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Jesús Carrasco sólo ha escrito dos novelas, incluida La tierra que pisamos. Sin embargo, es uno de los autores más apreciados de nuestro país. Si usted ha leído Intemperie (Seix Barral, 2013) sabe de qué hablo. Para muchos lectores se trata de una de las mejores novelas de las últimas décadas. Cuando los editores de varios países la leyeron en la Feria de Frankfurt pensaron lo mismo: una historia, simple y densa, narrada con un léxico bien pegado a la tierra. Por eso ha sido traducida a más de veinte idiomas. Los lectores se la recomiendan unos a otros con pasión. Y el libro circula entre amigos y familiares, porque nos encanta recomendar belleza… Así que el segundo libro de Jesús Carrasco es uno de los acontecimientos literarios del año. Y el martes estuvo en Jerez, en los Claustros de Santo Domingo, para charlar con Elena Prieto Arjona.

Según la manera de entenderlos el lector, los libros tienen su propio destino, dice un verso latino. Palabras que nos recuerdan, sostiene Elena, que en la literatura hay tres elementos básicos: autor, obra y lector. Jesús Carrasco nació en Olivenza, Badajoz. Realizó el INEF y ha trabajado muchos años en el sector de la publicidad. Hasta que triunfó con Intemperie, una obra que transcurre en el mundo rural, con unos personajes bien definidos y un lenguaje preciso. En La tierra que pisamos Jesús Carrasco nos lleva a la Tierra de Barros, en Extremadura, a un pequeño pueblo con un castillo. Estamos a principios de siglo XX, en unas circunstancias históricas que no sucedieron, ucronía. España y Europa, quizás África también, permanecen bajo el yugo de un terrible imperio que ha dividido el mundo en vencedores y vencidos, de una manera irrevocable, cuenta Elena. En ese pueblo viven algunos mandos militares jubilados. Eva es la mujer de uno de esos despiadados militares. A través de su mirada exploramos la relación atávica de los seres humanos con la tierra y con el prójimo, con ese otro que se presenta ante nosotros cara a cara. “La tierra que pisamos” hace referencia a ciertos conflictos históricos reconocibles por todos, sin mencionar ningún Estado concreto.

Para Jesús Carrasco hay otro elemento que cierra el círculo. Está el autor, la obra, el lector y otra vez el autor. Gracias a Intemperie ha podido comprobar cómo un texto puede generar una gama infinita de emociones, de recepciones. Son momentos únicos, momentos que hacen que la escritura valga la pena. Nos cuenta que en una feria del libro se le acercó un joven y rompió a llorar… Cuando un libro pone voz a los sentimientos del lector sucede algo maravilloso. Y los sacrificios de la escritura, dice, han merecido la pena.

Elena le pregunta si el éxito de Intemperie ha influido en la creación de la segunda novela. Y la respuesta es tajante: no. Porque el autor, dice Jesús, sólo se debe a su texto, a su escritura, al compromiso que tiene con la lengua, con las palabras. Además, desde que Seix Barral decide publicar el libro hasta que realmente lo publica pasó un año. Durante ese año Jesús deja su anterior trabajo en el mundo de la publicidad y se pone a escribir. Empieza a escribir su segunda novela sin conocer todo el impacto que luego tendrá la primera. Además, el escritor, aunque quiera, no puede conocer los intereses, tan variopintos, de sus lectores. Ha escrito, por lo tanto, el texto que deseaba escribir, el que necesitaba escribir, afirma Jesús.

En sus dos obras hay una alusión a la relación del hombre con la tierra. Es una relación casi física. Ahora, en La tierra que pisamos es una tierra más fértil que en Intemperie, dice Elena. Ese interés por la naturaleza, aclara Jesús, le viene de su vida en el campo, porque él es un hombre de pueblo. Siempre ha tenido un contacto directo con la tierra, su contexto esencial de aprendizaje. Los primeros esbozos de Intemperie fueron un fracaso porque, buscando la perfección técnica, se alejaron de las raíces materiales del autor. La versión que conocemos arranca de esos estratos vitales, terrenales, del escritor. Porque el cuerpo es todo, frontera y relación con la luz, el agua, el viento,… El interior, emocional, de los personajes tiene un correlato con el exterior físico, con lo que ocurre en el entorno, como el crecimiento de una planta, el nacimiento de un fruto… La naturaleza señala el trascurso del tiempo.

Con pocos datos, señala Elena, la prosa de La tierra que pisamos nos transmite imágenes completas. La escritura, dice Jesús, necesita espacios, huecos. Ahí interviene el lector. Esos espacios vacíos son imprescindibles para que el lector interprete el texto y se sumerja de verdad en él. Si lo cuentas todo, al detalle, impides esa apropiación. Los libros se quedan en nosotros, recalca, porque nosotros hemos entrado de verdad en ellos. En el proceso de escritura es más importante quitar que añadir. Jesús empieza escribiendo mucho. Pero luego dedica varios meses a eliminar lo que sobra de ese primer escrito. Como si fuese un cómic, quita el texto de un bocadillo para que el lector lo complete. El escritor deja huecos para que los llenemos con nuestras emociones, imágenes, ideas… Ahí se encuentra lo esencial del hecho literario.

Lo mismo sucede con la descripción de las circunstancias históricas y políticas de La tierra que pisamos. Hay dos planos, dice Jesús. Por un lado está la tierra de su madre, bien localizada, con sus olores, sus sabores… Por otro lado está el imperio, que simboliza lo mercantil, la mera relación económica con la tierra. El imperio hace referencia al totalitarismo, a la opresión más cruda. No es necesario identificarlo con un imperio real. Hay escenas, imágenes, que nos remiten al colonialismo o a los sistemas totalitarios que sufrió Europa. También, como trasfondo, se palpan los tristes acontecimientos de nuestra Guerra Civil. Jesús reconoce que todos hemos sufrido los desastres y crímenes de esa contienda.

En la novela se superponen planos sociales, relatos, perspectivas vitales…. Para lograrlo, Jesús utiliza técnicas propias del cine. Porque el cine le ha influido mucho a la hora de escribir. Realiza, por ejemplo, fundidos, para pasar de una historia a otra. El léxico de esta segunda obra ya no es tan preciso como en la anterior, sin embargo, dice Elena, ahora la trama es mucho más enrevesada. La estructura de su última novela, advierte Jesús, es más compleja. Y es un riesgo que ha asumido. Presenta una estructura muy fragmentada en la que se narran dos historias con ritmo desigual. La trama de La tierra que pisamos exige más al lector.

En cuanto al estilo, Jesús Carrasco menciona a varios escritores. Cormac McCarthy le sirve de modelo a la hora de introducir el tono poético entre la prosa; Carver y Hemingway para la prosa eficiente, austera; la tradición americana para su prosa funcional. Y escribir publicidad implica saber sintetizar…

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