchísimo trabajo aprender el soniquete nuestro, el compás de la tierra. Es muy complicado de aprender. Porque antes de aprender a bailar hay que hacer compás".

"Además de la bulería, me gusta mucho bailar por seguiriyas y por soleá. Son los dos bailes que siempre han llegado a lo más profundo de mi corazón. Esos quejíos, esos lamentos que pueden expresar la pena o la alegría de transmitirte algo. Si estás triste porque ha pasado algo, te sientes todavía más dolido. Porque yo creo que el flamenco es eso".

"Era mi primer viaje sola, en mi vida había ido a ningún lado sin mi madre. Antiguamente las mujeres no viajaban solas a ninguna parte, siempre con las madres. Fueron once días en un barco desde Cádiz. si había agua, más lloré yo. Me costó muchas lágrimas, pero en cuanto llegué fue una revolución".

"Hoy hay mucha cantidad. Ahora se canta, se baila, se toca la guitarra mucho más que antes, técnica mucha pero a mí no me duele el corazón, y no me tira un pellizco en el estómago cuando voy a ver todo lo que hay.  Comprendo que hay un trabajo maravilloso hecho, pero a mí no se me erizan los pelos. Quizás no es falta de expresión, es que antes en la vida teníamos expresión y dolor porque no teníamos nada. Y hoy tenemos de todo. Tendrán penas y dolor, pero de otra forma".

"Se ha perdido el respeto en la vida diaria y en el flamenco también".

"Una noche en Caracas llegó al tablao Antonio el Bailarín con su compañía. Mi novio también estaba por allí. Me arranqué a bailar esa noche y Antonio me dijo: Niña, vente mañana conmigo a Madrid que te voy a hacer mi pareja de baile. Y se levantó mi novio y le contestó: Contigo no se va, se va a venir conmigo a España porque me voy a casar con ella y va a ser la mujer de mi vida. Fue cuando dije que no estaba escrito para mí ese papel".

"El baile se me agarró dentro para siempre, y me arrastró y me arrastró hasta hoy mismo".

"Antes las mujeres bailaban más parás, braceando, moviendo las manos; y los hombres ponían su estampa varonil y tiraban más de pies".

"Bailo todos los días, nada más levantarme".

"Vino a mi academia una chica japonesa, desde Madrid. Y había tenido allí a los mejores maestros y se movía bien, y era buena, pero me decía: Angelita que yo cuando bailo me siento vacía. Y yo la cogí una tarde y le puse una alegría por soleá, honda, dura, y le dije que la sintiera dentro, que la sufriera, y la japonesa se puso a bailar y se le saltaron dos lagrimones... Y aquella niña lloraba y lloraba, y con la carita mojá va y me dice: Ay, Angelita, esto es lo que yo quería".

"No somos ni mejores ni peores, somos algo diferentes. No sé por qué. Tenemos sangre caliente y eso es lo que no se puede aprender".

"Con tres o cuatro meses de vida, mi madre me cantaba por Caracol y me cuenta que yo ya movía las manos. También me contaba que cuando yo tenía meses ella me ponía en el parque y me cantaba y yo le bailaba".

"A los cinco años ya bailaba en la calle, como un juego más. Y recuerdo que mi madre tenía unas castañuelas que me dio y sin que nadie me enseñara las tocaba. Una noche de verano cuando jugaba con las niñas en la calle, pasó una profesora de baile que se llamaba María Pérez y me escuchó tocar las castañuelas. Se acercó y me preguntó por mi madre, a la que se presentó y le dijo que me llevara a su academia para aprender a bailar... mi familia no tenía medios económicos para pagarme las clases, pero no le importó y me dio las clases gratis. Así que me preparé en su academia y me presentó a un concurso de sevillanas con castañuelas, y gané el primer premio. Y, a partir de ahí, empecé a bailar clásico, pero era imposible, porque a mí lo que me tiraba era el flamenco y así fue. A través de otras personas me presentaron a la Gitana Blanca, a María Pantoja... y me metí en el flamenco. Un día me encontré bailando a Sebastián Núñez, que era guitarrista, y fue como mi padre artístico, y él fue quien mi introdujo en todo este mundo, me llevaba a las fiestas flamencas, con artistas veteranos, y me sacaba a bailar como si fuera un "regalo", en el fin de fiesta. Tenía siete u ocho años"

"Por el año 1956, con doce años, iba a la base de Rota a dar clases a los americanos. Me hicieron un carnet para entrar en la base a enseñar baile a las mujeres e hijas de los oficiales, una vez por semana".

"María Pantoja me enseñó muchísimos secretos del baile flamenco y del baile gitano, y por eso dicen que yo bailo como si fuera uno más de ellos, una gitana más".

"En el año 1973 decidimos volvernos de Venezuela a España, y volvimos a Jerez, pero al casarme con un italiano perdí la nacionalidad y al llegar a la ciudad no nos dejaban montar nada a los extranjeros, así que nos tuvimos que ir a Italia y de allí nos fuimos a Nueva York. Era una extraña en mi propia tierra".

"En 1982 decidimos volver de Nueva York para quedarnos en Jerez. Al enterarse de que estaba aquí, Manuel Morao se puso en contacto conmigo para abrir una Escuela de Arte Flamenco en Doña Blanca, y comenzamos a trabajar en 1983. Luego, a partir de 1984, me establecí por libre en la Porvera, como Escuela de Baile Flamenco Angelita Gómez".

"La boda es un recuerdo muy bonito. Me dejaron como obsequio de boda la carroza de don Pedro Domecq. la boda fue muy sonada, imagínate en una calle llena de piedras, donde vivíamos gente humilde, ver a Angelita Gómez vestida de novia en una carroza fue para los vecinos como una cosa de cine. Fue algo impresionante. La fiesta fue todo el día, pero la fiesta más grande fue a mediodía cuando regresé a mi casa para cambiarme, y estaban todos los flamencos de Santiago en mi patio."

"En mi época de 15 años cuando iba a las fiestas. me cantaba Fernando Terremoto y yo no sabía lo que iba a hacer. Él se ponía enfrente y yo ya no era yo, me transformaba y me metía en eso que él me estaba diciendo. Había un contacto con ese cante, y cuando terminaba me preguntaba ¿qué he hecho?"

"Cuando a Jerez llegaban espectáculos de flamenco, como los de Caracol y Lola Flores, yo solía ir a verlos y desde mi butaca, con los pies descalzos, yo repetía los diferentes pasos de baile para al día siguiente recrearlos en mi casa".

"Muchas veces acompañé a artistas como el Borrico, Sordera o la Paquera en las fiestas organizadas en las bodegas y grandes casas de los señores de Jerez, cerrando el fin de fiesta con mi actuación, ya que era la más pequeña".

"La situación de penuria económica de mis padres me hizo lanzarme a la aventura americana".

"El baile y el flamenco siempre me han acompañado, hasta en los peores momentos de mi vida". Es mi fuerza y la vida la vivo de esta manera... ON MY WAY".

"El proyecto de la Ciudad del Flamenco demuestra que por fin se han dado cuenta de que el arte flamenco no pertenece, únicamente, a los cuartos y al campo. sino que es cultura con mayúsculas".

"Yo el baile no lo voy a dejar nunca porque es mi vida. Tanto que yo creo que no lo elegí, sino que el baile me eligió a mí".

"He puesto mi alma, mi corazón, mi mente en el baile, lo ha sido todo para mi, y cuánto me ha ayudado a tirar para adelante en momentos muy duros de la vida".

"Recuerdo cuando me cantaba Fernando Terremoto y, cada vez que lo recuerdo, se me remueve el cuerpo entero".

"El baile de hoy, zapateado y venga zapateado... pero yo muchas veces no le encuentro jondura... hay que dar primacía al sentimiento, no sólo a la técnica".

"Hay demasiado ruido en los espectáculos y el cante, que es lo principal se ha dejado de lado...una pena".

"He pasado muchas fatigas. Tuve que bailar porque en casa no había para comer, yo he hecho cola en los comedores. Luego vinieron las enfermedades, y también se superaron. Entonces me di cuenta que la vida es muy bonita para estar triste, y por eso intento estar alegre".

"Antes no podíamos ni comer un ajo, porque no teníamos pan ¡cómo íbamos a comer ajo! Sí se guardaban los mendruguitos para juntarlos y  hacer un ajo. Ese día era día de fiesta en casa del pobre. No había nada".

"Me retiré del baile en los escenarios por amor, y fue tan inmenso ese amor que no tengo espinita clavá".

"En aquellos años, por los 50, cuando yo veía a mis maestros por la calle, para mí era el día más feliz porque había visto a tal o cual cantaor, bailaor o guitarrista. Haberle dado un beso a mis maestros, a María Pantoja, a Sebastián Núñez, era algo que me embrujaba".

"Recuerdo cuando iba a bailar con cinco o seis años al Sanatorio de Santa Rosalía, con niños pequeñitos con problemas de huesos; recuerdo cuando iba al asilo San José ,a la escuela de comercio, al buen Pastor, a un homenaje a Javier Molina, la primera vez que subí al Villamarta, con siete años con mi bata de cola..."

"En la Feria hacía doblete. Estábamos en la Previsión Andaluza, en la caseta de Fino Campero, en la de Aviación, la peña taurina, el tablao del Ayuntamiento, que era para el pueblo, no como el templete, que era para gente pudiente...todas las noches trabajábamos ahí el cuadro flamenco de Sebastián Núñez: El Pili, Canaleja de Jerez, Carbonero, Sebastián Núñez, Chano, su hijo, la gitana Blanca, El Roque, El Chiripa, una Angelita con siete años, mu chiquitita... Es un recuerdo precioso. Yo era la niña chica, el regalito".

"Ahora se baila no mejor que nunca, sino con más técnica y el flamenco, o como yo lo siento, no es perfección, es sentimiento. Claro que hay que tener técnica, por supuesto, pero hoy se ve muy poco respeto hacia el cante, hacia la guitarra".

"Musicalmente el flamenco era más bonito que ahora .Y digo musicalmente en todos los sentidos: con más delicadeza, el baile más parao, con más sentimiento... hoy en día no te dejan respirar, alargan los bailes veinte minutos, media hora. Abusan un poco".

"No voy a descubrir a los grandes cantaores que ha dado esta tierra, pero también ha dado grandes bailaores. El baile de Jerez es muy nuestro, muy paradito, con mucha dulzura,, suavidad, sin exageración, nada de como se baila hoy, con tantos saltos, tantas cosas raras".

"Siempre se ha dicho: baila bien: mueve las manos. Hoy hay muy pocos bailaores y bailaoras que muevan las manos, los hombres como hombres y las mujeres como mujeres. Hoy, todos iguales, y antiguamente había una gran diferencia. Las caderas de las mujeres eran dibujás; hoy taconean las mujeres igual que lo hombres, y así todo".

"Hay que insistir mucho en el vestuario de hombres y mujeres. Qué difícil es hoy ver una chaquetilla corta, cuesta mucho trabajo mover los brazos y hoy los bailaores están todos abajo y taconeando. Los jóvenes me gustaría que empezasen a vestirse de bailaor, no con pinzas".

"Hoy vas al teatro y es muy difícil que te levanten de la butaca, sentir ese escalofrío que te provocaba la cabeza dibujada de Güito, de Gades... y una parada a tiempo. Hoy es más difícil pararse que bailar. No hay forma de parar el compás. Lo difícil es meterte bien con la guitarra, con el cantaor..."

"Hoy en el escenario no se anda, se corre, porque es lo más fácil. Andar con empaque, con dominio... Hoy todo el mundo va a ver quien corre más".

"Cuando vamos fuera de España a dar clases te reciben y te tratan como un rey. Están pendientes de todo, te dan regalos, te tratan como algo especial..."

"Para mí es una satisfacción enorme ver en el teatro a mis alumnos rompiéndose la cara y el corazón".

"Tengo premios y reconocimientos, pero que  me paren en Jerez y me digan: Angelita, qué alegría de verte, es lo mejor".

"Cuando me puse una bata de cola en Ayer y siempre, después de 40 años fuera del escenario, cuando me apuntaron con el foco parecía que los pies me los habían pegado con cemento. Qué trabajo me costó dar el primer paso. Y ya cuando sales, le muestras a tu gente que todavía te queda algo".

"Actué en un barco cuando fui por primera vez a Venezuela. Tardamos once días hasta Caracas y como había en la tripulación camareros de Cádiz pues por la noche nos reuníamos y cantábamos y bailábamos".

"Yo le haría un desplante a la violencia, al maltrato femenino, al abuso a los menores y también al hambre que hay todavía en muchos países del mundo. Le haría un desplante de los grandes".

"El Festival de Jerez es un gran festival. Magnífico. Un trabajo en equipo extraordinario, que no es un trabajo de dos días, sino de todo el año hablando, viendo espectáculos y con la crisis es difícil, pero ahí está y ya lleva muchos años".

"Mi mayor satisfacción como bailaora o como maestra es haber podido sacar a grandes bailaores o bailaoras, para mí ha sido un honor".

"Ahora me dedico más bien a cursos internacionales. El tema de estar trabajando todo el año ocho o diez horas se queda ya para la gente más joven. Me sale un curso de una semana en Alemania, pues voy; en París, pues allá estoy, el Festival de Jerez..."

"Cuando yo empecé no se podía ni pensar. Además decías que querías ser artista y parecía que ser artista y la mala vida iban unidos".

"He puesto sólo un ladrillito para seguir enseñando lo que me enseñaron mis mayores. Yo no aprendí sola. Sola no se aprende. Tú naces, pero tienes que ir a que te pulan. Yo tuve maestros maravillosos que ahora creo se hubiesen sentido tan orgullosos de mi como yo me siento de mis alumnos. Gente como María Pérez, María Pantoja, Sebastián Núñez, o las vivencias de fiestas con Paco Laberinto, El Borrico, Remache, Canaleja, Terremoto, Diamante Negro... era la crema de la crema. Era lo que teníamos y lo que vivíamos".

"He tenido el honor y la satisfacción y me siento tan realizada y privilegiada porque a mí me han cantado por siguiriyas Fernando Terremoto [padre] , y por siguiriyas y soleá su chiquito, y también me ha tocado la guitarra Juan Morao y luego su hijo, Moraíto. Pocas personas han tenido ese privilegio".

"Nacer en Jerez da algo especial, sí, no sé si es la tierra, la albariza, el aire del vino, del sol, de los caballos, no sé qué es lo que es, pero el soniquete, el ritmo, es diferente en Jerez".

"Mi primera maestra de baile, María Pérez, una de las mejores maestras de clásico español, me dijo que yo estaba hecha para el flamenco, que tenía pellizco. Luego María Pantoja me enseñó a no perder la feminidad, los movimientos, y a partir de entonces de la mano de mi maestro Sebastián Núñez, a trabajar y a bailar: me llevaban a las fiestas como regalo, como broche final con tan sólo siete años".

"Mi máximo objetivo como Rey Melchor es concienciar a los jerezanos de que existe mucha necesidad y pobreza, lo más importante en Jerez es que se cree trabajo y que los jóvenes no se vean obligados a emigrar. También es muy importante inculcar valores como el respeto mutuo y que nos queramos unos a otros, no sólo ahora sino el resto del año".

"El baile lo tengo enfocado a una cosa maravillosa y que además me gusta muchísimo, que es la enseñanza. Me siento feliz y me siento realizada como maestra".

"A muchas alumnas extranjeras cuesta explicarles cómo es ese tiempo, el compás, cómo hay que arremeterse, y lo más difícil que encuentran es la bulería de Jerez. La bulería es difícil por eso, porque hay que bailarle al cante. A veces vienen muy tensas, y yo les digo que para bailar la bulería de Jerez hay que relajarse, les cuesta mucho trabajo con los movimientos de cadera, de hombro, pararse, las manos, no se trata de rellenar el tiempo".

"Yo nací en el número 19 de la calle Clavel en 1944. A los cinco años ya estaba en la casapuerta bailando sevillanas, pero como Dios me dio a entender, sólo de ver bailar a los mayores. Un día pasó por la calle María Pérez, que tenía una academia en la misma calle Clavel, y se quedó tan sorprendida de cómo lo hacía que habló con mi madre para que mandara a su academia. Ese mismo año fui la sensación en la famosa caseta de "La Previsión Andaluza". Gané allí un concurso de sevillanas, a los cinco años".

"Sebastián Núñez me enseñó a escuchar el cante y el toque, y muchos secretos del baile flamenco  por alegrías, caracoles, soleá..., aunque quien me enseñó a bailar la bulería fue María Pantoja".

"Con siete años me subí al escenario del Teatro Villamarta, en los Pórticos de Navidad y Reyes. Llevaba una bata de cola amarilla y con encajes negros de bolillos hechos a mano. Al final, me dieron dos ramos de flores enormes, y como me olvidé de que llevaba la bata de cola, me quedé inmovilizada, sin poder andar para atrás".

"En la misma calle Clavel tenía su estudio el pintor Juan Padilla, que me escogió como modelo para hacer dos cuadros. En el primero me pintó vestida de flamenca, sentada pero de cuerpo entero. Era un mural muy grande, y yo lo pasaba mal porque había algunas moscas y no podía ni tan siquiera parpadear. Luego me pintó en un retrato que expuso en el Hotel Los Cisnes. Ahí estoy también vestida de gitana. El primer cuadro lo compró un señor de Madrid que no sé quién es, y el segundo, que se lo regaló a mi madre, lo tengo yo ahora. Por posar me pagaba siete pesetas la hora, aunque para una niña como era yo entonces, resultaba bastante difícil quedarse quieta".Para más información, accede al Archivo Documental de Angelita Gómez  http://canalflamenco.es/angelitagomez/

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