El artista catalán brinda casi tres horas de recital en el Tío Pepe Festival, desplegando su repetorio de poesía, flamenco y copla, y exhibiéndose, ante un abarrotado auditorio, sin tapujos a base de reflexiones y vivencias personales: "Respeto al que quiera ser independiente, pero no sabe lo que se pierde".

Cualquiera diría que Miguel Poveda tenía una deuda pendiente que saldar con Jerez. Pisó la directa al iniciar su recital en el IV Tío Pepe Festival, este pasado sábado en un atestado Patio de la Tonelería de las bodegas González Byass, con una sucesión de composiciones inspiradas en las letras de algunos de sus poetas españoles preferidos del siglo XX, pero luego, a los tres temas de sus Sonetos y poemas para la libertad, se explayó en una especie de acto de acción de gracias a todo lo que el flamenco y los flamencos de la que Lorca llamara la “ciudad de los gitanos” le han aportado para el despegue meteórico de su carrera. Han pasado ya 24 años desde que ganó la Lámpara Minera en La Unión y buena parte de todo lo transcurrido desde entonces, incluido ese cierto divismo que ahora despliega en sus apariciones públicas, no se entendería, como él mismo se encargó de subrayar, sin Jerez.

"He venido a un lugar que amo, ustedes lo saben; no digo esto para el aplauso o para quedar bien, los que me conocen en esta tierra saben de mi amor por este lugar, este lugar que tanto me enseña, del que tanto aprendo, y del que todos en el mundo del flamenco y no flamenco debemos de seguir aprendiendo, porque es una música que aquí sigue viva". El carismático intérprete, que se exhibió en su regreso a la ciudad (apenas dos años después) como el voraz animal escénico que es, no solo derrochó facultades artísticas a cada instante de su recital, sino que se mostró especialmente comunicativo con su público.

Durante un speech de bienvenida a los asistentes (casi 2.000) donde casi tuvo que cortarse a sí mismo, Poveda prosiguió alabando a la ciudad y a sus más geniales artistas jondos: "Yo amo a la familia de los Zambo, de los Terremoto, adoro todo lo que aquí se ha dado y se sigue dando: Fernando de la Morena, mi compañero, mi amigo y admirado Moraíto (ahí prorrumpieron los aplausos), Diego Carrasco… y a todos los grandes del flamenco de este lugar con los que he podido compartir, y con los que no". Aquí hizo un paréntesis y puso el foco sobre la inmortal Lola Flores: “Sobre todo, adoro la tierra de la universal, de la genial, de una mujer única en el mundo, porque solamente hay alguien comparable con ella, que es Michael Jackson. Está Michael Jackson y está Lola Flores, ahí al mismo nivel. ¡Viva Lola!”. “Quiero devolverles de alguna manera todo lo que ustedes me han dado”, remachó, momentos antes de retomar un concierto que dividió en el bloque dedicado a la poesía, en otro puramente flamenco —"mi punto de partida"— y en una amplia pincelada volcada en la copla, otra de sus pasiones. 

"Mi punto de partida, mi base, es el cante flamenco"

"El cante flamenco —reconoció— es mi base, mi punto de partida, aunque lo empezase allí en Cataluña, en ese lugar donde se acogió a muchos andaluces y permitió que yo me criara entre todos los que emigraron allá y formaran tantas peñas andaluzas y tantos lugares que permitieron que la música de aquí sonara allí como si aquello fuese otra pequeña Andalucía". Como si de unas confesiones en directo y ante dos millares de espectadores se tratase, Poveda profundizó en su alocución: "La música flamenca, el cante tradicional, lo he amado desde allá hasta que pude juntar unos durillos y venirme para acá; y empezar a venirme a Los Juncales, a la calle Nueva, y empezar a estar con Fernando de la Morena, con Morao, con el Mono, con los Zambo, con mucha gente, e impregnarme de lo que es la esencia del cante. Pero no desde la escucha que tenía en Badalona, sino desde lo directo, desde el compartir, siempre desde un lado de espectador y con admiración, pero todo eso lo absorbía". "Luego no sé hacerlo, pero lo intento", bromeó, para a continuación resumir: "Os adoro, os amo muchísimo, y quería compartir algún asunto con ustedes para que entiendan cuánto representan en mi vida y cuánto representan en mi cante". En un amplísimo viaje por "las emociones de mis viviencias, que son el cante flamenco, la poesía, y la canción andaluza sin complejos ni ataduras", Poveda prometió dar "el alma" y a fe que lo logró. Respaldado por sus músicos habituales, el badalonés sigue sustentando sus directos en el piano de Joan Albert Amargós, a quien presentó con profusa admiración, y ahora, ya sin Chicuelo, en el toque del isleño Jesús Guerrero, "que dará mucho ruido para bien". Entre corte y corte, se mostró libre a la hora de cantar pero también a la hora de interactuar con su público. Antes de iniciar un periplo por el mundo de las alegrías de Cádiz, cantiñas del Pinini y bulerías gaditanas incluidas, quiso zanjar rencillas entre Jerez y la capital, y equiparó, en parte, esos absurdos enfrentamientos cerriles con lo que ocurre en su Cataluña natal.

"Qué cerquita estamos de Cádiz. Jerez es Jerez, pero Cádiz mola. Siempre lo digo con mi tierra, que también se matan entre ellos, y Barcelona es maravillosa, eso no se puede negar, pero luego tiene esas cosas de los muros, las separaciones y las tonterías. Todos estamos en el mismo planeta, viva Cai y viva Jerez de la Frontera". Muy a gusto en todo momento, quizás por ello rozando en algún momento la incorrección política (algo tan raro como sano en estos tiempos), mantuvo: "Yo respeto al que quiera ser independiente, pero no sabe lo que se pierde". Y en este contexto, volvió a bromear hasta consigo mismo: "Como además me dicen tanto que me parezco a Gabriel Rufián, que me da tanto coraje, pues es un poco para que sepáis que no tengo nada que ver". El público, claro, secundó la broma entre risas y ovaciones. "¡Qué grande eres, Miguel!", se oyo en más de una ocasión. 

Bromas sobre el separatismo catalán: "Como me dicen tanto que me parezco a Gabriel Rufián, y me da tanto coraje, quiero que sepáis que no tengo nada que ver"

En otro pasaje de la noche, en la introducción que brindó a Lole y Manuel con Todo es de color, no dudó en meterse en el charco de la actualidad política del país —antes también dedicó Guerra a la guerra, de Alberti, "al pueblo venelozano, por la angustia que están pasando tan injustamente"—. Al recordar cómo descubrió aquel disco, en cuya portada sobrevolaba una gaviota sobre fondo azul celeste, Poveda ironizó ante los presentes asegurando que "si hoy en día lo vemos, pensaríamos que es una propaganda del PP". "A esta pareja mítica de El Tardón les dio por esta gaviota y yo creo que no eran de ningún partido, porque tenían un mensaje muy libertario, muy bello, muy bonito". Y volvió a ironizar: "No digo que el PP no lo tenga, no, de verdad... (se paró a pensar) hoy en día están todos fatal. Pero os lo juro que no lo digo como crítica a ningún partido, que tendría (críticas)".Y volvió a dar explicaciones más personales, como si de una conferencia de prensa se tratase: "En mi casa, una hermana mía es de Podemos, y la otra, como no tiene personalidad (bromeó de nuevo), también lo es; mi madre, del PSOE de toda la vida; mi padre, como no vive, de ninguno; y yo, como si me hubiera muerto como mi padre, de ninguno. Me hace gracia porque parece que los de Podemos están como más avanzados, son más modernos, pero a veces dicen unas patochadas... Al final, lo que vale es la política de la gente, de las personas, de la música, porque esa pareja que sin pensarlo había hecho una portada con un cielo azul y una gaviota, lo que mandaban eran un mensaje de libertad y de belleza que los diferenciaban del resto, hicieron una poesía y un flamenco diferente que, gracias a eso, llenaba plazas de toros y no por eso era menos puros. Hablo de Lole y Manuel y yo les quiero hacer un homenaje al margen de que hubieran tenido una portada de color morada, naranja, una rosa o una gaviota. ¡Viva Lole y Manuel!".

Habló Poveda de su madre, de cómo "estaba enamorada de Chiquetete", y de cómo "le gustaba más la música que comer"; y de cómo le mandaba a la cama por la noche con un huevo pasado por agua en el cuerpo, "pasando necesidades, pero sin que faltara la música", como aquel Lorca que reclamaba un trozo de pan pero también un libro. Y habló de Sevilla, ciudad que ha dejado recientemente tras más de una década residiendo allí, reivindicando la necesidad de que no se pierda la cultura y, especialmente, la gitana. "Algunos decidieron desperdigar a los gitanos y no gitanos que vivían en Triana y cargarse esa cultura que se forjó allí con esos bailes tan auténticos, tan lascivos… Afortunadamente, hay gente que sigue admirando y queriendo esos lugares, y reivindicando una cultura que no debe perderse y que yo, desde un lado modesto, humilde y muy catalán, quiero agradecer todo lo que me ha dado". Entonces, se acordó de repente de Porrina de Badajoz, antes de regresar a Triana y bailarle por tangos, provocativo como siempre, al Titi. 

En esta sucesión de reflexiones íntimas, relatos de viviencias personales, homenajes y, por descontado, mucho cante, el artista tuvo tiempo de sacar al escenario a Antonio El Pipa para hacerle bailar por bulerías, y de improvisar sendos tributos al insigne Manuel Alejandro, presente entre el público, y a otro de esos autores jerezanos que "adoro", como es el desaparecido Antonio Gallardo Molina, de quien rescató una letra que especialmente le toca, La senda del viento, dedicada a Carmen Amaya y con la que vino a cerrar un círculo ajeno a los prejuicios, a las segregaciones y a quienes se empeñan en dividir antes que unir. Cantó por malagueñas, verdiales, seguiriyas, bulerías de Jerez; cantó A ciegas, Quédate conmigo, Voy a perder la cabeza por tu amor, El último minuto, No volveré a ser joven, Dame la libertad —tributo a El Lebrijano—, y clausuró la gala con La leyenda del tiempo. ¿Como autohomenaje? Y, tras prácticamente 180 minutos en escena, se fue como llegó, entre ovaciones y derrochando un carisma y un tirón que raro es el que empieza hoy en el flamenco y no querría parecerse a Miguel Poveda.

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