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Lo que la jerezana presentó en el Villamarta fue un completo tablao, en el que ella fue la protagonista de principio a fin pero siempre en la agradable e imprescindible compañía de los suyos.

Lo que la jerezana Manuela Carpio presentó en el Villamarta fue un completo tablao, en el que ella fue la protagonista de principio a fin pero siempre en la agradable e imprescindible compañía de su gente, todos artistas con experiencia y categoría para propiciar un espectáculo de flamenco clásico en la más pura tradición jerezana.

Manuela es un torbellino sobre las tablas, siempre imprevisible, sin más guión que su intuición y su capacidad para reinventarse en cada paso, en cada gesto, en cada desplante, buscando la emoción que su pasión bailaora transmite. Bailó largo y de todo, después de salir de un marco sobre una tarima negra que sería el espacio escénico por el que pasaron casi todos ya fuera cantando o bailando. De ese marco, algo rancio, salió ella vestida de rojo para bailar por alegrías de manera correcta y elegante. Juan José Amador y Juanillorro dejan las primeras muestras de su mejor cante. Luego vendrían transiciones que en realidad son la puesta en escena de una reunión flamenca en la que el cuadro se reparte en dos grupos y van actuando a izquierda y derecha del escenario. El cenital marca el turno. Es la fiesta esencia de Jerez.

Martinetes y cantes de trilla, en las voces de El Extremeño y Juanillorro, sirven para dar paso al baile por seguiriyas de Manuela. La cabal Moritos a caballo, cristianos a pie que canta Amador es grandiosa. Manuela le responde con su mejor baile. De nuevo otra transición, esta vez protagonizada por Juan Requena, Manuel del Tañé y Enrique El Extremeño, que dejaron una variada gama de fandangos abandolaos cantados a compás. Los tangos, fueron para Juan Diego Mateo y Juanillorro. Mucho cante y baile, mucha fiesta desordenada que sólo buscaba divertir y emocionar.Pero, la verdadera emoción, el punto álgido de la emocionada pasión, llegó cuando Manuela Carpio se plantó sobre el escenario y empezaron a escucharse los primeros sones de la soleá. Las guitarras llaman al cante de El Extremeño, pero por un lateral ya se oye la voz de Tomasa Guerrero La Macanita cantando por soleá como ella únicamente sabe hacerlo, quejándose, sacando la voz de adentro, estremeciendo los corazones e invitando a la bailaora a sacar lo mejor de ella misma. Y así fue: un baile por soleá largo, quizá demasiado largo, en el que la jerezana dio muestras de su maestría a través de sus muchos recursos. Emocionó y transmitió, llegó a la fibra más sensible del respetable que irrumpió en un aplauso sincero para reconocer los méritos que la habían llevado al escenario grande del Festival de Jerez. Lo mejor de la noche. 

Sin embargo, la cosa no acabó ahí. Había que rematar por bulerías para que toda la compañía participara del triunfo ya conseguido. Todos —hasta Manuela— cantaron y bailaron en la fiesta final interminable que tal vez habría que haber acortado para redondear la duración de un espectáculo que es la esencia de Jerez.

Título del espectáculo: 'Manuela Carpio al compás con su gente'; Lugar, fecha y hora: Teatro Villamarta, 1 de marzo, 21:00 horas. Aforo: Casi lleno. Baile: Manuela Carpio, Diego de la Margara (Artista invitado), Israel de Juanillorro y Luis Peña. Cante: Tomasa “La Macanita” (Artista invitada), Enrique “El Extremeño”, Juan José Amador, Manuel Tañé, Juanillorro, Iván de Manuela. Guitarra: Juan Diego Mateos, Juan Requena.  Palmas y yunque: Carlos Grilo.

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