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El destino de algunos escritores parece homologarse al de sus propios países. A los peruanos, a excepción de Mario Vargas Llosa, una especie de fatalismo les persigue.

El destino de algunos escritores parece homologarse al de sus propios países. A los peruanos, a excepción de Mario Vargas Llosa, una especie de fatalismo les persigue: Julio Ramón Ribeyro, excelso cuentista, jamás alcanzaría el éxito mayoritario que su valía merecía y siempre achacaría a la industria editorial su precario pasar; al poeta César Vallejo la muerte le pondría punto y final un 15 de abril en París con aguacero y su obra sería moneda corriente de culto para la inmensa minoría. ¿Acaso existe otro sino para el verdadero orfebre de la palabra? Al respecto, Eduardo Mendicutti  comenta en 'Aunque tú no lo sepas'., documental sobre el poeta Luis García Montero: “Escribe una poesía… yo no diría que comprendo, sino que me comprende”. El poeta granadino nos invita a poner en  duda si “solo es bueno lo que se comunica con una facilidad adolescente en los circuitos sentimentales de la sociedad de consumo".  La eterna lucha entre calidad y comercialidad.  Al fin y al cabo, no todos los escritores pretenden “estar a la altura de todo lo tachado”.

No es de extrañar que Javier Krahe fuera a dar su último recital en un centro cultural llamado A pousada das ánimas, en la localidad coruñesa de Boiro. Durante el primer aniversario del cantautor nos percatamos que no existe recambio ni moral ni estético al trovador madrileño, que nadie emula sus gestas dentro de una canción ni se mueve con tanto brío en un metro cuadrado. Tal vez, ningún otro poeta se ocupó (y preocupó) por la métrica y la rima como lo hizo el irreverente Krahe en sus canciones. Por ello, este hidalgo donjuanesco es referente de innúmeros trabajadores de la palabra eximia.

De la alquimia y los espejos sabía (y escribía) Jorge Luis Borges como nadie nunca antes. Sirva esta estrofa para sintetizar esta enseñanza bicéfala sobre el arte poético:

"A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara".

 

Querido lector, durante este mes de agosto retomaremos, como Serrat en Chile tras la dictadura de Pinochet, el canto allá donde lo dejamos colgado.  

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