Pau Riba.
Pau Riba.

Sólo algunos hombres de la transgresión parecen aguardar la nimiedad de la grandeza. Y aunque la encuentren, son todavía menos los que la devoran en vida. Un espectáculo mayor de variedades con un artista central, asumiendo el control de unos pies que bailan al son de un público consumidor. No son pocos los que deciden bajarse de ese carro. Seguramente no será fácil verse macerado en la jovialidad de una generación y apartarse de todo ello. Asumir las consecuencias de un tiempo muerto y continuar por un camino tan incierto como  emocionante el recorrido. Existen ejemplos de renuncia a las leyes del mercado discográfico. Existen ejemplos de permanencia en el proyecto artístico personal y coherencia. Sin duda uno de ellos será Pau Riba. Un verdadero músico y artista. Tan insólito este mallorquín como polifacético, un hombre de otro tiempo. Un comediante en la savia de su esencia.

Nieto de los poetas Carles Riba y Clementina Arderiu, no se puede negar que su trabajo representa una de las cúspides de la cultura catalana contemporánea. Un vértice en la calidad que parece reflejarse en cada una de sus obras con mayor o menor fortuna.

Su carrera empieza a mediados de los 60 cuando intenta, sin éxito, ingresar en el conjunto Els Setze Jutges (donde por cierto militaba Joan Manuel Serrat). Demasiado iconoclasta resultó ser para los juglares, que se negaron en rotundo a compartir escenario con un tipo demasiado hippie. Con perspectivas transcontinentales funda Grup de Folk. Un ejemplo de música americana a la sardana. En esa época, además de interpretar los éxitos internacionales, Pau Riba empieza a ser conocido por una de sus mayores composiciones 'Taxista', un tema entre la Velvet y la canción protesta de Dylan.

Memorables también 'Noia de porcellana', 'L´ home estátic' o 'Miniatures'. Todas ellas de cierta notoriedad. En 1970, Pau consigue producir su primer disco Dioptría I, una celebrada mezcla de rock-folk que no podría dejarnos indiferentes. Posiblemente Riba iba para burgués de buena familia catalana hasta el momento de esta publicación. Una parodia en toda regla, con letras provocativas y cómicas, sin olvidar ese aire místico o la jovialidad de la niñez en cada estrofa. Dicen que el primer disco de rock grabado por completo en catalán, servirá como material seminal para todo el movimiento venidero (le acompañaban los míticos Om). En 1971 tendremos Dioptría II. Tras breves giras de promoción y algún que otro concierto de contrabando Pau decidió hacer un paréntesis para mudarse a la isla de Formentera. Allí, desde una cueva y en pleno contacto con la madre Gaia, nuestro protagonista encontró un cierto refugio temporal que vio nacer a su primer hijo.

En un ambiente postnatal, desde su madriguera, Riba dedica el que sería su tercer disco a su pequeño. Jo, la donya i el gripau (1971), un disco acústico, con un marcado ambiente intimista que invita a la reflexión. Es 'La lluna, la pruna' el mayor éxito de este trabajo, que vuelve a contar con la colaboración de Toti Soler.

En 1975, cansado de la vida campestre, decide volver a la ciudad de Barcelona donde le espera una de sus grandes publicaciones. Aconsejado por otros músicos y en plena expansión de las bandas progresivas por todo el territorio nacional, Pau Riba se dispuso a grabar uno de las mejores representaciones del rock progresivo catalán. Si Màquina! ya adelantó mucho antes lo que estaba por venir, Pau completa el recorrido con una joya que brilla con luz propia.

Electròccid àccid alquimístic xoc es para algunos el mejor disco del autor. Aunque su pretensión era grabar un disco "duro" al acecho del movimiento urbano madrileño, el resultado dista de ser demasiado heavy. Desde el hard-rock se adentra en las entrañas del movimiento progresivo que se estaba realizando por aquel entonces, para revolucionar desde dentro un género que no encontraba fulgor ni camino. Es un álbum conceptual y redondo. Una reinterpretación de las "sonatas" psicodélicas y progresivas.

Sin duda, la obra de Pau Riba no se reduce a estas tres primerizas obras musicales. Su legado se afianza y madura en la senda de una idiosincrasia tan particular como el sonido que su género musical. Un hombre sin memoria. Un radiante artista "desconceptual".

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