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Literatura a la carta: un menú de ideas y caminos

Reseña del libro 'Ideas cortas y caminos largos' (Langre, 2025) de Miguel A. Moreta-Lara, un viaje a través de la memoria y las lecturas del autor. La lectura de este libro deja un sabor de literatura muy recomendable

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  • Detalle de la portada de 'Ideas cortas y caminos largos'

En esta época de bombardeos editoriales, donde a los libros no les da tiempo de reposar una mínima pátina de polvo en los anaqueles de las librerías, Miguel A. Moreta-Lara nos ofrece en su obra reciente, Ideas cortas y caminos largos (Langre 2025), un menú degustación para todos los públicos, para todos los gustos, para casi todas las edades, porque en breves capítulos da pinceladas sobre autores y libros que, de alguna manera, forman parte de su propia historia literaria y casi, me atrevo a decir, vital.

Ideas cortas y caminos largos es un viaje a través de la memoria y las lecturas del autor, desgranando a lo largo de veinticinco capítulos temas tales como las  similitudes y diferencias entre Flaubert y Baudelaire (ambos perseguidos judicialmente), o la historia de Eleanor Aveling, hija de Karl Marx y traductora de Madame Bobary al inglés, que se suicidó con veneno (¡spoiler!) al igual que la protagonista de la novela de Flaubert; pasando por las lecturas adolescentes, como Siddharta de Hermann Hesse, o cuando profundiza sobre Abdellatif Laâbi, el más grande poeta vivo de Marruecos y su esposa, Jocelyne, también escritora implicada activamente en la lucha de las mujeres por los derechos de los hombres cautivos. Habla sobre los topos de la literatura española de la mano de Benjamín Prado y sobre las mujeres silenciadas de la cultura española desde la escritura de Marifé Santiago.

Anécdotas y curiosidades no faltan en el texto de Moreta-Lara, como el término mimofante (mimophant), acuñado por el escritor húngaro Arthur Koestler, que define a un ser híbrido con la sensibilidad de la mimosa para uno mismo y la piel y la brutalidad del elefante en relación con los sentimientos de los demás.

  • Portada del libro.
  • -

La nómina de autores, filósofos, músicos, poetas, pintores es amplísima: desde Robert Graves hasta María Zambrano, pasando por Unamuno, Katia Mann y sus memorias, Colet y su relación con Flaubert, Pilar Salamanca, Virginia Wolf y sus fantasmas, Remedios Varo o la familia Cerezales Laforet. En cuanto a esta familia de literatos y artistas, no sólo cita y escribe sobre Carmen Laforet, sino también sobre sus hijos, destacando a Cristina y Marta, ambas grandes narradoras y traductoras.

Por otro lado, se sitúa Moreta-Lara a favor de una contranarrativa feminista contra el discurso dominante no solo del orientalismo trasnochado, sino de la cosmovisión patriarcal: y eso se nota en sus preferencias literarias.

Pero hay algo más que quisiera destacar en este artículo y es la sabiduría del autor al guiarnos por las ideas cortas y los largos caminos, olores que acompañan al viajero, los nuevos sabores que descubre y los colores de los paisajes que se van sucediendo entre libros y críticas. El texto sobre la célebre procesión danzante de Echternach, declarada ya patrimonio cultural inmaterial de la humanidad o la cerveza alemana, se convierte en parada obligatoria para viajar inexcusablemente hasta Mainz (tras la visita al museo Gutenberg) y degustar además de los platos de la tierra un excurso sobre Lutero, la imprenta o la Premio Goncourt Anise Koltz.

La lectura de este libro deja un sabor de literatura muy recomendable.

Miguel A. Moreta-Lara nació en Marruecos y vivió en el Sáhara. Profesor en universidades de Marruecos y Hungría entre 1993 y 2008, fue, a su vez, asesor agregado y consejero de educación en las embajadas de España en Rabat, Budapest, México DF y Bogotá. Catedrático de Filología jubilado es autor de varios textos entre los que se puede destacar Más amor y más sufrir. Cancionero de cuplés (2000), La puerta de los vientos. Narradores marroquíes contemporáneos (con Marta Laforet y Lorenzo Silva, 2004), La imagen del moro y otros ensayos marruecos (2005 y 2018), Contar las cuarenta (2019), Dietario salvaje (2021), Infierno y paraíso de las islas. Memorias de mar y mujer (2022) y Mientras respira la tarde. Cien micrólogos) (2024) entre otros.

En esta época de bombardeos editoriales, donde a los libros no les da tiempo de reposar una mínima pátina de polvo en los anaqueles de las librerías, Miguel A. Moreta-Lara nos ofrece en su obra reciente, Ideas cortas y caminos largos (Langre 2025), un menú degustación para todos los públicos, para todos los gustos, para casi todas las edades, porque en breves capítulos da pinceladas sobre autores y libros que, de alguna manera, forman parte de su propia historia literaria y casi, me atrevo a decir, vital.

Ideas cortas y caminos largos es un viaje a través de la memoria y las lecturas del autor, desgranando a lo largo de veinticinco capítulos temas tales como las  similitudes y diferencias entre Flaubert y Baudelaire (ambos perseguidos judicialmente), o la historia de Eleanor Aveling, hija de Karl Marx y traductora de Madame Bobary al inglés, que se suicidó con veneno (¡spoiler!) al igual que la protagonista de la novela de Flaubert; pasando por las lecturas adolescentes, como Siddharta de Hermann Hesse, o cuando profundiza sobre Abdellatif Laâbi, el más grande poeta vivo de Marruecos y su esposa, Jocelyne, también escritora implicada activamente en la lucha de las mujeres por los derechos de los hombres cautivos. Habla sobre los topos de la literatura española de la mano de Benjamín Prado y sobre las mujeres silenciadas de la cultura española desde la escritura de Marifé Santiago.

Anécdotas y curiosidades no faltan en el texto de Moreta-Lara, como el término mimofante (mimophant), acuñado por el escritor húngaro Arthur Koestler, que define a un ser híbrido con la sensibilidad de la mimosa para uno mismo y la piel y la brutalidad del elefante en relación con los sentimientos de los demás.

  • Portada del libro.
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La nómina de autores, filósofos, músicos, poetas, pintores es amplísima: desde Robert Graves hasta María Zambrano, pasando por Unamuno, Katia Mann y sus memorias, Colet y su relación con Flaubert, Pilar Salamanca, Virginia Wolf y sus fantasmas, Remedios Varo o la familia Cerezales Laforet. En cuanto a esta familia de literatos y artistas, no sólo cita y escribe sobre Carmen Laforet, sino también sobre sus hijos, destacando a Cristina y Marta, ambas grandes narradoras y traductoras.

Por otro lado, se sitúa Moreta-Lara a favor de una contranarrativa feminista contra el discurso dominante no solo del orientalismo trasnochado, sino de la cosmovisión patriarcal: y eso se nota en sus preferencias literarias.

Pero hay algo más que quisiera destacar en este artículo y es la sabiduría del autor al guiarnos por las ideas cortas y los largos caminos, olores que acompañan al viajero, los nuevos sabores que descubre y los colores de los paisajes que se van sucediendo entre libros y críticas. El texto sobre la célebre procesión danzante de Echternach, declarada ya patrimonio cultural inmaterial de la humanidad o la cerveza alemana, se convierte en parada obligatoria para viajar inexcusablemente hasta Mainz (tras la visita al museo Gutenberg) y degustar además de los platos de la tierra un excurso sobre Lutero, la imprenta o la Premio Goncourt Anise Koltz.

La lectura de este libro deja un sabor de literatura muy recomendable.

Miguel A. Moreta-Lara nació en Marruecos y vivió en el Sáhara. Profesor en universidades de Marruecos y Hungría entre 1993 y 2008, fue, a su vez, asesor agregado y consejero de educación en las embajadas de España en Rabat, Budapest, México DF y Bogotá. Catedrático de Filología jubilado es autor de varios textos entre los que se puede destacar Más amor y más sufrir. Cancionero de cuplés (2000), La puerta de los vientos. Narradores marroquíes contemporáneos (con Marta Laforet y Lorenzo Silva, 2004), La imagen del moro y otros ensayos marruecos (2005 y 2018), Contar las cuarenta (2019), Dietario salvaje (2021), Infierno y paraíso de las islas. Memorias de mar y mujer (2022) y Mientras respira la tarde. Cien micrólogos) (2024) entre otros.

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