El Ballet Nacional de España regresa al Festival de Jerez para celebrar su 40 aniversario. Antes de alzar el telón este viernes, con localidades agotadas, su director, Antonio Najarro, habla del presente de la compañía pública y de los enemigos de la danza española, "el desconocimiento y la falta de visibilidad".

El Ballet Nacional de España celebra este año cuatro décadas de existencia, mientras que acumula más de década y media sin pisar el Festival de Jerez. Doble celebración, por tanto, cuando este viernes 23 de febrero, a partir de las nueve de la noche en el Teatro Villamarta, con las entradas totalmente agotadas, la institución pública levante el telón de la vigésimo segunda edición de la muestra de baile flamenco y danza española más relevante del mundo. En 2002, Antonio Gades, primer director del BNE, logró con su Fuenteovejuna los premios de la crítica y del público del Festival, pero hasta entonces, el proyecto artístico no ha vuelto a comparecer en el muestrario anual de propuestas que ofrece Jerez. Ha llovido desde entonces. También, por supuesto, ha habido cambios en la compañía. Y crisis. Mucha. Desde 2011, cambió su dirección, que pasó a manos del bailarín y coreógrafo madrileño Antonio Najarro (1975), y en este tiempo, con los vaivenes de la recesión y la precariedad siempre reinante en el mundo de la cultura, ha logrado consolidar un proyecto que mezcla el repertorio de siempre con las creaciones de los nuevos talentos de la danza española. "Es un Festival que admiro, que respeto y que veo que está muy consolidado por la calidad de las propuestas que lleva y después de tantos años volver con el Ballet Nacional para mí es un honor", ha afirmado en conversación con lavozdelsur.es.

De alguna manera, la apertura del XXII Festival de Jerez es una reivindicación de la danza española en todas sus dimensiones, lo que el responsable de la institución lleva tatuado a fuego. "El duende y el misterio del flamenco es todo para mí. Pero duende y misterio no hay solo en el flamenco, lo hay también en la danza estilizada, en la escuela bolera, y lo hay también en nuestro maravilloso folklore. Puedes ver bailar folklore y sentir el duende, el misterio y el alma de la danza española, que está en el flamenco pero también en el resto de sus disciplinas". Este punto de partida conlleva para Najarro abordar el pasado, presente y futuro de la danza española en conjunto. "Es totalmente imprescindible ese ejercicio, y por eso en mi proyecto director estaba presente recuperar el 50% de la programación del BNE con el repertorio de la danza española y, al mismo tiempo, dar cabida a las nuevas creaciones de los grandes coreógrafos y jóvenes bailarines emergentes que tenemos hoy en día".

"Puedes ver bailar folklore y sentir el duende, el misterio y el alma de la danza española, que está en el flamenco pero también en el resto de sus disciplinas"

Para la rentrée en el Festival, con Esther Jurado y Francisco Velasco como bailarines principales —más un elenco de otros casi cuarenta artistas entre bailarines y cuerpo de baile— se mantendrá esta constante con una suite clásica y contemporánea divida en dos partes: de la escuela bolera de Eritaña y el Zapateado de Saraste, de Antonio Ruiz Soler —estrenadas en 1960 y 1946, respectivamente— a Alento, una coreografía de danza clásico-española o estilizada ideada por Najarro que puso en pie hace tres años con música de Fernando Egozcue. Por medio, una joya exquisita como La soleá del mantón, de Blanca del Rey, y El bolero de Ravel, una coreografía de Rafael Aguilar sobre la emblemática composición que hace unos años también desempolvó el BNE. “A pesar de toda la belleza y la profundidad alcanzada por la versión de Maurice Bejart, creo que con el lenguaje flamenco, con sus ritmos y su estética, es posible dar una nueva lectura, si no más profunda, sí más personal de esta obra enriquecida de una atmósfera y de unos sentimientos nacidos del alma española, de los cuales Ravel fue un profundo observador, atento e inspirado”, escribía Aguilar sobre su particular Bolero, que ahora de la mano del BNE también podrá disfrutarse en el Festival de Jerez ."Agradezco muchísimo al Festival que admita propuestas, por ejemplo, de escuela bolera y otras mucho más vanguardistas que a lo mejor van mucho más allá del flamenco", insiste Najarro, consciente de la importancia de preservar el pasado de todas las disciplinas dancísticas para evolucionar. 

Decía Gades, "el silencio existe porque existe el ruido". ¿Demasiado ruido en ese afán de evolución, del triple salto mortal? "Soy un total defensor de los artistas que tienen una línea y la defienden con garras. Para mí es insignificante mi opinión personal sobre el trabajo de un artista, lo importante es que defienda esa idea y luche por ella, a expensas de que pueda gustar más o menos. Eso se merece un respeto enorme. Otra cosa es que la opinión general de un público pueda estar a favor o en contra de un artista. Hay que dejar oxigenarse al artista, hay que dejarle equivocarse, el público tiene que dejar que nos equivoquemos porque de esas equivocaciones se aprende mucho; y no hay que olvidar que en el riesgo está la evolución. Cuando hablo de riesgo, hablo de un riesgo respetuoso con las bases, con las raíces. No se puede arriesgar si no hay conocimiento. Pero Aplaudo mucho a los artistas que arriesgan porque ahí está la evolución". 

Después de tomar contacto con el BNE hace más de 20 años, cuando se convirtió en primer bailarín de la compañía, ha visto una evolución del Ballet marcada por el hecho de que cada director "ha tenido un estilo y una línea totalmente diferentes". En su caso, reconoce, "lo que he intentado es abrir las puertas del BNE, que se empape de los lenguajes de nuevos coreógrafos; solidarizarnos con grupos con diferentes tipos de discapacidades; llevar la danza española a los niños; y, sobre todo, nutrir al BNE del repertorio que tiene ahora. Llevamos siete programas totalmente abiertos a contratación, con repertorio, y me siento orgullosísimo de la calidad artística que tenemos". En este mirar de atrás hacia adelante se encuentra una compañía por la que han pasado algunos de los más grandes bailarines españoles de todos los tiempos y que ahora, en manos de Najarro, un viejoven en el mundo de la danza, pelea por sobrevivir en un sector en la cuerda floja. De hecho, según el último informe de la SGAE, desde 2008 los espectáculos de danza han caído un 56,5%, se ha perdido la mitad de los espectadores y el 55,5% de la recaudación.

¿A quién culpamos? Najarro responde: "Soy de la opinión de que hay que dar mucha más visibilidad mediática a la danza española; me estoy rompiendo todo por intentar conseguir un programa televisivo semanal de danza española, actual, dinámico, cercano, y que de una vez por todas se deje de ver que la danza es un arte elitista, un arte que hay que conocer para saborear. Estoy harto de llevar la danza a la calle, de acercarla a la gente de a pie, y necesitamos un mayor apoyo mediático, sobre todo de televisión, porque la danza hay que verla, y la gente tiene que tener una muestra de todo lo que están haciendo los coreógrafos de ahora, elegir qué van a ver. Pero el desconocimiento y la falta de visibilidad es lo que hace, quizás, que un público pueda ser reticente a conocer y valorar la danza".


En este mismo contexto de crisis, el pasado 2016 hubo una rebelión interna en el BNE. Los bailarines de la compañía, dependiente del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (Inaem), afrontaron una huelga hastiados de sus pésimas condiciones laborales, con contratos que debían ser renovados, desde 1995, cada septiembre. Entonces, Najarro, elegido por concurso público y con contrato prorrogado hasta el año que viene, dio la cara por los suyos. ¿Hay conciencia de que la situación, también a nivel laboral, debe cambiar? "Sí, conciencia la tiene todo el mundo, eso hay que dejarlo claro. Desde que entré estoy luchando por las mejoras retributivas de los bailarines, que se han paliado, pero no como se tienen que paliar. Porque lo que se tiene que paliar es un cambio de convenio, un cambio de leyes, unos sueldos adaptados a unos bailarines que son equiparables a deportistas de élite de nuestro país, una jubilación que necesita un bailarín, un teatro para la danza que necesita el BNE y la Compañía Nacional de Danza... Por supuesto, todo eso hay que lucharlo, pero hay que hacerlo con cabeza, conociendo cómo funciona la administración, el tiempo que pueden llevar estos cambios, conociendo cómo está la situación social real de nuestro país, y actuar de una manera organizada y constructiva. Soy muy positivo al respecto, hay una concienciación muy clara desde la dirección del Inaem sobre este problema, se han puesto manos a la obra, pero hay que dejar el tiempo necesario para que la Administración actúe, y, desgraciadamente, siempre suele ser lenta".

"Al BNE le puedes echar lo que quieras; realmente ahora me siento orgulloso y tranquilo del estado en el que se encuentra"

Después de destacar, pese a las adversidades, el "excelente momento" que atraviesa el BNE, "al que le puedes echar lo que quieras, y del que realmente ahora me siento orgulloso y tranquilo del estado en el que se encuentra", el bailarín y coreógrafo madrileño, Matrícula de Honor en Danza Española en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma, confiesa que "nunca me ha abandonado la danza". "Es parte de mi vida. Dedico mi vida a la danza desde los ocho años y, quizás, incluso en algún momento esa dedicación ha sido excesiva, pero siempre que he estado en un mal momento, en una situación difícil, la danza siempre me ha dado el empujón para seguir adelante. Sé que los pasos que he querido dar, los que he podido dar, o las dificultades a la hora de tomar cualquier decisión, al final siempre han sido por algo positivo, por un aprendizaje o por aportar todo lo que puedo a la danza".

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