De 3.000 personas a unas 14.000. De una discoteca, bajo techo, al recinto del botellódromo, al aire libre. De 12 a 14 artistas. Y seis hoteles llenos. Son los datos de la proyección del Primavera Trompetera Festival, que con sólo dos ediciones ya apunta maneras de lo que puede llegar a ser si se gestiona con cabeza y/o no influye ningún factor externo. Ahí está el ejemplo del Espárrago Rock y el diluvio de 2000. Precisamente en ese espejo puede que se miren los organizadores del Trompetera. Vale, salvando las distancias. Ni son tantos días y el cartel es más modesto, pero puede ser el referente más reciente de los últimos festivales, de estas características, celebrados en Jerez.

Unas 14 horas de música de forma ininterrumpida. Dos escenarios. Numerosos puestos de comida y bebida. Y mucha seguridad. Controles exhaustivos realizados a la entrada. Fuera, los jóvenes hacen tiempo bebiendo en la parte del botellódromo que queda libre, donde, eso sí, se echa en falta algún contenedor en el que poder depositar la basura que se va acumulando con el paso de las horas. Dentro la cosa mejora.

¿Y la música? Empieza pronto. Antes de las cuatro ya está el primer grupo en uno de los dos escenarios en los que se van alternando las actuaciones. Con Andalucía Vandals y los chicos de La Pompa Jonda se ven los primeros botes y el ambiente se empieza a animar. Hay ganas de festival. Si Chipiona tiene AlRumbo y Zahara este año el Cabo de Plata, ¿cómo no iba a tener Jerez un festival de este tipo? El Canijo lo dijo durante la presentación del Primavera Trompetera y la idea, parece, la comparte más de uno.

Él, que con una de sus canciones da nombre al festival, estuvo omnipresente durante todo el día. No sólo en su actuación subió al escenario, también con Tote King –con quien colabora en el tema El premio pa ti– y con su “compadre” Juanito Makandé, uno de los platos fuertes del cartel.

Va cayendo la tarde y, con O’funk’illo, los presentes disfrutan de lo lindo. Alguno hasta reclama que su concierto hubiera estado mejor algo más tarde. Difícil encajar a tantos artistas un mismo día y que guste a todo el mundo. Miguel Campello, conocido de su etapa con El Bicho, revoluciona al personal. Sin camiseta, con su característica boina y dando volteretas hacia atrás, protagoniza algunos momentos de “pellizcazo”, como define alguno. Hasta se anima a cantar el primavera trompetera… Que luego, cómo no, retoma El Canijo durante su pase, pasada la medianoche, cuando ya no pega despedirse del abrigo.

“Estoy como en casa, yo me he criado en El Pelirón”, dice, poco antes de dedicarle El aire de la calle, mecheros en alza, a Migue Benítez, el delinqüente que nos dejó con tan sólo 21 años. “Migue, estamos en Jerez, no te olvidamos compadre”, dice El Canijo mirando al cielo. No es el único artista jerezano, fallecido, del que se acuerdan durante el festival. Juanito Makandé tiene palabras para El Torta, también para Migue y para Moraíto.

No hay tregua. Pocos minutos después de acabar cada actuación, comienza la siguiente en el escenario de al lado. ToteKing y luego SFDK ponen el toque hiphopero a la cita, y preceden a los últimos del cartel. Los Astlándticos, The Buzz Lovers y los jerezanos de Holy Boyz. Pasadas las cinco de la mañana acaba el festival. Luces fuera y se cierran las puertas. Una semana antes de su comienzo oficial, la primavera –trompetera–, se puede dar por bienvenida. Hasta el año que viene.

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