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José Miguel Román, a sus 22 años, es el pianista repetidor del Villamarta: "Aprendí a leer música antes que un libro", asegura.

Nació como lo hace cualquier otro niño sin aparentar en un principio el talento que posee. El barrio de La Granja, fue el primer hogar que conoció y en el que comenzó a descubrir los sonidos de la música. Mientras que los niños de la barriada jugaban las pachangas de fútbol, José Miguel Román Jiménez (20 de julio,1993) disfrutaba con los dibujos animados de La Banda Mozart. “Me quedaba embobado viendo esa serie, lo flipaba cuando veía esos dibujos animados. Mi madre me comenta que cuando era pequeño cogía los Playmobil y con una cañita de las de beber hacía como que los dirigía en un concierto”.

Sus padres pensaron llevarlo junto a sus primos gemelos a jugar al fútbol pero este jerezano lo tenía muy claro, quería tocar el piano. Estudió en la escuela de Belén Fernández durante cuatro años para pasar posteriormente al Conservatorio de Jerez donde descubrió otros instrumentos como el saxofón, que también toca. “Cuando era pequeño los niños no me decían nada de que tocara el piano pero cuando estaba en el instituto los chicos de la escuela siempre bromeaban con lo de pianista y que si tenía las manos ágiles para otras cosas”.

A sus 22 años, es el pianista repetidor del Teatro Villamarta, un lugar que le sirve de escuela para seguir aprendiendo y formándose profesionalmente. No se considera un niño prodigio pese a haber tocado incluso para Plácido Domingo o Ismael Jordi entre otras figuras de la lírica. “No soy un niño prodigio, en este sentido se suele hablar de altas capacidades. Mi madre siempre me decía que aprendí a leer antes música que los propios libros. Imagínate cuando los profesores le contaban eso a mi madre. La actitud es fundamental para avanzar en la vida y si eres curioso pues avanzas más rápido que otras personas. Reconozco que soy un chico curioso pero soy muy normal. Me gusta la ópera, la zarzuela, el ballet pero para desconectar me gusta echar mis partidas al FIFA también con los amigos o jugar con mi hermano”.

Pese a ser de Jerez y dedicarse profesionalmente al mundo de la lírica o música clásica, reconoce que está introduciéndose actualmente en el flamenco. “Creo que me deberían sancionar por ello. Siendo de Jerez y no conocer tanto sobre el flamenco es un delito. Dorantes por ejemplo estudió en el Superior de Sevilla, me encantaría aprender de él. Es un tío que se pone al piano e improvisa lo que quiere”.

Tocar el piano no es solamente abrirlo y empezar a tocar la sinfonía que resuena en la cabeza. La música hay que saber estudiarla, y cada profesional tiene su método. “Si eres pianista solista debes ser muy pulcro, la música y la voz del cantante deben ir controladas de cabo a rabo. Si eres en cambio pianista para acompañar por ejemplo al coro o en una ópera, debes estar atento a todo. Siempre que me dan una partitura intento conocer lo que dice el texto y conocer la trama de la obra. Hay que interiorizar lo que se va a tocar porque hay que buscar la manera de entender la pieza sobre todo para su armonía”.

Pese a ser tan joven, ha empezado a abrirse camino no solo en el Teatro Villamarta. En varias ocasiones ha cogido su maleta para tocar en Valladolid o para la Filarmónica de Málaga. El pentagrama de su vida está compuesto por esforzarse cada día y seguir aprendiendo. “A largo plazo me encantaría dedicarme a la dirección de orquesta en foso, es decir en óperas, zarzuelas, ese tipo de espectáculos. Estoy ligado al mundo vocal desde muy joven, cuando tenía 13 años y veía a los coros me lo pasaba pipa. La música cuando se canta o toca y estás con gente hay una conexión especial que me llena mucho más”.

 “Estaba comiendo con mis padres celebrando mi cumpleaños. Recibí una llamada de un número desconocido ofreciéndome tocar en la Filarmónica de Málaga con Plácido Domingo. Yo pensé que en un principio me la estaban colando".

Una de las anécdotas de su vida se produjo este 2015, el mismo día en el que cumplió años. Tocó nada más y nada menos que para Plácido Domingo. “Estaba comiendo con mis padres celebrando mi cumpleaños. Recibí una llamada de un número desconocido ofreciéndome tocar en la Filarmónica de Málaga con Plácido Domingo. Yo pensé que en un principio me la estaban colando pero después me di cuenta. Imagínate como me puse de contento, estar rodeado no sólo de esa figura sino también con Ana María Martínez o Nuria Pomares como bailaora. Cuando estaba allí pensaba que era una pasada todo lo que estaba viviendo”. Sobre la figura de Plácido Domingo, Josemi lo tiene claro: “Lo que vi personalmente es que es un mastodonte en la escena. Lo ves y te gana nada más verlo por su voz, su presencia, su actitud. Controla tanto lo que hace que es algo natural en él. Desde el minuto uno está en el ensayo y hasta que no acaba no se marcha”.

Hablando de tenores, otro de los más especiales para el joven pianista es el jerezano Ismael Jordi. “He coincidido con Ismael varias veces. Es fantástico haberle conocido y encima tener la oportunidad de tocar para él. Me encanta ayudarle porque es una persona que ayuda a la otra parte. Cada vez que le propongo algo de echarle una mano siempre escucha y se interesa por la opinión de los demás”.

Su escuela profesional actualmente es el Teatro Villamarta. El coro del coliseo jerezano cuenta con el talento de este pianista junto al tremendo trabajo de su director Joan Cabero. “Lo del Villamarta es una gozada y un privilegio. Joan es un genio, sabe perfectamente solucionar todo los problemas que pueden surgir además de guiarte en todo. Ahora mismo es mi escuela, ser repetidor de las óperas y estar con el coro es algo precioso. Somos un grupo sincero donde hay un gran ambiente y muchísimas ganas de aprender por parte de todos”.

Una de las personas que más le ha marcado en su vida ha sido Pablo Heras Casado, un director de orquesta de Granada que tuvo el placer de conocerle en una reunión puntual. “Lo admiro muchísimo. Es alguien que salió de la nada y ha llegado a un nivel altísimo. Es un apasionado de la música. El director no deja de ser nunca un maestro”.

Aunque la música sea el principal motivo en su día a día, no pierde de vista otros asuntos como es la pésima situación laboral de los jóvenes o de la cultura en el país. “La cruda realidad es complicada. Muchas personas acaban de estudiar y se plantean que es lo que hacen ahora. Cuando sales del conservatorio por ejemplo todo es muy bonito pero te topas con la realidad. La cultura está muy castigada, en Jerez por ejemplo ha habido varios años sin temporada lírica. La única manera de avanzar es ir abriéndose camino poco a poco, estar en los sitios y darte a conocer. Con los espectáculos pasa lo mismo, antes había subvenciones ahora tienes que buscarte la financiación.

Con respecto a la enseñanza de la música en escuelas o centros especializados, José Miguel ve una falta de recursos tremenda. “Lo que pasa actualmente es que en vez de profesores hay evaluadores. Yo quiero que haya alguien que me enseñe, no que me valore solo. Se busca más que apruebe el niño en vez de que aprenda.  El estudiante debe disfrutar con la música no que termine aburriéndose con la preparación. La enseñanza debe adaptarse al alumno”.

Sobre el autor:

Borja García Tejero

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